Monitor EEUU
Se estima que el "agujero" puede superar los 1,2 billones de dólares
La banca norteamericana aún es tóxica
Las entidades estadounidenses sólo han aflorado la mitad de sus activos incobrables
La pesadilla de la crisis financiera no ha terminado aún para el sector bancario de Estados Unidos. A pesar del costoso plan de rescate llevado a cabo para salvar a entidades "too big to fail", una considerable parte del sector encierra todavía en sus balances un importante volumen de activos tóxicos cuyo recobro, si no dudoso, lo es problemático hasta que la recuperación económica se consolide. Algunos especialistas estiman que la banca sólo ha reconocido la mitad de las pérdidas contables que debería reconocer, y lo peor es que previsiblemente esta situación se prolongue. Los bancos están lastrados por los productos que la ingeniería financiera creó en los últimos años como las permutas sobre riesgo crediticio (credit default swaps), instrumentos como las obligaciones de deuda colateralizada (collateralized debt obligations), seguros sobre riesgo de crédito (credit default swaps) o titulizaciones hipotecarias que ahora las entidades tratan desesperadamente de deshacerse.
Aunque no hay cifras precisas acerca del tamaño de la toxicidad que encierran los balances de los bancos estadounidenses, algunos economistas calculan que podría totalizar 1,2 billones de dólares (con la banca de inversión); 250.000 millones las aseguradoras y otros 240.000 millones las entidades que cuentan con garantía federal. Según estimaciones realizadas con las cifras del Fondo de Garantía de Depósitos estadounidense a 31 de diciembre del pasado año, los créditos morosos de los bancos de EEUU alcanzaba la suma de 530.000 millones de dólares, superando los casi 400.000 millones que había un año antes.
El balance de la Fed tampoco se queda a salvo. El banco central tiene contabilizados activos hipotecarios y deuda de agencias gubernamentales por valor de 1,3 billones de dólares, aunque no todos serían tóxicos. Las masivas compras llevadas a cabo por la Fed para inyectar liquidez o salvar entes públicos en dificultades han provocado que desde dentro de la propia institución se cuestione en un reciente estudio del banco de la Fed de Nueva York esta política de adquisiciones.
"Mucha gente asume que todos esos activos mejorarán en 5 ó 10 años, pero eso podría ser erróneo", señala un analista, que sostiene que algunos instrumentos podrían incluso ser objeto de una mayor vigilancia en pocos años.
Lo sorprendente es que la banca ha resistido la crisis pese al tamaño de los activos tóxicos y al riesgo sistémico, que se llevó por delante la banca de inversión estadounidense. La intervención de la Fed para que los bancos más importantes sacaran de sus balances los activos más peligrosos, los planes de rescate y las inyecciones de liquidez fueron decisivos para evitar una crisis en todo el sistema financiero.
Una cuestión inevitable es si los bancos están ocultando la toxicidad. La reciente aparición del famoso Repo 105, el instrumento oculto utilizado por Lehman Brothers para inflar artificialmente los ingresos del banco quebrado, hace pensar lo que todo el mundo sabe en Wall Street: la manipulación contable siempre ha sido una constante de los bancos, al menos hasta ahora, en que los reguladores y supervisores parecían estar conformes con todo lo que hacían los laboratorios de contabilidad y finanzas de bancos y empresas.
Pero los analistas dudan que en estos momentos los bancos, deseosos de inversores y anhelantes de cambiar su deteriorada imagen, quieran jugar con sorpresas ocultas que pueden terminar conociéndose y provocar escándalos de consecuencias imprevisibles. Por otro lado, los "fondos buitre", que compran a precios hundidos activos tóxicos en manos del sistema, están consiguiendo hacer buenos negocios al tiempo que desarrollan una labor "higiénica" al quedarse con activos que casi nadie quiere.
Ahora todo depende de la evolución del mercado de la vivienda, cuyas ventas están empezando a crecer y también los precios en algunas zonas. Un mercado de la vivienda deprimido significa más ejecuciones hipotecarias, precios más bajos y más morosidad en el sistema, pero si empieza a frenar la caída y a recuperarse, los bancos, sobre todos los más grandes, es muy posible que ya "no estén tan inclinados a apostar" por la vivienda, ya se han quemado una vez".