Monitor del Seguro
La norteamericana vuelve a las ganancias pero debe devolver las ayudas
Prudential abandona y compensa a AIG
Fracasa la mayor compra de la historia del seguro mundial
Dice el viejo refrán español que "a río revuelto ganancia de pescadores" y algo parecido es lo que suele pasar en las crisis, que el que menos se ve afectado y tiene o puede conseguir liquidez, suele sacar una buena tajada. Aunque en algunas ocasiones, el "tiburón" no consigue agarrar bien a su presa y ésta logra escapar entera. De todo el mundo es conocida la situación de la que no hace mucho tiempo fueras la mayor aseguradora del mundo, la estadounidense American International Group (AIG), que estuvo a punto de entrar en bancarrota en octubre de 2008 por culpa de la crisis y pudo evitarla por las ayudas que recibió de la Reserva Federal estadounidense por valor de 182.000 millones de dólares. Ayudas que proviene de dinero público y que tiene que devolver. Para ello elaboró un estricto plan de recuperación que pasaba entre otras cosas por la desinversión en muchos de sus negocios.
En el pasado mes de marzo, AIG anunció a bombo y platillo un acuerdo para vender su filial asiática American International Assurance (AIA) a la británica Prudential por 35.500 millones de dólares, en lo que sería la mayor operación a nivel privado en el sector asegurador y que estaba previsto culminar antes de que terminase el año. Del total de la operación, la compañía británica iba a pagar 25.000 millones de dólares en efectivo, y los restantes 10.500 millones los abonaría con nuevas acciones y otros títulos de Prudential. Así que para abordar esta operación, la aseguradora del ReinoUnido tenía que realizar una ampliación de capital por un importe cercano a los 14.000 millones de libras esterlinas, lo que le llevaría ser la mayor aseguradora extranjera en Asia.
En los momentos actuales, con la crisis de la deuda soberana de algunos países, entre ellos España, el horno no está para muchos bollos y no es nada fácil conseguir financiación en los mercados, por lo que esta operación suscitó muchas dudas. Primero fue la Autoridad de Servicios Financieros (FSA) de Reino Unido, quien puso pegas a la operación -la compañía se podía quedar descapitalizada- , aunque al final éstas fueron superadas y Prudential envió un comunicado a la Bolsa de Londres firmado por el presidente de la compañía, Harvey McGrath, en el que afirmaba que "estamos completamente comprometidos con la transacción y con el cumplimiento de los plazos previstos".
A mediados de mayo, la aseguradora británica anunció por fin la que iba a ser la mayor ampliación de capital en el Reino Unido por un importe de 14.500 millones de libras esterlinas. Prudential iba a ofrecer a los inversores once acciones nuevas por cada dos títulos en su poder a un precio unitario de 104 peniques.
Pero esta ampliación de capital no convenció a algunos de los grandes accionistas de Prudential, quienes no terminaron de ver clara toda la operación y se mostraron reacios a ella. Para llevar a cabo la compra de AIA, la aseguradora británica necesitaba la aprobación de su junta general, pero además con una mayoría de las tres cuartas partes. Por eso empezó un tira y afloja con AIG para conseguir que la estadounidense rebajase sustancialmente el precio acordado en un principio para, una vez conseguido un precio más bajo, convencer a los accionistas díscolos de las bondades de la operación. Fue un intento desesperado de seguir adelante, ya que en el consejo de Pundential se mascaba el fracaso.
Prudential trató de rebajar en más de 5.000 millones de dólares el precio total de la operación y pagar 30.375 millones de dólares en vez de los 35.500 millones que habían acordado ambas partes en un principio. Además, la aseguradora británica pretendía abonar 23.000 millones en efectivo, 5.375 millones en acciones de nueva emisión y los 2.000 millones restantes mediante otros valores.
