ANÁLISIS
La cumbre del Eurogrupo trata de evitar el Pearl Harbour del euro
Zapatero, inerte ante la propuesta de Merkel de fijar criterios para prevenir la quiebra de un Estado
Nadie podía imaginar hace un año que la crisis del euro pudiera llegar tan lejos. Las tres víctimas mortales sufridas el pasado martes en Atenas durante las manifestaciones contra las medidas de saneamiento adoptadas por el Ejecutivo heleno, y aprobadas ayer por su parlamento, pueden no ser las últimas. La cumbre extraordinaria de los Jefes de Estado o de Gobierno de la zona euro convocada para hoy con el objetivo de aprobar el plan de rescate de Grecia de 110.000 millones de euros, debe suponer la primera gran decisión efectiva con la que tratar de contener las arremetidas de los mercados contra la moneda única y los países más débiles de la zona euro.
Analistas económicos franceses, Nicolas Baverez entre ellos, no descartan que en los próximos días se pueda producir un ataque similar al sistema monetario europeo al que supuso el que lanzó el ejército imperial japonés el 7 de diciembre de 1941 contra Pearl Harbour en la Segunda Guerra Mundial.
Consideran que la decisión de dejar caer a Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008 ha tenido unas consecuencias para la globalización económica similares al ataque lanzado por Japón. Desde el inicio de la crisis actual se han perdido unos 50 billones de dólares, el equivalente al producto bruto mundial de un año y similar a las consecuencias de una guerra mundial.
De ahí la pertinencia de la celebración de la Cumbre extraordinaria de los Jefes de Estado y de Gobierno de los países del eurogrupo, reunión de la que no existe precedente. Pero de nuevo asistimos a una cumbre en la que Zapatero, pese a ocupar la presidencia en ejercicio de la Unión Europea no ha tomado la iniciativa. Una vez más será Angela Merkel la que acuda con una nueva propuesta para tratar de restablecer la primacía de la política sobre los mercados.
Hoy presentará un mecanismo a favor de establecer un procedimiento codificado para prevenir la insolvencia de los Estados. Según el presidente del Bundesbank, Axel Weber, que ha desarrollado más ampliamente la idea planteada al Bundestag por Merkel, el país que en caso de crisis no pudiera contar con la ayuda de otros estados, quienes gocen de unas finanzas públicas saneadas se verán recompensados con tipos de interés débiles.
La idea que había sido anticipada por el ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, se la planteó Merkel a los diputados durante el debate para aprobar el rescate financiero de Grecia. Sería un sistema similar al que se aplica en las suspensiones de pagos de las empresas, en las que a la hora de recuperar el dinero prestado se somete a unas normas precisas. Es la forma de garantizar el cobro de quienes han acudido a conceder préstamos de buena fe.