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Publicado el jueves 13 de mayo de 2010
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UN BANCO EN EL RETIRO

Ajuste, expectativas y cohesión social

De momento, los inocentes pagan por los pecadores en la crisis

Por Luis Alcaide.– Se pedía austeridad y el presidente Zapatero ha respondido al reto: reducción lineal en los sueldos y salarios de toda la Administración del Estado con rebajas mayores en las retribuciones más altas. Además, frenos en prestaciones socialmente sensibles como las pensiones. En suma, todos aquellos ingresos no sometidos directamente a las ferocidades y veleidades de la crisis sufrirán un quebranto. Sólo las prestaciones de desempleo y su duración quedan al margen pero emplazadas. Este es un capitulo del libro de las negociaciones salariales, y de las medidas de estímulo al empleo y al crecimiento económico. Pero el libro de la política social como el de la vida "no puede cerrarse a voluntad", que decía Lamartine.

El señor Zapatero ha recibido recomendaciones de gobernantes amigos empeñados todos ellos en el buen rumbo de la nave europea. El rescate de los 750.000 millones de euros, la "madre de todos los rescates" que ha dicho W. Münchau en el FT, requería del señor Zapatero "la madre de todas las reformas económicas". El apoyo financiero fraguado en Bruselas exige ahora el apoyo combinado de austeridad y reformas en los países de la UE. Llamar a la puerta de los rescatadores y presentarse con unas credenciales solventes es un trámite único.

Críticas sociales por aquello de que los paganos no han sido los protagonistas responsables de la crisis. Lo inocentes pagando por pecadores, que no sólo no se han sentido responsables si no que incluso salen de sus suspensiones de pagos a costa del resto de los ciudadanos. Pero no se trata tanto de señalar a los responsables como de salir del embrollo mayúsculo de una suspensión de pagos generalizada. Tanto del sector público como del sector privado. España necesita todavía refinanciar sus deudas.

Responsables: muchos más de los que queremos. Todo el sistema de supervisión financiera de Bruselas y de España que ha permitido unos crecimientos del crédito con el sólido respaldo del euro sin poner ningún tipo de coto al despilfarro. Un convite a la alborozada burbuja inmobiliaria en el que muchos ciudadanos se han artado de bienes suntuarios, gracias, también al respaldo de un enriquecimiento sobrevenido por el mayor valor de las viviendas, de las acciones o los altos salarios obtenidos en las actividades vinculadas al bendito ladrillo.

Ajuste y cohesión social son dos caras de una misma moneda. Los altos directivos del mercado financiero han transferido sus fracasos al contribuyente y han salido y siguen saliendo tan campantes. Ninguna corrección por parte de nuestro gobierno socialista aunque los laboristas ingleses, antes de perder las selecciones, dieron ejemplo penalizando fiscalmente los bonos de los ejecutivos, los patrimonios inmobiliarios superiores a los 4,5 millones de euros y subieron los tipos en el IRPF a las rentas más altas. Medidas de cohesión social que sin duda el nuevo gobierno británico se atreverá a modificar.

También y además está la recuperación económica. El consumo se resentirá en mas o en menos en la proporción en que los perceptores de ingresos mantengan o reduzcan su nivel de ahorros. No olvidemos tampoco los precios. La conversión de las 100 pesetas en 1 euro proporcionó a muchos negocios próximos al consumo unas diferencias de ingresos caídos del cielo y que ahora pueden soportar una reducción si desean mantener la clientela.

La cohesión social necesita de una distribución extendida y "equitativa" de la carga fiscal. Pero tambien de la colaboración de todos los ciudadanos y por supuesto de todos los grupos políticos. No es éste el momento de lamentarse de los retrasos si no de ponerse todos manos a la obra. La descohesión política es la peor receta para fortalecer la cohesión social, precisamente ahora cuando esos malvados mercados de acreedores apuestan además de por la solvencia, y con especial agresividad, por la cohesión social en los países deudores.

En mi camino hacia el Retiro vuelvo a encontrarme con esos jardineros municipales en rebeldía contra el ayuntamiento: sus salarios están congelados desde hace años -eso me dicen- y ahora sólo ganan 950 euros netos, añadiendo como queja los crecientes beneficios de esas compañías contratistas que no paran de poner testeros de flores foráneas en el suelo madrileño.