ANÁLISIS
La rebaja de Grecia y Portugal se orienta hacia España
De la Vega arremete en Nueva York contra las agencias de calificación
Pese a la arremetida de ayer contra las agencias de calificación de riesgos por parte de la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, la rebaja de la calificación del riesgo soberano de Grecia y Portugal, supone una llamada de atención para España. Los argumentos para rebajar la calificación de Portugal son claros y parece que en un segundo paso podrían aplicarse a España: la nota de prensa de S&P justifica la decisión por el alto nivel de deuda pública, la debilidad de las perspectivas económicas portuguesas, y el riesgo de creciente de desbordamiento del déficit público al que se enfrentan las autoridades portuguesas. Salvo el nivel de deuda español, en la actualidad veinte puntos por debajo de la media comunitaria, el resto de argumentos se pueden aplicar a España y algunos casos con agravantes.
Son los mismos argumentos que utilizaba el profesor de Harvard, Ken Rogoff, en sus declaraciones a la agencia Bloomberg cuando estimaba que España se encuentra entre los países más vulnerables en la situación actual por lo que concluía que era posible que tuvieran que someterse también a un programa de saneamiento del FMI. Lo nunca visto, si nos atenemos a los años vividos desde la transición.
Según Rogoff tener que aplicar o no el programa dependería sobre todo de dos aspectos, la voluntad política para recortar los gastos del presupuesto y de las cifras del déficit. En cuanto a estas últimas, la clasificación es preocupante, sobre todo por lo que nos afecta: Irlanda 14,3%, Grecia, 13,6, España 11,2 y Portugal 9,4.
No están claros en cambio los argumentos de la vicepresidenta cuando dice que produce cuando menos cierta dosis de perplejidad escuchar que algunas agencias intenten erigirse de nuevo en albaceas de la pureza económica y cuestionar los pilares sobre los que se sustenta nuestra economía. De la Vega vuelve de nuevo a acogerse al soniquete de que son estas mismas las agencias que fallaron estrepitosamente a la hora de prever la crisis.
De la Vega llevaba muy bien escritas las notas que leyó: pese al impacto de la crisis, el descenso de la economía española durante el último año ha sido del 3,6 por ciento, menor que la media de la zona euro, que se ha situado en el 4 por ciento. Y también menor que el de países como Alemania, Reino Unido o Italia, donde ha sido del 4,9 por ciento. Pero se olvida la vicepresidenta de dos cuestiones clave: que España ha destruido el doble de empleos que el conjunto de los grandes países de la Unión, pese a caer menos su crecimiento y que en las previsiones de recuperación, España siempre figura como el patito feo de la clase comunitaria.
A ello se debe añadir otro aspecto sobre el que vienen alertando los bancarios españoles en los últimos meses y que ayer volvió a reiterar el director general del Banco Popular, Jacobo González Robato, el Gobierno tiene que presentar un plan de ajuste económico creíble, que además sería muy bienvenido en los mercados internacionales ante las dudas sobre la capacidad del país para reducir su alto déficit público.
El número dos en la práctica del Banco Popular, pese a que no haya podido ser nombrado todavía consejero delegado, añade que la crisis griega es un toque de atención para nuestro país. Y aconseja que cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar pese a que ese vecino esté lejos y sea distinto.
La justificación de la rebaja de tres escalones de la deuda griega, hasta la categoría de bono basura por parte de la agencia, debería decirnos algo. Porque en el caso griego argumenta que las dificultades políticas, económicas y presupuestarias que sufre en la actualidad exige rebajar el nivel de solvencia de los helenos. Hubiera podido decir de los españoles.