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Publicado el lunes 31 de mayo de 2010
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Monitor de la Construcción

Ni siquiera el PEI, ahora reducido, garantiza una salida a las empresas

Tiempos de desolación

Los recortes y la inseguridad jurídica anticipan cinco años perdidos en el sector

José BlancoIgnacio Mulas.– Los nuevos recortes de la inversión pública en infraestructuras aprobados ahora y que se suman a los ya perpetrados anteriormente, van a producir un redimensionamiento del sector de la construcción, inédito por su intensidad. Si 2009 ha sido el peor año para la actividad que se recuerda, este 2010, 2011 y, después de lo visto, también 2012 y 2013, van a seguir la misma tónica. En los próximos cinco años al menos el sector no volverá a ser ni sombra de lo que era hace apenas dos años. Primero por la debacle del sector inmobiliario, ahora por la drástica reducción de la demanda de obra civil. Ni la diversificación ni la internacionalización, ni el propio PEI -que se diluirá inevitablemente respecto a sus objetivos iniciales- van a servir para asegurar la pervivencia incluso de las mejores y más preparadas empresas españolas de este sector. Voces autorizadas como el economista José Viñals, dicen que es la hora de potenciar la asociación público-privada. Pero, ¿cómo se hace eso en el sector de infraestructuras si el crédito huye ante la inseguridad jurídica que se está imponiendo?

La catarata de medidas inconexas e incluso contradictorias adoptadas hace que se eche en falta, de modo clamoroso, un mínimo plan integral de reducción del gasto por parte del Gobierno de modo que sea lo más extenso posible pero que no afecte al crecimiento y al posible desarrollo de actividades productivas. Ni siquiera se han considerado otras posibilidades para no reducir la inversión en infraestructuras, que produce actividad y empleo, a cambio de profundizar en vías que produzcan mayores ingresos al Estado sin cercenar la actividad. Entre estas vías pueden mencionarse la implantación de la euroviñeta, que es una iniciativa comunitaria y que funciona bajo un principio de una mayor justicia -que quien usa que pague como ocurre en cualquier otro servicio esencial-; el estudio del posible alargamiento de los plazos de concesión de la autopistas ya maduras, de modo que se licite dicho alargamiento en base a la puesta en valor para el ente concedente de esa ampliación...

Y es que "donde no hay mata, no hay patata", dicen los lugareños de Castilla. La incapacidad, mendacidad, desconcierto y nulidad de nuestro gobierno ha logrado una rara unanimidad en el mundo mundial. Nouriel Roubini, el economista que predijo ante la indiferencia general la crisis de las hipotecas subprime, decía este pasado fin de semana en L'Express que la crisis actual ha abierto más una era de gran inestabilidad que de moderación. Lo que era inconcebible hace unos años -que haya posibilidades ciertas de que algún país de la eurozona quiebre- parece ahora muy posible. Un tel destin fait figure de réelle posibilité à Athènes, Rome, Madrid et Lisbonne. Des années de divergence économique ainsi que l'érosion de la compétitivité de ces pays ont rendu cette issue plus probable qu'elle ne l'a jamais été.

Las reformas que el Gobierno español acaba de poner en marcha llegan tarde, son insuficientes, penalizan de modo quizá irrecuperable la inversión productiva, se reducen a una parte de la totalidad de las administraciones públicas, y añadirán -en lo que toca a la reducción de la inversión en infraestructuras- la pérdida de más de 70.000 puestos de trabajo, ya que cada millón de euros invertidos en infraestructuras genera en torno a doce puestos de trabajo directos e indirectos. Inducirán a lo largo de los dos próximos años la desaparición de un número considerable de empresas dedicadas a la construcción de obra civil, sobre todo entre las de pequeño y mediano tamaño, incluyendo muchas que han sabido hasta ahora capear el temporal con políticas empresariales conservadoras y prudentes durante la burbuja inmobiliaria. Y a lo peor también alguna de las no tan medianas, ahogadas por el peso de la deuda contraída para faraónicos proyectos inmobiliarios y que vamos a ver cómo se renegocia, con expectativas de obras en cartera mucho menores que las previstas hace un par de meses.

Porque si había pocas penas, viene el Gobierno cada poco, cual Clint Eastwood, a alegrarnos el día con una carrera suicida hacia la mayor inseguridad jurídica que se pueda uno imaginar. A los síncopes ya producidos por el intento de hacer retroactivas muchas de las medidas anunciadas y desmentidas horas después sobre las energías renovables, insiste en este vaivén demencial con la prohibición -y desmentido inmediato- a los ayuntamientos de endeudarse más de lo que están este año, porque viene en seguida las elecciones generales... y en lo que toca al sector constructor, el propio ministro de ramo anuncia que habrá que paralizar, suspender o adelgazar a mansalva contratos de obras ya licitadas o comenzadas. Curioso caso la de este metamórfico personaje, mitad Dr. Jekyill (la gran esperanza del sector en la obra pública antaño) y mitad Mr. Hyde (se ha puesto fervorosamente a la cabeza de la manifestación en relación con los recortes presupuestarios hogaño) y que ha conseguido dejar patidifusos a todos los empresarios de obra pública, que se ven colgados de la brocha mientras el pinturero ministro se lleva la escalera. Y ahora, ¿con qué cara van a ir a pedir financiación, en base a qué garantías futuras, con qué credibilidad, para qué obras ciertas?

El diagnóstico más cortante y certero lo hizo el ex-presidente Aznar hace unos días en el Financial Times. The current socialist government is incapable of resolving Spain's problems and taking the necessary steps. Only a new government can do this. No sé si lo que peor ha sentado al Gobierno y a sus múltiples compañeros de viaje es que sea verdad, que lo haya dicho él o que lo haya dicho en inglés. Al menos podrían reflexionar sobre lo que Joseph Stiglitz, otrora pensador de cabecera del Presidente del Gobierno, está pontificando últimamente: Si Europa persiste sólo en la vía de la austeridad, camina hacia el desastre. Es decir, el camino no es recortar el gasto productivo que genera actividad, sino el gasto -enorme gasto- suntuario que no se atreven a tocar. ¿Para cuándo los recortes serios de cargos de pretendida confianza, subvenciones a no se sabe qué entidades ni con qué fines, fundaciones, artistas, minorías o mayorías de género y sexo según se tercie, colegas, voceros y pesebres, alianzas varias de civilizaciones y demás mandangas? ¿Para cuándo el recorte del enorme número de empresas públicas y administraciones paralelas? Mucho estado del bienestar, pero estamos en pertinaz caída libre. Para ser como Suecia en lo uno -el estado del bienestar- hay que ser como Suecia en lo otro es decir, en la eficiencia, solvencia y justa dimensión de la administración pública.