Pero ni con esas. Ni en el hipotético caso de que hubieran conseguido esas sustancial rebaja, el consejo de Prudential habría convencido a todos sus accionistas, ya que un importante grupo de ellos -en torno a un 20% del capital- comunicó a la sociedad su preocupación por los costes de la operación y cuestionó el tiempo que necesitaría la empresa para que la compra generase rentabilidad. A pesar de todo, la aseguradora británica intentó seguir para adelante con la operación.
Para entrar otra vez en el juego del tira y afloja sobre el precio de la operación, AIG exigió a Prudential garantías de que en caso de llegar a un nuevo acuerdo la compra sería en firme. Garantías que los británicos no fueron capaces de dar, ya que tenían serias dudas de que sus accionistas terminaran por aprobar la operación, condición imprescindible para poder llevarla a cabo.
Por eso no hizo falta llegar a que los accionistas de Prudential rechazaran la operación en la junta prevista para ayer lunes, la propia AIG y su socio mayoritario, el gobierno estadounidense, (que a cambio de los 182.000 millones de dólares en ayudas se quedó con el 80% de la aseguradora) decidieron mantener la operación en los términos acordados, a pesar de que el propio presidente de la aseguradora estadounidense era partidario de negociar a la baja, ya que suponía una importante fuente de liquidez para su empresa. "Tras un cuidadoso análisis, la entidad se atendrá a los términos originales del acuerdo con Prudential anunciado anteriormente por el que Prudential adquiere la filial de seguros de vida en Asia, AIA Group Limited. La compañía no tomará en consideración una revisión de esos términos", señalaron en un comunicado.
Ante este situación, el consejo de la aseguradora británica no le quedó otra solución que arrojar la toalla y renunciar a la compra de AIA. McGrath, en un comunicado lacónico, señaló que "A pesar de que AIA era una oportunidad excelente, desde que anunciamos la transacción hemos observado caídas significativas en los mercados. Hemos escuchado las demandas de nuestros accionistas sobre el precio y comenzamos a renegociar los términos del acuerdo con AIG. Desafortunadamente, no ha sido posible alcanzar un acuerdo por lo que consideramos que no seguir adelante va en el mejor interés de nuestros accionistas".
Pero ahora viene la segunda parte, y es que Prudential tiene que indemnizar a AIG por retirarse de la operación con más de 150 millones de libras esterlinas. Esta cifra unida a los otros gastos que ha tenido que hacer frente por esta fallida operación, resulta que la ruptura del contrato le va a costar a la compañía británica no menos de 450 millones de libras.
Y no solo eso, ya que en medios bursátiles y del propio sector asegurador británico se insiste en que este sonoro fracaso, además de la cifra citada, les va a costar el puesto al presidente de Prudential, McGrath , y a su consejero delegado Tidjane Tima -autores intelectuales de la operación-, por tratar de aprovechar una oportunidad que se presenta una sola vez en la vida, que les hubiera permitido ser la mayor aseguradora extranjera de Asia. A eso se le llama "ir a por lana y salir trasquilado".
A pesar de que se puede calificar como un negocio redondo para AIG, la aseguradora estadounidense sigue estando en la cuerda floja y necesita liquidez para devolver las ayudas que recibió de su gobierno, por lo que, si no sale un nuevo comprador -que no parece que lo encuentre dado el tamaño de la operación- tendrá que pasar al "plan B", que no es otro que retomar la salida a Bolsa de AIA. Los ingresos previstos en este caso son muy inferiores, ya que no superarían los 15.000 millones de dólares, pero menos da una piedra.
AIG, que a principios de mayo anunció que había ganado en el primer trimestre del año 1.451 millones de dólares frente a unas pérdidas de 4.353 millones un año antes, está rezando para que no le falle también la otra gran operación que tiene en marcha: la venta de su filial de vida American Life Insurance Company (Alico) a la aseguradora MetLife por 15.500 millones de dólares. Como MetLife les pida revisar el precio a la baja, los ejecutivos de AIG se echarán a temblar.