Letra más grande Letra más pequeña
Enviar este artículo a un amigo Imprimir este artículo
Publicado el jueves 22 de julio de 2010
Enviar este artículo a un amigo
Email de tu amigo/a
Para que sepa quién lo envía...

Monitor de EE.UU.

La crisis derribó algunos bancos y provocó la intervención de otros

La banca que no pudo ser

La reforma financiera de Barak Obama trata de ordenar un sistema que no ha funcionado

AIGManuel Lionza.– ¿Quién nos lo iba a decir? ¿Podía alguien razonablemente informado imaginar que Bank of America acabaría intervenido, y que AIG..., o que Lehman Brothers... etc., etc? La crisis financiera, que va para tres años desde que aparecieron los primeros síntomas, ha puesto patas arriba bastantes cosas, pero de todas ellas quizá la más asombrosamente inesperada haya sido que el sistema bancario estadounidense  -el británico también pero en menor medida- acabara, salvo honorables excepciones, prácticamente intervenido por las autoridades. La reforma recién aprobada por el Congreso y el Senado estadounidenses -y firmada este miércoles por el presidente Obama- viene a poner orden en un sistema que no ha funcionado, aunque, paradójicamente, durante todos estos años ha sido señalado como un modelo de éxito cuyas representaciones se podían seguir en el gran teatro de Wall Street.

Lo cierto es que la banca estadounidense que surge de la mayor reforma emprendida desde los años 30 se enfrenta a unas reglas más estrictas y exigentes, a restricciones en actividades no relacionadas con la banca comercial y, sobre todo, a un mayor celo de los reguladores. La crisis financiera, anidada y centrifugada por la banca estadounidense, ha pasado una costosa factura a su modelo bancario, admirado por su aparente sofisticación, agresividad estratégica y el talento empleado; pero nadie se dio o quiso darse cuenta antes de su fragilidad. Ahora la nueva banca de Estados Unidos tendrá que demostrar su capacidad para adaptarse a las nuevas reglas del juego sin perder rentabilidad.

Estas son algunas de las nuevas normas de la reforma financiera aprobada.

Vigilancia. Un nuevo consejo de 10 miembros, dirigido por el Secretario del Tesoro, velará por la salud del sistema financiero. Decidirá qué entidades representan un riesgo sistémico por su tamaño, en cuyo caso someterlas a una mayor supervisión. La reforma acepta que si una de esas grandes entidades cae, el gobierno podría dejarla caer y liquidarla, o salvarla con fondos pagados por sus competidores.

Colchón de capital. Los grandes bancos tendrán que disponer de tanto capital como los pequeños para protegerse de pérdidas futuras, y además dejarán de computar en los recursos propios instrumentos híbridos como preferentes, que deberán sustituirse por acciones ordinarias u otros activos. Solo las entidades con menos de 15.000 millones de balance disponen de cierta discrecionalidad sobre la tenencia de híbridos.

Derivados. Se acaba con su negociación en mercados no regulados. Ahora se exigirá mayor transparencia en las transacciones. Los bancos no podrán negociar por cuenta propia en este mercado, sino que deberán hacerlo a través de instrumentales. 

Restricciones. Los llamados bancos comerciales, vinculados a  grandes firmas de servicios a los consumidores, ya no podrán especular sobre sus propias expectativas de beneficios. A los grandes bancos, convertidos por la crisis en holding banks (banca minorista) para poder acceder a las ayudas públicas, se les ha permitido, en contra del criterio previo de prohibirlo, tomar posiciones en hedge funds y sociedades de capital riesgo hasta un 3 por ciento de su capital.

Hipotecas. Se exigirá a la banca un servicio más transparente y profesionalizado, con especial hincapié en la comercialización de las hipotecas a tipo variable. Los revendedores de hipotecas ya no podrán recibir bonos por la colocación entre el público de productos de altos costes.

Salarios. Se someterán a las juntas de accionistas, pero la votación no será vinculante, tendrá más un carácter testimonial. La Fed vigilará por que las compensaciones económicas no alimenten excesivas tomas de riesgo y, si en algún caso se demuestra que lo hacen, podrá intervenir y paralizar tales prácticas.

 

BARAK OBAMA FIRMA LA LEY

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha firmado la ley que reforma el sector financiero estadounidense, que definió como "la mayor protección al consumidor financiero de la historia" y aseguró que evitará que los ciudadanos tengan que volver a pagar por los errores de Wall Street, informa Europa Press.

En un acto celebrado en el edificio Ronald Reagan, Obama recalcó que con esta ley se controlan "los abusos y los excesos que casi derriban el sistema" y no habrá más rescates pagados por los consumidores, ya que la reforma aporta la capacidad de controlar la quiebra de una entidad sin dañar la economía.  

Sin embargo, subrayó que la aprobación de la ley no significa que el trabajo se haya terminado, ya que ahora es necesario que los reguladores estén atentos para que la nueva normativa sea efectiva. Además, señaló que quizás sea necesario realizar ajustes a medida que el sistema financiero se adapta a estos cambios.

Obama también defendió que esta reforma es buena para la economía, porque acabará con los múltiples "préstamos malos" que alimentaron la burbuja de deuda y obligará a las entidades a ofrecer mejores productos a sus clientes, en vez de propuestas engañosas. Además, destacó que esta protección se verá reforzada por la creación de un nuevo organismo de vigilancia que tendrá como único objetivo "cuidar de la gente, no de los bancos ni de los prestamistas o de las casas de inversión.

Asimismo, recordó que aportará por fin transparencia al tipo de operaciones "complejas y arriesgadas que ayudaron a incrementar la crisis financiera" y dará a los accionistas una mayor competencia para decidir las retribuciones a sus directivos, para que así puedan premiar el éxito y castigar el fracaso.

En esta línea, aseguró que también ayudará a fomentar la innovación, "no a entorpecerla" y defendió que está diseñada para asegurarse de que todo el mundo sigue las mismas normas y las entidades compitan entre ellas con arreglo al precio y la calidad, no con trucos y trampas. "A menos que su modelo de negocio dependa de reducir la calidad o de estafar a sus clientes, no tiene nada que temer de esta reforma", añadió.

Por otra parte, Obama reconoció que aprobar la ley no ha sido "tarea fácil", ya que ha sido necesario superar la "furiosa presión" de una serie de poderosos grupos de interés y de una minoría partidaria decidida a bloquear este cambio, y alabó el trabajo de los políticos que se han encargado de redactar y elaborar la ley.