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Publicado el miércoles 7 de abril de 2010
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ENMIENDA BLINDAJES

ACS, la teoría de la reacción en cadena

Un convencido Zapatero trata de evitar males mayores

Florentino Pérez Alberto Valverde.– Existe una teoría, con visos de ser algo más que hipótesis, de que detrás de las urgencias para aprobar la denominada enmienda anti blindajes (o 'enmienda Florentino') se encuentra la eventualidad de que la constructora ACS entre en una situación contablemente incontrolada si no consigue rentabilizar, en las cuentas de 2010, su inversión en Iberdrola, donde controla un 6,88% de forma directa y un adicional 4,86% a través de productos derivados. Su elevado apalancamiento de más de 10.000 millones de euros -con vencimientos en cascada en 2011 y 2012-, y una pérdida contable de casi 800 millones en su inversión en la eléctrica que preside Ignacio Galán, provocarían tal escenario si, amén de no conseguir una mejora en la cotización de su participada, no lograra entrar en sus órganos de gestión, inicialmente en su consejo. El objetivo sería, obviamente, consolidar por puesta en equivalencia su participación en la eléctrica y salvar, con números positivos, un ejercicio como el de 2010 que se presenta -a la vista de cómo va el año- harto difícil.

Como explica Marcos Celada en el artículo de portada de esta edición de capitalmadrid.info, las cuentas de ACS no salen en 2010, al menos de momento. Si ha salvado años tan difíciles como los dos anteriores, ha sido como consecuencia de los aportes extraordinarios derivados de la compra y venta de Unión Fenosa a un precio que, por muy poco, no permite calificarse de "político". No sucederá lo mismo en el 2010 y eso que, con inversiones de casi 200 millones de euros en sufragar, vía autocartera (acumula un 4,7%, según su última comunicación a la CNMV), el mantenimiento de su valor en Bolsa, todavía tiene un equilibrio patrimonial aceptable. Pero la empresa de Pérez, los March y los Albertos, se encuentra muy presionada por sus financiadores, que precisan que sus gestores ponga remedio cuanto antes a una situación que difícilmente puede mantenerse invariable en el tiempo. En caso contrario, azuzan, habría que adoptar medidas a plazo fijo.

Alguien importante (y no sólo Florentino Pérez y su pléyade de influencias políticas) ha convencido a la corte de Zapatero de que  la solución a esta disyuntiva se encuentra en la enmienda aprobada ayer por la comisión de Economía y Hacienda, que ha quedado incorporada a la Ley de Sociedades Anónimas y Auditorías, en trámite legislativo. Para sus defensores, la sola idea de que ACS pueda alcanzar su objetivo serviría para resolver tan complicada situación.

¿Cómo? En primer lugar, provocando lo que algunos llaman la "endesización" de Iberdrola. Esto es, la apertura de un proceso especulativo sobre los títulos de Iberdrola que elevaría su valor bursátil  a unos mínimos (en torno a 9 euros) en los que desaparecería, al menos parcialmente, el problema financiero de ACS. En segundo lugar, generando una situación en la que la eventualidad de un entendimiento entre Florentino y Galán permitiera a la constructora la ya citada consolidación contable y, en consecuencia, un cómodo cumplimiento de sus obligaciones de pago. Y, en un tercer orden, abriendo la vía para que, si fuera necesario, ACS vendiera -con el valor añadido que ha incorporado la enmineda- su paquete en la eléctrica a un tercero, muy probalmente una empresa extranjera, al que le trasladaría el problema y, quizá, el "pelotazo final" del asalto hostil sobre la eléctrica, según se mire.

El argumento final pasa por la extraña idea de que, o sucede todo esto que le contamos, o ACS se encamina al juzgado más cercano a ensayar la ley concursal. Con el país en ascuas, a punto de emular el modelo griego si Zapatero persiste en sus errores de bulto en materia de ajuste económico, a algunos miembros del Gobierno se le ha puesto la piel de gallina con la sola mención del concurso de acreedores. Produciría, según este ejercicio teórico, una reacicón en cadena que ni siquiera una central nuclear destornillada provocaría en su entorno ambiental. Con más de 100.000 empleos, directos e indirectos, dependiendo de la constructora, es obvio que numerosos intereses internacionales se frontarían las manos si algo parecido a este simulacro mosntruoso se produjera. ACS, cuentan, no se iría sola por el sumidero, aunque como contamos en esta misma página, no todas las constructoras se parecen a ACS. Ni mucho menos.

Obviamente, a Galán todo esta teoría le suena a música celestial y aunque ha retado a Pérez en todos los frentes, mantiene que sería un error trasladar los problemas de ACS a Iberdrola. La eléctrica triplica en casi todo a la constructora y se la merendaría en una tarde si el Gobierno (y el sentido común) se lo permitiera. Pero la cuestión no es esa. Con el apoyo del consejo (al menos, eso parece y nada indica lo contrario) y de un amplio engranje de intereses políticos, Galán mantiene que ACS es un competidor, amen de un especulador. Salvar el bolsillo de tres apellidos con cargo a las tarifas eléctricas no sólo es un error garrafal, es además un despropósito. En la reciente junta de accionistas de Iberdrola se dejó abierta la puerta de los Tribunales a ACS y es muy probable que esta cuestión se judicialice, al menos hasta la próxima junta de accionistas de la eléctrica, que no será hasta junio de 2011.

¿Tendrá tiempo Pérez para ganar la liga de Iberdrola? Quién sabe. De momento, hay muchos expertos, incluso algunos dentro de Iberdrola, que tienen una opinión clara sobre qué hacer con el problema de apalancamiento de ACS. En primer lugar, podría vender activos, que es lo que muchos han hecho en su caso. Y activos, tiene de sobra. Otra opción sería que los acreedores ejecutaran sus garantías y se convirtieran en socios accionistas de la eléctrica. Claro que el sector financiero no está para muchos trotes. Si así fuera habría que esperar a ver qué pasa. Probablemente, nada. Pero de esta forma es seguro que el exceso de riesgo se reduciría y hasta los acreedores cumplirían sus obligaciones con el Banco de España. Pero, claro, la cuestión es que, entonces, la escenificación del pelotazo planificado hace años, sería muy diferente. Y su desenlace , distinto al previsto por los que planificaron la especulación.

Y todo ello sin necesidad de hablar de lo que realmente interesa al accionista y al país, en general y con mayúscula si se quiere. Ya que, como demostró el caso Endesa, los intereres de ambos -accionistas y país- puede que no sean coincidentes.