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Publicado el jueves 1 de julio de 2010
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Lisboa politiza la oferta de Telefónica por los activos brasileños de PT

José Sócrates resucita el neo-colonialismo en Portugal

Insiste en que la inminente anulación de la 'golden share' por Bruselas no tendrá efectos retroactivos

Jose SóctatesJosé Alves.- Lisboa.– Al primer ministro portugués José Sócrates se le han cruzado los cables. No hay otra forma de entender su veto a una operación estrictamente empresarial - la venta del 29,7% que Portugal Telecom posee en la operadora brasileña Vivo, por lel que Telefónica había presentando una última y suculenta oferta de 7.150 millones de euros - y que tras dos meses de pelea había sido aprobada, no por los pelos, sino por 75% del accionariado representando en la junta de la operadora lusa. Un veto tanto mas insólito y inesperado porque la "golden share" del Estado en PT tiene ya los días contados: desde hace dos años está siendo estudiada por el Tribunal Europeo, que dictará sentencia el próximo 9 de julio, en conformidad con la legislación comunitaria hostil al intervencionismo público en la economía. Telefónica aún no ha tomado ninguna decisión al respecto, pero el conflicto entre Lisboa, Madrid y Bruselas está servido: la anulación eventual de la "golden share" no tendría efectos retroactivos, con lo que cabria pensar ya en la convocatoria de una nueva junta extraordinaria de PT, para ratificar el voto de masivo del accionariado a favor de la venta de los activos brasileños a Telefónica.

Lo cierto es que la decisión del gobierno portugués no hace justicia a la administración de PT, que desde el 6 de mayo, cuando rechazó la primera oferta de Telefónica por 5.700 millones de euros, inició una autentica cruzada para convencer al "núcleo duro" luso (27% del capital) y a los inversores internacionales (70%) de que había que presionar a la operadora española para que pusiera sobre la mesa todo el "valor estratégico" de Vivo y también una parte substancial de las plusvalías que Cesar Alierta planeaba obtener tras la fusión de la operadora móvil con la red fija de Telesp que es 80% española. El CEO de PT sostuvo desde el primer momento que la polémica "golden share" no podía aplicarse a este negocio privado entre PT y Telefónica.

Sin embargo, lo que si hicieran el presidente ejecutivo de PT Zaniel Bava y los accionistas del núcleo duro luso (BES, CGD, Ongoing, Controlinvest, Visabeira) fue jugar con fuego. Tanto es así que para poner más presión sobre Telefónica, que al final tuvo que incrementar dos veces su oferta, poniéndola sucesivamente en 6.500 y en 7.150 millones de euros, permitieron que se creara en la opinión pública la idea de que lo que estaba en juego con la salida de PT de Vivo, no era solo los "intereses estratégicos" del grupo, sino también los de Portugal. Y lo hicieran con tanto celo, utilizando la prensa lusa para crear un clima nacionalista y anti-español, que José Sócrates no tardó en caer en la trampa... recordando la existencia de la "golden share".

Ahora, ante la reacción airada de aquellos accionistas del núcleo duro luso que votaron a favor de la oferta de Telefónica (BES, Ongoing...) y que ya se frotaban las manos calculando los miles de millones que se embolsarían como dividendo extraordinario, Sócrates recuerda  que "todos los accionistas" - incluyendo Telefónica - "sabían cuál era la posición del gobierno" y tenían pues que haberla tenido en cuenta en la junta. Así, recordando que la "golden share" "está para ser utilizada cuando es necesario", el primer ministro portugués recupera la tesis de Bava, según la cual una PT sin Vivo se quedaría "sin futuro", y saca como conclusión que eso sería "negativo para el país", que apuesta en el "desarrollo internacional" de la operadora nacional.

