Monitor de Latinoamérica
Propone una dieta de sustitución de la carne por pescado subvencionado
Cristina Kirchner declara la guerra al bife
La presidente argentina innova y se olvida de las recetas clásicas para combatir la inflación
La mandataria argentina Cristina Fernández de Kirchner ha encontrado la solución para combatir la inflación: cambiar el bife por el pescado subvencionado. Mientras otras naciones, quizá con dirigentes dotados con menos imaginación, tratan de combatir las presiones inflacionarias con las conocidas políticas fiscales y monetarias, la zarina porteña se propone demostrar al mundo académico que Milton Friedman es un impostor y que la inflación, aún medida con criterios argentinos, no es un fenómeno monetario, sino gastronómico: comiendo pescado en lugar de carne de vaca los precios bajan, y si no, pues siempre queda el cerdo, un animal que, hasta el rabo, todo él -el chancho-- es afrodisíaco, y de cuya carne, según confesó la Presidenta en un acto público de empresarios vacunos, es una devoradora contumaz.
La última ocurrencia de la estadista ha sido repartir pescado a precios subvencionados en algunas barriadas obreras de Buenos Aires. Varios camiones decorados con el lema "Ahora hay pescado para todos" recorren las calles para vender la mercancía a centenares de personas de escasos recursos que hacen cola religiosamente para comprarla. Argentina es el mayor consumidor mundial de carne de vaca, pero su precio no ha dejado de subir a pesar de los intentos del Gobierno de penalizar las exportaciones para forzar, sin éxito de momento, su caída en el mercado doméstico.
En los tres últimos meses la carne de vacuno ha subido un 30 por ciento, razón por la que los sufridos consumidores argentinos de rentas bajas se resignan a comprar el pescado que les envía su Presidenta a mitad de precio. Pese a que su presentación y calidad han suscitado comentarios diversos, y de que el turno de espera puede prolongarse varias horas, al final el pescado es la alternativa para las familias que no pueden permitirse pagar un bife de chorizo.
Para los críticos, la campaña "Ahora hay pescado para todos" es de dudosa efectividad y se trataría más bien de consolidar el apoyo electoral de la Presidenta en los cinturones obreros que rodean la capital, principales víctimas de la escalada de precios que registra la economía argentina y que amenaza su recuperación y la popularidad de la zarina porteña. Economistas prevén que la inflación supere el 20 por ciento a finales de año, si bien las cifras oficiales la sitúan en la mitad, lo que ha suscitado acusaciones de que el Gobierno está manipulando las estadísticas para reducir el pago de los intereses de las emisiones de bonos indiciados a la inflación colocados entre inversores extranjeros.
En el primer trimestre, el IPC creció un 3,5%, pero según el banco central el dato no sería extrapolable al conjunto del año. Los economistas independientes estiman que la cifra real podría ser dos o tres veces mayor y descartan que pueda remitir en los próximos meses a menos que se reduzca el gasto público, que ha aumentado cerca del 40% en el mismo período. Entre algunos expertos, se baraja la posibilidad de que el Gobierno acabe imponiendo controles de precios y frenando las demandas salariales tras aceptar subidas del 25% en lo que va de año. Pero existen dudas razonables de que la zarina vaya a tomar el toro de la economía por los cuernos a poco más de un año para las elecciones presidenciales en las que su esposo Néstor podría partir como favorito. Así que hasta entonces toca comer pescado congelado y esperar. Quizá en la siguiente oportunidad el pueblo argentino pueda desmentir al universal Borges y merecer un Gobierno.