El consejo de PT no tomó ninguna decisión tras una semana de negociaciones
Telefónica mantiene viva su batalla por la brasileña Vivo pero la dará en instancias judiciales
Retirada la oferta, Lisboa levantará su veto cuando Portugal Telecom tenga una alternativa industrial en Brasil
Los inversores internacionales y aquellos accionistas nacionales de Portugal Telecom (PT) que en la junta de de accionistas del pasado 30 de junio sumaron 74% de votos a favor de la venta a Telefónica del 30% de la operadora lusa en Vivo, contra el pago de 7.150 millones de euros, están que trinan contra el consejo de PT, que estuvo reunido el jueves y el viernes sin tomar ninguna decisión. Más de dos meses han transcurrido desde el anuncio de la primera oferta española (10 de mayo), y tras una última semana de intensas pero vanas negociaciones, el grupo dirigido por Zeinal Bava, ya en el límite del plazo fijado por Telefónica (las 23h59 del viernes, hora portuguesa), apenas pudo reclamar un tiempo suplementario, hasta el 28 de julio, para buscar una salida positiva, pero rechazando firmar el "compromiso de aceptación de la oferta" exigido por la operadora española. "¡Nos están tomando de pelo!", pensaron en Telefónica, que ha retirado este fin de semana pasado la oferta. Pero Telefónica ni ha tirado la toalla ni da por perdida la batalla, aunque sin revelar los próximos pasos en su estrategia. Eso sí, no parece que habrá elevación de la oferta.
Fue ya en la madrugada del viernes al sábado, ante la resistencia numantina de la operadora lusa en aceptar los términos de la última propuesta española dentro de los plazos fijados, cuando el propio presidente de la operadora, César Alierta, dijo "¡basta ya!". Tras un semana de intensas negociaciones, el consejo de PT nunca llegó a formular una opinión positiva y válida sobre la propuesta aceptada por 74% del accionariado (el 10% de Telefónica no fue tomado en cuenta en la junta del 30 de junio), lo que hac e pensar quie solo busca ganar tiempo. Además de una eventual nueva y definitiva mejora de la oferta (se habla de 7.500 millones de euros, el triplo del valor de mercado), Telefónica ofrecía a PT una salida paulatina de Vivo (venta de 10% a la firma del acuerdo, y el restantes 20% en un plazo de tres años, para que la operadora lusa tuviera el tiempo necesario para buscar alternativas de negocio) y hasta alguna "alianza industrial" en Brasil después de la fusión de Vivo y Telesp.
Lo cierto es que el intercambio de faxes en la madrugada del viernes al sábado revela que el consejo de PT ya reconocía que las negociaciones con Telefónica se habían desarrollado de una "manera constructiva". Ahora, tras la inesperada retirada de la oferta española, Bava tendrá que rendir cuentas tanto a los inversores internacionales (controlan casi un 70% de PT) como a los nacionales también favorables a la venta de Vivo (BES, Ongoing, Controlinvest, Visabeira, Joe Berardo) y que ya se frotaban las manos en sus bolsillos vacios. Antes inclusive de la retirada de la oferta de Telefónica, el CEO de PT ya tenía la credibilidad hipotecada: en su "road show" internacional, convenció a los inversores de que el gobierno no utilizaría la "golden share" para impedir la venta de Vivo, y tanto durante como después de la junta del 30 de junio nunca se puso públicamente al lado de los accionistas favorables a la oferta española.
Sobre las futuras intenciones de Telefónica, sólo se tejen especulaciones, aunque fuentes de la operadora ya anticipan que se dará, al menos en un primer paso, ante los Tribunales de Arbitraje europeos. Pero lo que nadie duda es que Alierta no renunciará tan fácilmente al control de Vivo: por las buenas o por las malas, la operadora española necesita hacerse con el control de Vivo para fusionarla con su operadora fija Telesp, lo que según ciertas estimaciones generaría 4.000 millones de euros de sinergias. No obstante, antes de iniciar algún pleito ante el tribunal arbitral de Holanda, con vista a la disolución de la "joint venture" luso española en Brasilcel (que aloja los 60% portugueses y españoles de Vivo), Telefónica espera ahora alguna contra-oferta de PT. Un pleito arbitral o judicial tardaría meses o años en resolverse, tendría costes elevados y el desenlace podría reservar alguna mala supresa, con que convendría mirar la retirada de la oferta española como una jugada estratégica, consistente en poner la máxima presión sobre Zaniel Bava y el consejo de PT.
