EL AJUSTE DE LOS PIIGS
Comienza la trágica anorexia de Grecia
Los mercados financieros pueden tomarse un respiro: en seis meses el gobierno griego ha reducido el déficit estatal en la mitad, con un recorte del gasto del 12,8%, más del doble de lo previsto; y estar optimistas: Grecia ha conseguido financiarse más barato en los mercados que con el rescate del FMI y la UE. Sin embargo, cabe peguntarse si el recorte fiscal que está siguiendo Grecia precipitará a su economía a un largo período de anorexia, sin que se vislumbre cómo la superará. ¿Recortando la inversión pública un 40%, como se hizo en el primer semestre?
Las dudas sobre el futuro de la economía griega son un factor de riesgo muy presente en los mercados financieros, que ven que el esfuerzo fiscal exigido a Atenas (reducir el déficit al 8,1 por ciento del PIB desde el 13,61% del año pasado) podría convertirse en parte del problema si se frena el crecimiento y con ello la capacidad de atender sus compromisos. Algunos analistas ya están poniendo fecha a esa eventualidad que, de producirse, pondría a la UME en una situación más insólita si cabe que cuando se acordó rescatar al país heleno, provocando la primera crisis de confianza del euro.
Si hay un repudio de la deuda, las autoridades griegas elegirán el mes de agosto, cuando recibirán el nuevo tramo de la ayuda financiera del FMI y Bruselas. La crítica situación financiera de Grecia ha empeorado más si cabe después de que la agencia Moody's rebajara cuatro escalones el nivel de solvencia de su deuda hasta situarlo al equivalente de bono basura (Ba1). "Grecia se está hundiendo más y más por no haber abordado adecuadamente sus problemas", afirma un economista.
Una suspensión de pagos de la deuda helena debilitaría al euro y podría intensificar la crisis de credibilidad de la eurozona. Agoreros como el economista Nassim Taleb, conocido por su obra "The Black Swan", en la que trata de demostrar su teoría de que en el mundo de las finanzas acaecen hechos imprevisibles y singulares cuya solución no se encuentra en la historia, redunda en su análisis de que la existencia del euro está seriamente amenazada por el empeoramiento de las perspectivas económicas en los dos últimos años.
La patata caliente es de tal envergadura para la eurozona que no son pocos los economistas que aseguran que la UME no pude permitirse la suspensión de pagos de uno de sus socios por las consecuencias sobre el euro y su sistema financiero. Y señalan que aunque la economía griega esté sumida en un agujero del que tardará años en salir, el apuntalamiento de su sistema bancario lo es también el de toda la zona, y que si se la deja caer podría provocar una sucesión de efectos en cadena, empezando por las otras economías que están en entredicho, como la española, que acabaría contagiando a las demás, incluyendo a la alemana.
En consecuencia, los especialistas más pragmáticos asumen que a pesar de las enormes dificultades, Grecia no tiene por qué convertirse en una especie de apestado, sino que, por el contrario, su economía acabará superando la aguda crisis, pero con una reestructuración razonable de la deuda que presentarán las autoridades con la anuencia de sus socios, y de esta manera conjurar un escenario que, salvo algún iluminado, nadie desea, ni en Europa, ni fuera de ella.