Letra más grande Letra más pequeña
Enviar este artículo a un amigo Imprimir este artículo
Publicado el sábado 15 de mayo de 2010
Enviar este artículo a un amigo
Email de tu amigo/a
Para que sepa quién lo envía...

Brasil es uno de los últimos reductos que quedan para explorar en aguas profundas

El desastre de BP en el Golfo de México plantea dudas sobre los riesgos de la exploración en alta mar

La tecnología batalla para acometer proyectos en alta mar y para contener las maeas negras

Vertido en el Golfo de MéxicoManuel Lionza.– La gigantesca marea negra liberada por el derrame de crudo en aguas estadounidenses del Golfo de México está provocando que se cuestione el futuro de las perforaciones en aguas profundas, como las proyectadas en Brasil. El estupor de la opinión pública ante el espectáculo de destrucción que se está desplegando en el litoral de Luisiana y Florida, amenazando con arruinar el medio ambiente marino y el sector pesquero local, puede ser un obstáculo para el desarrollo de proyectos que prevén perforaciones a gran profundidad en alta mar, donde se están descubriendo los que podrían ser los últimos grandes yacimientos de crudo del planeta. Los expertos no dudan que de exista la tecnología necesaria para extraer crudo a casi 4.000 metros de profundidad, como el proyecto de Tupi, en aguas de Brasil, que podría albergar entre los 5.000 y los 8.000 millones de barriles equivalente de petróleo, convirtiendo al país carioca en uno de los cinco mayores productores del mundo hacia el 2020, y en el que participa, entre otras compañías, la española Repsol.

Aunque empresas como la brasileña Petrobras  la propia Repsol YPF cuentan con una dilatada experiencia, el desastre provocado en Luisiana por British Petroleum podría ser un acicate para las posiciones medioambientalistas, muy críticas con este tipo de exploraciones petroleras. Uno de los posibles efectos que tendrá sobre el sector, según anticipan algunos expertos, será el endurecimiento de las normas de seguridad, lo que con toda probabilidad encarecerá aún más las ya de por sí costosas exploraciones a gran profundidad, además de inducir previsiblemente un impulso a la investigación en nuevas tecnologías de prevención y mitigación de desastres, así como una drástica revisión de los protocolos de actuación que puedan estar detrás de los errores cometidos en este tipo de desastres.

De momento, Estados Unidos ha paralizado la concesión de autorizaciones para la perforación de pozos en aguas profundas hasta que se conozcan las conclusiones de la investigación abierta y se adopten las medidas que en su caso puedan ser necesarias.

Los expertos están muy pendientes de los trabajos que se están llevando a cabo para taponar el pozo, todo un desafío técnico por tratarse de una labor que se realiza a unos cuatro kilómetros de profundidad de la superficie, con una presión y temperaturas extraordinariamente altas. "Puede decirse que hay una gran expectación en el sector para ver cómo se soluciona este problema técnico", según afirma un consultor. BP ha declarado que lleva gastados hasta el momento unos 350 millones de dólares en los trabajos de contención del vertido, pero esta cifra podría superar los 12.000 millones, según cálculos de analistas.

Por el momento, una de las consecuencias más visibles del vertido de crudo son los daños infligidos al cultivo de ostras en el litoral afectado, un molusco que es un indicador muy preciso de la pureza del agua marina. La zona afectada es muy dependiente económicamente de la explotación de este bivalvo, base de una economía que genera unos 6.500 millones de ingresos anuales.

Los especialistas señalan que sin minusvalorar la importancia de los daños económicos, el verdadero desastre tiene una dimensión ecológica de consecuencias aún pendiente de valorar para el medio marino de la zona, pues la ostra cumple un papel en el equilibrio del ecosistema equivalente al de los arrecifes de coral en el Caribe. La ostra actúa como una depuradora natural filtrando las impurezas de las aguas de los estuarios, bahías y zonas pantanosas, una función que convierte al molusco en un ser vivo particularmente sensible a la contaminación. "No es solo el motor económico de la región, es un indicador real de la salud medioambiental y ecológica de la costa del Golfo", señala un especialista.