UN BANCO EN EL RETIRO
Unas elecciones bajo la sospecha de una libra manipulada
La edición del miércoles 5 de mayo de Le Monde, Economie, titulaba: Reino Unido, peligro a la griega. Un déficit presupuestario del 12% del PIB superior al 11,5 % de Grecia o al 11,1% de España y alejado del 7,5% de Francia, no es la mejor tarjeta de presentación ante unas elecciones de resultado incierto y posiblemente novedoso. Frente al inconveniente del déficit, la ventaja de una deuda externa emitida en libras y que, naturalmente, se paga en libras, es una moneda que se ha devaluado un 20 % respecto al euro desde 2007. La devaluación, sin embargo, no ha merecido la desconfianza de los acreedores no residentes que han aceptado mantener los mismos tipos de interés, lo que supone cobrar apenas un 1 % una vez descontada la devaluación. Acreedores -muchos de ellos en el Oriente Próximo- beditos del petróleo y siempre respetuosos con la Corona y con la City.
Este endeudamiento tiene además lugar en el marco de una política monetaria expansiva, socialismo keynesiano dispuesto a apuntalar la demanda efectiva y evitar caer en el circuito de la deflación-depresión. El Banco de Inglaterra, a diferencia de otros bancos centrales, apenas ha corregido una política de generosa y caritativa liquidez. El Special Liquidity Scheme que se extiende hasta el 2012 prevé financiar 60.000 millones de libras de emisiones privadas y 240.000 millones de empréstitos públicos. Una monetización, en suma equivalente al 14% del PIB, superior al esfuerzo realizado en los Estados Unidos.
¿Cómo explicar la tranquilidad en los mercados ante una liquidez tan generosa? Por un lado es cierto que el endeudamiento tiene un carácter favorablemente estructural. Los periodos de amortización de la deuda son a largo plazo, hasta 14 años, y hasta entonces pueden suceder muchas cosas. Además, solo el 30% de esta suma está en manos de no residentes.
¿Habrá mayoría parlamentaria de conservadores o laboristas en las elecciones del día de hoy? Posiblemente, no. Pero tampoco esto parece intranquilizar a esos mercados tan anglosajones. Incluso se argumenta que la corrección del déficit mediante un acuerdo de los tres partidos le dotaría de una mayor legitimidad. También cuentan favorablemente los "compromisos" de los liberales - demócratas con una política fiscal mas exigente: establecimiento de un tramo impositivo del 50 % para las rentas mayores y un impuesto específico para los bonos a los directivos empresariales y finalmente un aumento del "mansion tax" para aquellos 80.000l propietarios cuyas casas se valoran por encima de los 4 millones de libras (4.6 millones de euros).
Y todo esto sin olvidar una promesa de exención fiscal para las rentas más bajas. Los mercados no han reaccionado desfavorablemente ni tampoco se ha producido una huída de residentes o de capitales en busca de sistemas fiscales más atractivos. La City sigue siendo un anzuelo eficacísimo.
Los tres partidos apuestan por el cambio, aunque los liberal-demócratas se situen mucho más a la izquierda. ¿Vuelve Robin Hood?, se preguntan los intelectuales franceses. La verdad es que la desigualdad viene creciendo desde los tiempos del tatcherismo sin que la tercera vía de los nuevos laboristas del señor Clair corrigiese las diferencias.
Pero el Reino Unido necesita una fuerte dosis de austeridad. Las desigualdades no se han corregido y el Estado ha venido creciendo de una manera rapidísima hasta el punto de que su peso representa ya el 50% del PIB, por supuesto muy superior al nuestro a pesar de nuestra descentralización económica. Unos servicios públicos que ya quisieran parecerse a los españoles, y que, eso sí, se benefician de la gran resignación de los usuarios. Si hoy no funciona el metro o el ferrocarril mañana será otro día. El Reino Unido ha puesto mucho dinero en los servicios públicos y en los sistemas de jubilación. Y todo esto va a ser difícil de corregir aunque la libra continuase devaluándose a favor de las exportaciones.
Tres partidos y un resultado incierto. Por una parte, la atracción del tatcherismo, austeridad y esfuerzo, y, por otro, el temor a mas desigualdad y depresión. Una difícil encrucijada para los electores, máxime cuando ningún partido ha presentado un claro programa de gobierno. Los laboristas han insistido en los peligros de la deflación conservadora mientras los conservadores han concentrado su estrategia en la retórica de los malos resultados cosechados por los laboristas.
Hoy hace bastante frío mientras paseo por el Retiro. Cuántas similitudes entre el Reino Unido y España y, sin embargo, qué envidia y qué sorpresa por la aparición de esa alternativa de los liberal-demócratas; un partido de centro izquierda que como aquella UCD, apuesta por más justicia social sin renunciar a la libertad económica y a la austeridad cuando llegan malos tiempos.