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Publicado el jueves 29 de abril de 2010
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Los mercados ya tenían prácticamente descontada la bajada de rating del Reino de España

La banca española adelgaza drásticamente su cartera de bonos de deuda soberana

El BBVA presume de rebajarla de 37.000 millones a 27.000 millones, aunque ignora el mayor coste de la financiación

FGÁngel Guzmán.– Sálvese quien pueda. Nada de los niños y las mujeres, primero. Lo que se echa por la borda con la mayor rapidez posible es la cartera de bonos de deuda soberana. Por si las moscas, que no está el patio para alegrías. Las inversiones en deuda soberana, que han permitido a las entidades financieras defender sus márgenes de intereses en momentos de tipos de interés históricamente bajos y de escasa actividad crediticia, están de capa caída. La situación de Grecia y el miedo a un contagio a otros países, como Portugal o la propia España, han encendido las alarmas en la banca. El primero en reconocerlo ha sido el BBVA, que en la presentación de resultados trimestrales ha admitido que en estos tres meses ha reducido su cartera de deuda soberana europea en 10.000 millones de euros, de 37.000 millones a 27.000 millones. Nada menos que un descenso del 27% Y que en el proceso ha obtenido unas plusvalías de 150 millones, que se han destinado a provisiones, no a resultados. Lo que no cuenta es el mayor coste que ahora tendrá su financiación como consecuencia del diferencial más elevado que tendrá que pagar en los mercados.

Manuel González Cid, director financiero del BBVA, señala que mantiene plusvalías latentes de 850 millones (600 millones al finalizar 2009), aunque éstas van a ser difícilmente materializables mientras persista la histeria de los mercados a cuenta de Grecia. Un tercio de la cartera europea de deuda soberana del BBVA está en bonos españoles. Desde el 31 de marzo, el bono español ha perdido un 2,4% de su valor, con el consiguiente impacto en las cuentas de los bancos que lo tengan en sus carteras.

El director financiero del BBVA asegura que la exposición del banco a deuda portuguesa o griega es "irrelevante en este momento". Pues menos mal, porque son los bonos que más fuertemente han caído. Aunque Manuel González Cid no ha querido precisar cuál va a ser la estrategia que va a seguir el BBVA con su cartera de deuda soberana europea, parece obvio que ahora mismo no va a ser precisamente compradora.

Y lo mismo otras entidades financieras españolas y europeas, aunque no hayan descubierto sus cartas. Una situación que complica la financiación del déficit español. Porque el año pasado la banca de todo el mundo, y lógicamente sobre todo la española, aplicó estrategias de compra masiva de deuda soberana para defender sus márgenes de intereses. Según el Banco Central Europeo, la banca española suscribió el año pasado unos 60.000 millones de euros en bonos del Tesoro.

Por cierto, que las entidades financieras españolas acumulan cerca de 1.820 millones de euros en bonos griegos en sus balances, muy por debajo de los 107.721 millones de euros invertidos por los bancos franceses y los 64.354 millones de euros de los bancos alemanes, según datos del Banco Internacional de Pagos (BIS, por su siglas en inglés).

A falta de los datos definitivos del primer trimestre, entre enero y febrero el sistema financiero español redujo su exposición a la deuda pública nacional en unos 15.000 millones de euros. Y la tendencia vendedora continuará, aunque puede frenarse si las ventas se realizan con pérdidas, que no están los tiempos para manchar aún más de rojo las cuentas de resultados.

En este proceso no ayuda nada la decisión de la agencia internacional de calificación Standard & Poor's (S&P) de rebajar la nota de la deuda española a largo plazo de AA+ a AA. Lo peor es la perspectiva "negativa", en la medida en que deja la puerta abierta a nuevas depreciaciones de la calidad del Reino de España si la posición fiscal evoluciona peor de lo previsto. La decisión se fundamenta en la revisión a la baja de las proyecciones macroeconómicas para España, cuyo cambio de un modelo de crecimiento económico basado en el ladrillo desembocará en un "periodo más prolongado de lo previsto de actividad económica débil".

"Pensamos que el PIB real crecerá a una tasa media anual del 0,7% entre 2010 y 2016, frente a nuestras anteriores previsiones de un crecimiento medio superior al 1%", augura el analista de S&P Marko Mrsnik, quien apunta que las nuevas previsiones indican que el PIB nominal de España recuperará el nivel de 2008 en 2015, dos años más tarde de lo previsto anteriormente. "Nuestra conclusión es que las difíciles condiciones económicas a medio plazo añadirán más presión sobre las cuentas públicas de España, por lo que serán necesarias medidas adicionales para respaldar la estrategia de consolidación fiscal del Gobierno y las reformas estructurales planeadas", añade.

El elevado endeudamiento del sector privado, que alcanza el 178% del PIB; la rigidez del mercado laboral, que podría llevar el desempleo hasta el 21% este año; la escasa capacidad de las exportaciones españolas, así como las presiones sobre la calidad de los activos del sistema financiero y la retirada por parte del Gobierno de las medidas de estímulo como parte del plan de consolidación fiscal para cumplir con el objetivo de reducir el déficit fiscal por debajo del 3% en 2013.

Aunque S&P estima que la banca española no va a necesitar más allá de los 27.000 millones de euros aún no utilizados disponibles a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob) hasta 2013, deja abierta la puerta a la posibilidad de que la necesidades del sistema financiero superen finalmente esa cantidad. Y precisa que la bajada de calificación de la deuda española "no tiene un impacto inmediato en los rating de los bancos españoles".

Pero "un periodo adicional de crecimiento débil" agudizará los males que afectan a la banca española, muy afectada "por la concentración excesiva de los créditos morosos en el sector de la construcción". Por ello, recomienda observar "de cerca" cómo la corrección de estos desequilibrios económicos afecta al crédito y a la capacidad de los bancos para absorber la morosidad y "la considerable acumulación de activos problemáticos". Otro dato a seguir es el "impacto de un entorno operativo menos favorable, con un bajo crecimiento del volumen de negocio y mayores costes de financiación".

La decisión de S&P ya estaba descontada por los mercados, aunque no por ello deja de ser una mala noticia. La clave va a estar en si va a ser secundada por Fitch y por Moody's. Aunque éstas no sigan los pasos de S&P, lo que es evidente es que se va a encarecer la financiación de toda la economía española, no sólo de la deuda pública, y que va a ser más complicado captar capital exterior. Todo va a depender de la capacidad del Gobierno de hacer creíble su plan de ajuste. Sin reforma laboral y con la reestructuración del sector financiero todavía pendiente, los mercados van a acentuar su presión sobre España.

Aunque no sea Grecia. Ni siquiera Portugal. La próxima bajada de rating tiene a Irlanda como candidato principal. Ya lo dice el refrán: mal de muchos, consuelo de tontos.