Los intereses comunes superan con creces las divergencias puntuales
El culebrón de Vivo no frenará las buenas relaciones entre Lisboa y Madrid
Portugal depende en gran medida del crecimiento económico español
A la vuelta de las vacaciones de Verano, cuando ce celebre en Elvas la XXVª Cumbre Ibérica, seguro que nadie se fijará en los cañones que del alto de la apacible ciudad fronteriza lusa aún apuntan hacia Badajoz, como símbolo anacrónico de ocho siglos de conflictos y de rivalidad entre países vecinos. Como "buenos amigos" que son y más aun como dirigentes políticos responsables, José Sócrates y José Luis Rodríguez Zapatero sólo se fijarán en los grandes proyectos comunes, como la puesta a punto del Mercado Ibérico de Electricidad (Mibel) o las conexiones a través del AVE ibérico. Para entonces, es muy probable que Telefónica y Portugal Telecom (PT), sentados desde el sábado a la mesa de negociaciones, ya hayan encontrado alguna solución para el "culebrón" de Vivo. Un culebrón en el que, pese a las formas, se han involucrado tanto el jefe del Gobierno luso como el inquilino de la Moncloa, bien directamente o a través de intermediarios, como Gómez Navarro y Javier Paz. Y ello no ha gustado mucho a los accionistas y gestores de ambas operadoras.
Lo cierto es que nada ni nadie podrán frenar las buenas relaciones entre Lisboa y Madrid. Hasta aquellos sectores que agitan el fantasma del "enemigo español" (lo hacen generalmente para sacar mayor tajada en los negocios, que fue lo que hizo el núcleo duro nacional de PT que sacó a relucir su patrioterismo económico hasta que Telefónica puso su oferta por Vivo en 7.150 millones de euros), son muy conscientes de la importancia crucial de la integración económica ibérica y de que la prosperidad económica nacional depende muchísimo de cómo marcha la economía española.
Buena prueba de ello es la preocupación con que Teixeira dos Santos mira la evolución económica española. Ante los malos augurios del Fondo Monetario Internacional (FMI), que prevé este año una nueva contracción del PIB español, el ministro de las Finanzas del país vecino pinta el futuro de negro. Además de la "contaminación" derivada de la proximidad geográfica (en las zonas fronterizas, por ejemplo, buena parte de la actividad económica y del empleo luso se desarrolla en España), el "parón" español tendrá un impacto negativo muy importante en el país vecino: al contrario de España, donde impera el consumo, las ventas al exterior son el motor principal de la economía lusa, y casi un tercio van al mercado español.
Aquello que de España sólo pueden llegar "malos vientos y malos matrimonios", se volvió tan surrealista como los viejos cañones lusos (en desuso) que apuntan hacia objetivos españoles. Hoy son ya mayoría los portugueses que miran a España no como una amenaza sino como una tabla de salvación, para buscar trabajo, para crear nuevas oportunidades de negocio o para iniciar una estrategia de expansión internacional. Así, al margen de algún patrioterismo económico, como el veto a la venta de Vivo (se invocaron "intereses nacionales" contrarios al derecho europeo sólo para que Telefónica invente un "plan B" para que PT pueda quedarse en Brasil), lo que se lleva más en el país vecino no es alimentar unos odios ancestrales ultrapasados, sino desear lo mejor para España, porque es lo mismo que hacerlo por Portugal.
En relación con el comercio exterior, por ejemplo, sólo hay que mirar lo ocurrido los últimos 25 años, desde la adhesión simultánea de los dos países vecinos a la antigua CEE: al inicio de la década de 1980, las ventas a España apenas representaban el 5% del comercio exterior luso, frente a 30% en la actualidad. La importancia relativa que tiene hoy el mercado español para las exportadoras portuguesas está muy por encima a la de otros mercados tradicionales, como el alemán (13,3%), el francés (10%) o el británico (8%), mientras que las alternativas fuera de la UE queda limitada prácticamente a los mercados emergentes africanos (Angola), sudamericano (Brasil) y asiáticos (China). Lo cierto es que sólo para "compensar" el impacto negativo que el "parón" del consumo en España tendrá para las exportaciones portuguesas, los expertos calculan que Portugal necesitaría más de dos mercados alemanes o tres angoleños.