Para desbloquear la situación creada tanto por el veto del gobierno socialista como por la retirada de la oferta española, lo que tendría que hacer Bava seria volver al punto de partida de la última semana de negociaciones: considerar como irreversible el hecho de que el 84% del accionariado de PT es favorable a la venta de Vivo (al contrario de la actitud negativa adoptada hasta ahora por el consejo) y presentar al primer ministro luso, José Sócrates, un "plan B" que garantice la permanencia de la operadora lusa en Brasil o por lo menos su estatuto de multinacional. Eso es todo lo que pide el primer ministro socialista. Tras la ilegalización de la "golden share" por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), Sócrates sabe perfectamente que la tesis de los "intereses nacionales" lusos en Vivo está condenada al fracaso, con lo que necesita que PT alcance un acuerdo con Telefónica lo suficientemente flexible para que el gobierno socialista pueda justificar la retirada del veto sin pasar por "un vende patrias" ante la opinión pública.
Además de presentar una contra-oferta que fuera aceptable para Telefónica, que es lo que reclama a gritos la mayoría de los accionistas, Bava tendría que demonstrar todo lo contrario de lo que lleva pregonando desde hace mas de dos meses: tras la salida eventual de Vivo, PT podría aún mirar al futuro con optimismo, porque tendría los medios suficientes para buscar otras alternativas, sea en Brasil o en otros mercados de futuro, principalmente en los país africanos de lengua portuguesa (Palop). Así, aunque mantenga su "confianza total" en el consejo de PT y apoye oficialmente la estrategia seguida en las negociaciones con Telefónica, Sócrates es consciente de que la "golden share" declarada ilegal por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) tiene ya los días contados, y sobre todo no quiere poner en riesgo su "amistad" con Rodríguez Zapatero ni las "buenas relaciones" entre Lisboa y Madrid.
Para Sócrates, el precio ofertado por Telefónica siempre fue lo de menos: a diferencia del consejo y del núcleo duro de PT, el primer ministro portugués nunca entró a valorar si la oferta española reflejaba o no todo el "valor estratégico" de la operadora móvil brasileña, pero sí exigía garantías de que el "futuro" de la operadora nacional, como multinacional, no quedara irremediablemente "amputado" con la pérdida de Vivo, que ya representa casi la mitad de los ingresos y dos tercios de la clientela del grupo. Según su plan estratégico, PT necesita tener escala y dimensión internacional suficientes para obtener en el exterior las dos tercias partes de sus ingresos y también para alcanzar el objetivo de los 100 millones de clientes, que es donde reside, según el gobierno, todo el "interés nacional" de la inversión realizada en Vivo.
Desde la época de Antonio Guterres, después bajo la presidencia de Durao Barroso, y ahora con Sócrates, PT contó siempre con el apoyo del gobierno para desarrollar su estrategia de expansión internacional, principalmente en Brasil, y con unos objetivos claramente políticos y geoestratégicos: Lisboa lleva años soñando con la creación de una operadora luso-brasileña-africana de lengua portuguesa - un objetivo que llegó a ocupar el primer plan en la agenda de Lisboa y Brasilia, y que pese a las reticencias actuales del presidente brasileño Lula da Silva, que no está por la labor de apoyar la fusión eventual de PT y Oi (como alternativa al controle de Vivo por parte de Telefónica ) aún no fue completamente abandonado por Sócrates. De ahí, pues, el "interés nacional" en que PT no vea su futuro amputado para siempre en Brasil.
Lo que sí es ya inevitable, cualquiera que sea el desenlace del culebrón de Vivo, es el final de la alianza entre PT y Telefónica. El presidente del BES, Ricardo Salgado, no se cansa de repetirlo, no sólo para justificar ante la opinión pública y los mercados su cambio radical de posición a favor de la oferta española, sino también para criticar el "veto" gubernamental y la actitud negativa de Bava al acuerdo con Telefónica. "Lo que está en juego es la supervivencia de PT como grupo independiente", advierte el presidente del BES, frente a una eventual OPA de Telefónica, cuya oferta por el 30% de Vivo representa la capitalización de la operadora lusa.
Nadie piensa, pues, que el culebrón de Vivo tuvo ya su canto del cisne con la retirada de la oferta española. Habrá que esperar a la reacción del consejo de PT a la retirada de la oferta española y la eventual respuesta de Telefónica, y también a lo que harán los grandes accionistas internacionales y nacionales de PT en relación con la venta de Vivo y ante la probable penalización bursátil de la operadora lusa. Bava tendría así que hacer rápidamente lo que no hizo los últimos dos meses y medio: dar una prueba de imaginación y de capacidad de iniciativa para salvar una operación deseada por 84% del accionariado y también su puesto de CEO, y presentar además la salida positiva que Sócrates necesita urgentemente para salvar las apariencias, o sea para que nadie pueda considerar la eventual retirada del "veto" del gobierno como una "traición" de los "intereses nacionales", y igualmente para evitar un conflicto con las autoridades europeas y con Madrid.