El BBVA teme una situación similar en Uruguay, donde acaba de comprar un banco
Aviso para navegantes: Suiza perdió 10.000 millones por las dudas sobre el fin del secreto bancario
El 45% del negocio de este lucrativo mercado es generado por entidades extranjeras
Dicen que las comparaciones son siempre odiosas, pero en algunas ocasiones resultan harto ilustrativas. Uruguay no es Suiza, pero en el BBVA reconocen, eso sí extraoficialmente, que son situaciones muy parecidas, sobre todo por el peso del dinero procedente de no residentes (en un caso, italianos, en el otro, argentinos). La incertidumbre sobre la viabilidad del secreto bancario en Suiza ha provocado una fuga de patrimonios, que se ha cebado en las entidades extranjeras, entre ellas el BBVA. El segundo grupo bancario español, que ha sufrido momentos críticos por culpa de cuestiones fiscales (caso de las cuentas opacas, Privanza, Canal Trust, entre otros) pero que permitieron a Francisco González acceder a la presidencia única del banco y deshacerse de consejeros y directivos que podían resultar incómodos, compró una entidad en Uruguay justo antes de que el Gobierno de José Mújica decretara el fin del secreto bancario en un mercado en el que la tercera parte del negocio se genera gracias a los depósitos procedentes de no residentes, fundamentalmente argentinos. Ahora le toca el turno a Suiza, otro país sobre el que crecen dudas quepueda mantener els ecreto bancario, al menos de la forma que lo tenía antes.
El BBVA puede alegar que en Suiza no es la entidad más afectada. Y efectivamente no lo es, porque su actividad en este mercado, como en otros paraísos fiscales, es menguante tras escándalos como el de las cuentas opacas, Privanza o Canal Trust, entre otros. Los grandes grupos bancarios europeos, como el británico HSBC, el francés Credit Agricole, o el alemán Deutsche Bank, y hasta la filial de banca para ricos de la aseguradora italiana Generali (BSI), además de algunas entidades financieras locales, son los que más ha sufrido, aunque les cueste reconocerlo oficialmente, el impacto de la fuga de más de 10.000 millones de francos suizos por parte de clientes temerosos del derrumbe del tradicional secreto bancario que siempre ha imperado en Suiza.
La banca internacional, lo mismo que la autóctona, sabe perfectamente que la metamorfosis del sistema financiero suizo es irreversible. Guste o no, como sucede en Uruguay y en otros tradicionales paraísos fiscales. La presión de la OCDE y de la lucha internacional contra el blanqueo de dinero procedente de actividades ilícitas, como el narcotráfico, la prostitución o las armas, está arrinconando mercados hasta ahora muy rentables.
Y es que la incertidumbre sobre la permanencia, de una u otra forma, del secreto bancario en Suiza ha provocado la fuga de al menos 10.000 millones de francos suizos en el pasado ejercicio. Ésa es la cifra que reconoce la Asociación de Bancos Extranjeros de Suiza (Abes), aunque obviamente puede ser mayor. Como referencia, la banca extranjera que opera en Suiza gestiona patrimonios por un importe total estimado superior al billón de francos suizos. Y se estima que estas entidades manejan el 45% del negocio de gestión de fortunas en el país-
Dos razones explican la fuga de las fortunas extranjeras. Una, el temor de muchos clientes respecto a que el hasta ahora sacrosanto secreto bancario imperante en Suiza deje de protegerles. Dos, el interés que despierta en algunos de ellos el recurso a acogerse a programas de amnistía fiscal, como que el que puso en marcha el Gobierno italiano de Silvio Berlusconi.
De hecho, la banca extranjera en Suiza subraya que la fuga de más 10.000 millones de francos suizos contabilizada en 2009, aunque en voz baja reconozca que la cifra es mucho mayor, se debe a los clientes italianos que decidieron acogerse a la amnistía fiscal decretada por el Gobierno de Silvio Berlusconi para tratar de incrementar sus ingresos.
Con los datos oficiales de 2009 en la mano, la banca extranjera en Suiza administraba 980.200 millones de francos suizos, con un beneficio operativo que ha descendido nada menos que el 38% respecto al ejercicio precedente. Pese a ello, Alfredo Gysi, presidente de la Asociación de Bancos Extranjeros en Suiza (Abes), asegura que "aún con condiciones económicas y políticas adversas, la banca extranjera logró consolidar su rol protagónico dentro de la plaza financiera helvética".
Y argumenta que estas entidades financieras aportan el 2% del Producto Interior Bruto (PIB) de Suiza, generando uno de cada cinco trabajos ligados en el país a la plaza financiera, unos 20.000 empleos.
Pero Gysi reconoce que en 2009 los bancos extranjeros con presencia en Suiza tuvieron que reducir un 8% su plantilla ante la necesidad de reducir sus gastos fijos por la caída de ingresos provocada por la fuga de clientes generada por la incertidumbre respecto al secreto bancario. Pero la cara más visible del poderoso lobby de la banca extranjera en Suiza destaca que, a pesar del impacto negativo de esa incertidumbre, las entidades financieras foráneas se mantuvieron como un sector generador de empleo en un periodo en el que el paro aqueja a todos los sectores de Suiza. Según la Abes, el 41% del empleo generado por la banca extranjera en Suiza se concentra en Ginebra, frente al 32% de Zurich y el 16% de Lugano.
La situación provocada por la incertidumbre sobre el secreto bancario ha hecho que la banca extranjera en Suiza hagan de tripas corazón y apoyen una iniciativa que busca terminar con la evasión de impuestos de los clientes no residentes, aunque sin vulnerar su privacidad. Alfredo Gysi admite que el denominado "impuesto retenido en la fuente", una decisión que la banca suiza apoya desde finales del pasado ejercicio, es la mejor solución para combatir el incumplimiento de obligaciones fiscales y para garantizar un incremento en los ingresos tributarios de los Gobiernos afectados (fundamentalmente, pero no exclusivamente, Italia), sin afectar a la intimidad de los clientes, que sigue siendo sacrosanta en Suiza.
Similares argumentos a los que se oyen en Uruguay, donde el peso del dinero procedente de la vecina Argentina era abrumador hasta que el Gobierno presidido por José Mújica decidió levantar el secreto bancario para desaparecer de la lista negra de paraísos fiscales de la OCDE y, de paso, hacer un favor a la necesitada tesorería del país gobernado por Cristina Fernández.
No obstante, Martin Maurer, director general de la Abes, matiza que la banca extranjera considera que no es el momento más idóneo para debatir cuestiones como el intercambio automático de información fiscal entre Suiza y otros países europeos, cuando existen mecanismos que permiten solucionar los problemas de orden fiscal sin atentar con el secreto bancario.
La banca helvética propone retener a sus clientes el impuesto que corresponde a las ganancias que generaron sus inversiones y transferir ese dinero a la administración fiscal del país de origen de los titulares. Un sistema que Suiza aplica ya con 19 países de la Unión Europea y que haría extensivo ahora a otras naciones. Swiss Banking,el equivalente suizo a la Asociación Española de Banca y que aglutina a todos los bancos que operan en Suiza, respalda esta propuesta ya que cumple con los criterios del artículo 26 del Modelo de Convención Fiscal de la OCDE y responde también a las exigencias del G-20.