Compartiendo 1.215 kilometros de frontera, cuatros ríos internacionales, etc., sin olvidar una historia milenaria que remonta a los romanos, a los visigodos y a los árabes y que culminó en 1143 con la independencia portuguesa (las dos países volverían a estar "unidos" cuatro siglos más tarde, pero solo 60 años, entre 1580 y 1640, bajo el reinado de los Austrias), Portugal y España están "condenados" a entenderse. Además del comercio bilateral, que alcanza el último año 22.000 millones euros (las ventas españolas en el país vecino representan 10% del total, más que todas las realizadas en América Latina), también existe un flujo considerable de inversión directa, que ya suma unos 25.000 millones de euros en Portugal y 11.000 millones en España. Así, hay actualmente más de 1.200 empresas españolas en Portugal, y casi medio millar de lusas en España, que dan trabajo a 80.000 y a 20.000 familias, respectivamente.
Sin embargo, pese a esta muy intensa y todavía creciente integración económica ibérica, el conflicto luso-español en torno a la brasileña Vivo está siendo utilizado por algunos medios portugueses para denunciar la "agresividad", la "arrogancia" y la "prepotencia" de Telefónica, amén del "proteccionismo español". El problema viene de lejos y afecta principalmente a las grades constructoras y concesionarias lusas, como Mota Engil, Soares da Costa o Brisa, que se quejan amargamente por no poder participar a los grandes concursos de infraestructuras en España, mientras que las españolas ACS, FCC, Sacyr o Ferrovial tienen mucha obra pública en Portugal, sea directamente o a través de filiales (Somague, de Sacyr) o integradas en grandes consorcios, al lado pues de las "rivales" portuguesas, como ocurre con el proyecto del AVE.
Lo más habitual en la prensa y en los medios económicos lusos, cuando están en juego "intereses nacionales" (sean los del "país", sean sólo los de accionistas influyentes, como es el caso del BES en PT), es sacar a relucir la "amenaza" española, aún que sea a costa de alguna manipulación de la información. Así, ante la ofensiva de Telefónica por Vivo, se insiste mucho en que España es quizás el "país más proteccionista de la UE", sobre todo en lo que atañe a los sectores estratégicos. Sin embargo, se silencia prácticamente que EdP es un actor importante en el sector eléctrico y gasista, a través Hidrocantábrico; que la fílial de renovables EdPr tiene la sede en Vigo; o que Galp realiza la mitad de sus ventas de carburantes y de gas en España.
Lo más curioso es que los medios más agresivos hacia España son generalmente los mismos que protestan contra la paralización de proyectos estratégicos nacionales... desarrollados por grupos españoles. Uno de los casos más llamativos es el de Repsol, que ante la gravedad de la crisis y la falta de liquidez financiera tuvo que aplazar "sine die" la modernización de su complejo petroquímico de Sines, con una inversión prevista de unos 1.200 millones de euros, y fue muy criticado por ello. Lo mismo pasa con la construcción de una nueva planta de la Seda de Barcelona, situada también en Sines, y que pasará al final bajo control de accionistas lusos: el más importante será Caixa Geral de Depósitos (CGD), que tiene al Estado como único accionista, operando así como un "bombero" a las órdenes del gobierno de turno, que es lo que está haciendo como accionista de PT, donde se opone a la venta de Vivo a Telefónica.
Lo más probable, pues, es que cuando Telefónica y PT se pongan de acuerdo para facilitar la tarea del primer ministro portugués José Sócrates, que sólo les pide que le presenten un "plan B" lo suficiente sólido para que pueda justificar ante la opinión pública la retirada del veto gubernamental a la pérdida de Vivo, todo volverá muy rápidamente a la normalidad, en las relaciones entre Lisboa y Madrid. Eso fue lo que pasó cuando el Santander tomó el control del Totta & Açores, en un contexto hispano-portugués mucho más difícil y de mayor rivalidad: en un primer momento, Emilio Botín fue presentado poco menos que como la encarnación del Mal (nada parecido con las críticas lanzadas durante los últimos tiempos en contra de César Alierta), mientras que actualmente el Santander Totta, cuyas oficinas están por todas partes con los mismos colores del grupo en España, es considerado como el mejor banco portugués. Las buenas relaciones entre Lisboa y Madrid, y la creciente integración económica ibérica, estarán pues por encima de la lucha entre Telefónica y PT por Vivo, cualquiera que sea su final.