Lo que hace ahora Sócrates es poner toda la presión en aquellos grandes accionistas lusos de PT que en un primer tiempo atizaron los vientos del nacionalismo en contra de Telefónica, hablando hasta de "traición", de "golpes bajos", etc., como se estuviera sólo en juego los intereses estratégicos nacionales, pero que el momento oportuno cambiaran de discurso, que fue lo que hizo el presidente del BES Ricardo Salgado, cuando dijo aquello de que "todo en la vida tiene precio, excepto el honor". Los mismos que claman ahora al cielo, contra la utilización de la "golden share", porque constituye une intervención del gobierno en una operación privada y porque hipoteca la credibilidad internacional de PT.

Y son también los mismos periódicos que durante dos meses presentaran la venta de Vivo a Telefónica como un asunto de "interés estratégico nacional", y hasta como un "asunto de Estado", poniendo en peligro las buenas relaciones políticas entre Lisboa y Madrid, los que ponen igualmente ahora el grito en el cielo, contra la utilización de la "golden share". El Jornal de Negocios y el Diario Económico, por ejemplo, acusan al gobierno de haber tomado una decisión "inédita", "sorprendente" y "probablemente ilegal", dirigida contra los mercados, contra el consejo de PT y sobre todo contra los "dueños" de la operadora - el 75% del accionariado que votó en la Junta a favor de la salida de Vivo y que se siente "extorsionado" por el Estado.

Sin embargo, es posible que Sócrates este muy contento con su decisión. Así, aunque tenga que hacer frente a las críticas de los grandes accionistas nacionales e internacionales de PT y quizás también a un duro conflicto con Bruselas, que ya denunció el "intervencionismo" del gobierno luso, sólo hay que hablar con la gente de la calle para entender todo el contenido político de la decisión del gobierno: el discurso nacionalista y anti-español desarrollado por PT y su núcleo duro, hizo mella en la opinión pública, que en este caso esta más volcada en apoyar a un Sócrates en horas bajas de popularidad que aquellos grandes accionistas como el BES, que han cambiado de discurso a la medida en que Telefónica iba mejorando su oferta.

En todo caso, esta aplicación de la "golden share" con reminiscencias neo-colonialistas (hay que tener en cuenta que el presunto "interés estratégico nacional" invocado por Sócrates se aplica a unos activos extranjeros situados a miles de kilometros de la Península), pone de manifiesto que el futuro de Vivo adquiere ahora tintes de naturaleza política. Tanto es así que el Partido Social Demócrata (PSD), que los sondeos sitúan en una buena posición para suceder al Partido Socialista (PS) en el gobierno, saltó rápidamente al ruedo para criticar la decisión de Sócrates, advirtiendo que afectará la imagen de PT en los mercados, donde también se mirara ahora a Portugal como un país intervencionista que no inspira confianza a los inversores extranjeros.

Y queda también la imagen ofrecida a la salida de la Junta tanto por Zaniel Bava como por el "chairman" Henrique Granadeiro, que no escondían su profunda decepción y su preocupación. Después de dos meses de "road shows", de conferencias y de entrevistas por todo el mundo, donde hicieran ver a los inversores de PT que quedaba mucha margen hasta que Telefónica situara su oferta a un "precio justo", no llegaban a entender - ni explicar - como habían sido sorprendidos por la aplicación de la "golden share". Lo único que podían decir es que fue el presidente de la mesa de la junta Menezes Cordeiro quien decidió aceptar la "acción de oro" del Estado, "en contra de la voluntad del consejo y de 75% del capital representado".

Para la pequeña historia, queda el dato de que un sólo voto, el del Estado (500 acciones de clase A, con derechos especiales), pesó más que los 748.952 que estuvieron a favor de la oferta de Telefónica, frente a sólo 114.293 en contra. La unidad del núcleo duro luso, con un 26% del capital, no resistió a la prueba: por lo menos un 16% estuvo a favor de la venta de Vivo, con una relevancia particular para el BES, cuya imagen quedó muy deteriorada ante la opinión pública y que pondera ahora la posibilidad de poner su 8% en venta. Ricardo Salgado advierte no obstante que "para garantizar su supervivencia",  PT tendría que romper de vez la alianza estratégica firmada hace 13 años con Telefónica... que vuelve a poner como enemiga nacional.