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Publicado el martes 25 de mayo de 2010
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El saneamiento ha sido necesario al caer el beneficio por acción un 90% en dos años

El Santander capitaliza de nuevo su financiera a la que ha metido 2.350 millones en dos años

Saldrá de la República Checa, de Hungría y de Rusia, tras haber abandonado Francia

Banco SantanderGonzalo Garteiz.– El Banco Santander se ha visto en la necesidad de capitalizar de nuevo su grupo financiero, Santander Consumer Finance, en el que no consolida la pata americana. En los dos últimos ejercicios había inyectado 1.995 millones de euros, y en el actual acaba de capitalizar unos préstamos participativos del propio banco, valorados en 362 millones de euro. Las razones para esta nueva capitalización hay que encontrarlas en los 160 millones adicionales que ha tenido que pagar este año a General Electric como ajuste de la compra de sus activos y una inyección de fondos en el negocio noruego por valor de 140 millones de euros.

El grupo Santander Consumer Finance (SCF) ha sido sometido durante la crisis a un escrutinio por parte del Banco de España, del que ha salido reforzando sustancialmente sus recursos propios. Si bien es cierto que el grupo ha incrementado sustancialmente su balance con la compra de activos del Royal Bank of Scotland y General Electric, en Gran Bretaña, Centro de Europa y países nórdicos, con un coste de 1.500 millones de euros, el hecho es que el negocio ha recibido fondos del banco de más de 2.300 millones. La diferencia, de 800 millones está alineada con el esfuerzo de aportación de fondos los recursos propios de las filiales extranjeras del grupo.

SCF ha pactado un calendario con el supervisor para el uso de los modelos internos de medición de necesidades de capital, que suponen un esfuerzo importante en medios humanos y tecnológicos, "con el fin de satisfacer los exigentes requerimientos establecidos por el Banco de España", según ha informado la propia entidad. La utilización de estos métodos, completamente alineados con las exigencias internacionales (Basilea II), ya permiten a otras filiales del Santander "ahorrar capital", como son los casos de Banesto, Abbey y Totta.

El negocio de SCF, leasing, renting y financiación al consumo, cuenta con 343 sucursales, de las cuales 79 en España, y está dirigido por Magda Salarich,  fichada al comienzo de la crisis, aunque el presidente es Antonio Escámez , y Juan Rodríguez Inciarte el consejero del Santander a quien informan los primeros.  Aunque opera en 13 países, el banco que preside Emilio Botín ha decidido retirarse del negocio de crédito al consumo en la República Checa, Hungría y Rusia, donde pierde 50 millones de euros al año, aunque todavía no ha encontrado un comprador. El grupo ya abandonó el mercado francés anteriormente.

Salarich se ha visto obligada a utilizar el escalpelo ante el deterioro de las condiciones económicas, especialmente grave en el caso español. El año pasado redujo la plantilla española en un 30%, lo que supuso la salida de 376 empleos, y una provisión de 61 millones para cubrir los costes de prejubilación.

El deterioro del negocio ha sido brutal, obligando al banco a contener el reparto de dividendos, que ha pasado de 600 en 2007, a 400 en 2008 y a 100, en 2009. El beneficio del grupo alcanzó el año pasado la cifra de 106 millones, frente a casi 400 millones de un año antes, y más de 500 millones del año 2007. Más significativo es la caída del beneficio por acción. Terminó 2007 en 1,53 euros, cayendo a la mitad un año después, hasta 76 céntimos, y el año pasado sólo ganó 16 céntimos por título, lo que supone un descenso del 90% en dos años, debido a la enorme dilución, al haberse triplicado el capital en ese plazo, superando ahora los 3.000 millones de euros.

El banco ha hecho saber que en el primer trimestre de este año se aprecia una sensible mejora, con un empuje evidente en Alemania, aumento del 17,6% en la contribución al grupo, siendo de lejos ya el principal origen del beneficio. Los países nórdicos también mejoran un 51% su beneficio respecto a un año antes y Gran Bretaña, lo hace en un 30%, mientras que en España, donde el año pasado perdió 151 millones, parece que se ha puesto fin al incremento de los activos deteriorados (mora y fallidos).