Intervención de CajaSur
¡Qué buenos son estos canónigos!
La iglesia dice sacrificarse por "salvar el empleo"
Cuando visité el Vaticano, hace ya algunos años, me sorprendió el comentario que una novicia latinoamericana hizo en mitad de las espectaculares y harto escandalosas riquezas de sus museos: "Y todo esto comenzó en un pesebre". Viene la anécdota personal muy a cuenta de las reacciones de la Iglesia a la intervención de CajaSur, una de las tres cajas de ahorros de fundación eclesiástica (las otras son la aragonesa CAI y CajaCírculo de Burgos). Demetrio Fernández, obispo de Córdoba y por tanto superior jerárquico de los canónigos del Cabildo de la Catedral, que controla CajaSur, y por tanto se ha referido este sábado sobre la intervención de Cajasur, controlada por la Iglesia, ha hecho unas cuando menos curiosas afirmaciones en un comunicado.
Una: mostrar su apoyo a la decisión del patronato, impositores y trabajadores de CajaSur de no aceptar la fusión con Unicaja y precipitar, por tanto, la intervención del Banco de España. "Cajasur ha prestado un servicio encomiable durante 150 años a la sociedad cordobesa, preocupándose de un modo muy especial por los más necesitados. En este trayecto, también ha colaborado decididamente a que muchas familias tuvieran un puesto de trabajo. Esta es la razón fundamental por la que Cajasur ha mantenido, en el proceso de fusión, la firmeza de defender y trabajar por que se conserven los puestos de trabajo, anteponiendo siempre el empleo a cualquier otro beneficio".
Dos: los patronos de Cajasur habían actuado con "total lealtad y responsabilidad, poniendo todos los medios a su alcance para que se cumpliera lo firmado en el protocolo de fusión". Precisamente, esa "honradez personal y profesional con la que han actuado es la que les ha llevado a solicitar la intervención del Banco de España".
Tres: "Las personas que han estado al frente de Cajasur son plenamente competentes, no han buscado sus intereses personales", "siempre han estado preocupados, sobre todo, por los trabajadores de la entidad, los intereses de los impositores y por el bien de la sociedad cordobesa", "son de los mejores curas que tiene la diócesis".
En declaraciones a Infocatólica, niega que en CajaSur haya "agujeros negros", afirmación harto temeraria cuando ya están los interventores del Banco de España levantando las alfombras. Y parece culpar a Unicaja de la situación. Lo más llamativo: la Iglesia está dispuesta a "perderlo todo" por "salvar el empleo". "Ahora, la ayuda del Banco de España podrá reflotar Cajasur, y eso será un bien para Córdoba".
El obispo da por buena las tesis del canónigo Santiago Gómez Sierra, presidente de CajaSur, quien explica que la responsabilidad con Córdoba y con el empleo fue para la entidad una "prioridad" desde el primer momento, insistiendo en que "habíamos advertido hacía semanas de que no aprobaríamos un proyecto de fusión sin un acuerdo laboral cierto, conforme acordamos en el protocolo de fusión hace casi un año". También señala el canónigo que la intervención del Banco de España era la "única opción responsable", porque "la caja se iba desangrando día a día en una dinámica de inactividad en este proceso" de fusión. Lo mejor es que afirma que CajaSur ha seguido perdiendo solvencia en los últimos meses, "en los que ha sido gestionada por Unicaja". Y que el Frob "evita la insolvencia y da seguridad a los impositores y a la sociedad". Por supuesto, "quien más pierde aquí es la Iglesia, pues pierde patrimonio, representación y obra social". Y que "desearía que la solución que finalmente se adopte sea menos traumática para los trabajadores y la ciudad".
Al margen del anacronismo de que una entidad financiera esté gobernada por canónigos de una catedral, que podrán saber mucho de liturgia pero no necesariamente de finanzas o de banca, y de que las otras dos cajas de fundación eclesiástica están regidas por seglares y ejecutivos profesionales, el sacrificio de la Iglesia no parece tal cuando se descubre que los canónigos cobraban dietas por asistencia a actos eclesiásticos, que al anterior presidente, también canónigo, Miguel Castillejo, tenía suscritos contratos de seguros, pagados por la caja por supuesto, con sus hermanas como beneficiarias de las suculentas indemnizaciones.
Poco o nada que ver con el Jesús de Nazaret que, látigo en mano, expulsó del Templo a los mercaderes y a los traficantes de moneda y que proclamaba que "antes entra un camello por el ojo de una aguja que un rico en el Reino de los cielos". Uno de los padres de la Iglesia, Gregorio, señala en su "Regla pastoral" que "hay quienes ponderan cuánto dan, pero dejan de considerar cuánto arrebatan". Otro, Ambrosio, afirma en el "Libro de Tobías" que "expoliáis incluso cuando decís que socorréis". Incluso Agustín de Hipona acusa en su Sermón 178: "¿A eso llamas dar? Si no lo hubieras robado".