Monitor de Latinoamérica
Los altos precios y la escasez de recursos refuerzan las posiciones nacionalistas
Latinoamérica ensaya nuevas fórmulas para controlar sus recursos naturales
Hasta Hugo Chávez adapta su postura maximalista a la realidad del mercado
La posición de la mayor parte de los Gobiernos latinoamericanos sobre los recursos naturales es favorable a tenerlos bajo control, aunque, en mayor o menor medida, con presencia de compañías extranjeras. Desde el venezolano Higo Chávez hasta el brasileño Lula da Silva, casi todos los dirigentes de la región no quieren repetir el pasado, cuando las riquezas naturales eran explotadas por firmas foráneas. Países como Brasil, Venezuela, Bolivia, Ecuador y México se reiteran en tener bajo control estatal las abundantes reservas energéticas nacionales, a pesar de los problemas de ineficiencia que acompañan a sus políticas, según muchos observadores Unos precios del petróleo relativamente altos y las escasas reservas de crudo disponibles en el mundo proporcionan a los dirigentes iberoamericanos una clara ventaja en cualquier negociación con una empresa extranjera, pero también les puede cerrar la posibilidad de acceder a la tecnología necesaria para desarrollar nuevos proyectos.
El caudillo bolivariano Chávez, probablemente el que mejor simboliza la tendencia nacionalizadora de los recursos naturales en la región, quizá inquieto por los problemas domésticos, ha suavizado su animadversión a la entrada de capital extranjero en el sector del petróleo para levantar la alicaída producción de crudo. Venezuela acaba de adjudicar a consorcios extranjeros, entre los que se encuentra Repsol, la explotación de dos bloques de la llamada Faja Petrolífera del Orinoco, cuyas reservas ascenderían a más de 500.000 millones de barriles, según cálculos del Servicio Geológico de Estados Unidos. "Nos interesa la alianza estratégica con empresas", dijo un Chávez vestido de civil en el anuncio de la licitación. "No nos importa la ideología política del gobierno que sea. Vuestras inversiones tienen todas las garantías y los beneficios de inversión y repatriación de capitales".
Bajo el lema "El subsal es nuestro", popularizado por el propio presidente Luiz Inacio Lula da Silva, Brasil lanzó el año pasado una reforma legal para aumentar la participación y el control de la estatal Petrobras en los ingentes depósitos de crudo que yacen en el Océano Atlántico, a varios miles de metros profundidad, por debajo de la capa salina, para cuya extracción se precisaría de cuantiosas inversiones. Si Chávez es un referente para el neopopulismo que ha llegado a varios países de la región por su discurso antiamericano y sus simpatías por la economía centralizada, la posición de Brasil, claramente distante de la Chávez y sus partidarios, cobra mayor relieve si cabe por su ascendente liderazgo como una de las economías emergentes de mayor éxito y proyección futura, según coinciden analistas.
La reforma legislativa que prepara el Gobierno de Lula para antes de las elecciones presidenciales de octubre permitirá a Petrobras ser la operadora de todos los nuevos proyectos con un participación mínima del 30 por ciento. Según observadores, el control de las nuevas reservas, que podrían convertir a Brasil en uno de los mayores productores de petróleo del mundo, va a ser un tema clave en la próxima campaña electoral brasileña.
En Ecuador, el más pequeño de los socios de la OPEP, el presidente Rafael Correa pretende que las empresas privadas firmen contratos que las convierten en proveedoras de servicios pagaderos con un porcentaje sobre cada barril extraído y acabar con el modelo de remuneración actual, basado en el reparto de los beneficios generados por los yacimientos.
Probablemente el caso más paradójico es el de México. Con un Gobierno conservador, el país azteca sigue sin lograr abrir el sector petrolero a la inversión privada, a pesar de la fuerte caída de la producción y de las reservas, lo que en algún momento podría hacer inevitable una rectificación de esa política, según algunos observadores. Las reservas mexicanas de petróleo y gas natural han bajado desde los 25.000 millones de barriles equivalentes de petróleo en el año 2000, hasta los 14.300 millones en 2008.