PREVISIÓN SOCIAL
La soltería, el peor negocio posible
Más españoles con dos pensiones: jubilación y viudedad
"Me casé, por motivos familiares (para evitar dos bodas, siempre tan gravosas, el mismo año), cuando no quería, el mismo año que la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. Así que llevo 18 años casado. Y hasta ahora no me había dado cuenta de que era la mejor inversión posible, al margen de Lucía, 13 años muy bien llevados. Pero he tenido que asistir a la última jornada del XIII Curso de Economía para Periodistas de Información Económica, que organiza la Apie, para cerciorarme de que la soltería es el peor de los negocios".
Esa tesis defiende José Antonio Herce, doctor en Economía por la Complutense y por la británica Essex, ex director ejecutivo de Fedea y ahora socio director de Economía Aplicada y Territorial de Analistas Financieros Internacionales (AFI). Este reputado experto en pensiones asegura que "uno de los peores negocios posibles en España es ser soltero". ¿Por qué? Porque tienes que cotizar más a la Seguridad Social, porque a la hora de jubilarse recibes menos prestaciones, y porque no puedes tener más de una pensión.
Ese ataque, desde la perspectiva analítica de la economía, a la soltería viene justificado por la evolución de las pensiones en España, según la interpretación que hace Herce de los datos. Se refiere a la tendencia creciente que se observa respecto a la concurrencia de pensiones en una misma persona. El acceso de la mujer al mercado laboral ha provocado que se haya multiplicado el número de personas que, además de la pensión por viudedad, reciba la que le corresponde por jubilación. Y al mismo tiempo se está haciendo frecuente el mismo caso en los hombres, pese a la mayor longevidad estadística de las mujeres sobre los varones.
Antes de Herce, en el curso de la Apie Carlos Bravo, secretario de Seguridad Social y Prevención Social Complementaria de CCOO, y Carmen López, secretaria de Política Social de UGT, destacaron que la subida de las pensiones mínimas, el estandarte de la política social de Zapatero, se hace "con cargo a las cotizaciones sociales, y no a los Presupuestos Generales del Estado". Y aportaron datos muy interesantes y que invitan a la reflexión. Uno, que hay 120.000 cotizantes mayores de 65 años, que siguen trabajando después de la jubilación. Dos, que la tasa de actividad de los mayores de 55 años apenas es del 20%, por lo que habría que incentivar la permanencia en el empleo y establecer mecanismos de flexibilidad interna en las empresas, siempre que sean "pactados y no impuestos unilateralmente".
Tan interesantes como las reflexiones de Herce, que opina que el envejecimiento "no es el causante de los males de las pensiones en España, sino la incapacidad de gestionar adecuadamente las prestaciones". Pero el problema es que "nadie quiere morirse antes" ni "volver a los tiempos de la esclavitud o al siglo XIX", con una muy temprana incorporación al mercado de trabajo, así que la única solución es jubilarse más tarde, "lo que plantea un problema serio de integración de reformas laborales y del sistema de pensiones". Porque retrasar la edad de jubilación exige "una transformación profunda de la cualificación profesional de las personas de edad avanzada y el desarrollo de profesiones compatibles con el alargamiento de la edad laboral".
Herce se apunta a la propuesta del informe de Fedea sobre "La reforma de las pensiones" respecto a que la Comisión parlamentaria del Pacto de Toledo ha cumplido ya su misión y debe dejar paso a otra instancia, como la Comisión Nacional de Reforma de las Pensiones, que elabore un Libro Blanco sobre éstas, con un procedimiento ágil y plena independencia de las vinculaciones políticas.
Octavio Granado, secretario de Estado de Seguridad Social, dio cumplida y negativa respuesta a esta sugerencia: "Los Libros Blancos sobre la reforma de las pensiones que se han hecho en Europa los han realizado los políticos y los representantes sociales, que trabajan para quienes les pagan", opina. "La reforma de las pensiones es un ámbito que corresponde a los políticos, no a los académicos o a los técnicos, es la cuestión más controvertida y no se puede dejar en manos de una aristocracia del conocimiento. Además, es perfectamente compatible un trabajo político con una discusión técnica", concluye.