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Publicado el martes 27 de abril de 2010
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TENDENCIAS

 

Fainé-Rato, el futuro pasa por ellos

Isidre FainéTendencias.– Cuentan que cuando el pasado día 19 fue elegido el presidente de La Caixa, Isidro Fainé, como máximo responsable de las cajas de ahorros, tanto él como el presidente de Caja Madrid, Rodrigo Rato, y algún otro, tenían meridianamente definida la hoja de ruta que va a marcar el futuro de las cajas de ahorro españolas en los próximos años. Ese documento virtual contaba con la anuencia de Rodríguez Zapatero, quien no tuvo mayores complicaciones -como en él es habitual- de modificar sobre la marcha la estrategia que semanas antes habían consensuado el PSOE y el PP para que el sucesor de Quintás fuera el presidente de Ibercaja, Amado Franco.

Hoy, tras el nombramiento de Fainé, las cajas -al menos algunas de ellas- tienen más futuro que hace un par de meses, aunque ese futuro no se va a parar en el proceso de reestructuración en el que anda metido actualmente el sector, entre otras razones porque muchas de ellas, tras las fusiones, seguirán siendo, en opinión de muchos, difícilmente viables en el medio y largo plazo a pesar de las ayudas del FROB -que por cierto hay que devolverlas- y de cuantas integraciones virtuales tipo SIP se le ocurran al regulador sacar adelante.  

El sector financiero, tras la crisis que todavía acogota a buena parte del mundo, se enfrenta a un exigente cambio impuesto por los países que lideran el G-20 y que supera con mucho las posibilidades que ofrece la fusión de media docena de cajas de ámbito comarcal o provincial. De todo ello se está ocupando el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, que lleva trabajando más de una año para sustituir el actual acuerdo de Basilea II por el nuevo Basilea III, con objeto de endurecer las actuales normas vigentes en materia de capitalización, recursos propios y demás ratios de solvencia. En vulgar paladino, ello supone incrementar las exigencias de capital a  las entidades financieras para cubrir futuros riesgos, producto de inversiones arriesgadas por las que se han cobrado comisiones y márgenes mucho más elevados que en las inversiones poco arriesgadas, lo que multiplicaba sustancialmente la rentabilidad sobre sus recursos propios. 

Dejando al margen la enorme complejidad y críticas que genera una modificación de estas características sobre el sistema financiero internacional, en ese horizonte emerge la figura de las cajas de ahorro españolas, que en opinión de muchos analistas pueden encontrarse con graves problemas para ajustarse a las exigencias contempladas en las futuras normas de Basilea III, salvo que sobre ellas se practiquen políticas activas que afecten profundamente a sus actuales estructuras. Ese será el momento de gloria de Fainé y de Rato y cuando adquirirá pleno sentido los cambios de la CECA.

El supervisor español -el Banco de España- debería recibir a lo largo de este mes de abril los resultados de unos ejercicios prácticos que encargó a una serie de entidades financieras que permitirán conocer los efectos de la nueva regulación sobre estas entidades. Una vez analizadas, las enviará a Bruselas y a Francfort con objeto de que se implanten en 2012 o 2013.

Este es el escenario en el que van a tener que jugar su definitivo partido las cajas de ahorro españolas y todo parece indicar que la gran mayoría de ellas pueden tener dificultades para afrontar los exigentes retos de lo que será Basilea III.

Los resultados de los tests de fuerza planteados por el Banco de España van a ofrecer una clara idea del impacto que las nuevas normas van a tener sobre el sistema financiero español y por lo que se conoce de aproximaciones realizadas por J.P. Morgan y Credit Suisse parece claro que las grandes entidades financieras españolas van a poder encajar el golpe, aunque no pueda decirse lo mismo de otras de menor tamaño.  Por ejemplo, el informe elaborado por J.P. Morgan ponía de relieve que Santander y Banco Popular son dos de los bancos europeos que menores necesidades de capital van a tener. Por su parte, el estudio de la entidad suiza concluye que Santander tendría un exceso de capital de 13.000 millones de euros y BBVA, de 6.500 millones.

Otra referencia es un estudio realizado por BNP Paribas en donde se afirma que la puesta en práctica de Basilea III supondría para algunos bancos europeos una merma en el capital de máxima calidad del 42% y que la ratio de core capital algunas entidades podrían verlo reducido a la mitad.  

Otra cosa es el hecho de que un endurecimiento excesivo de la norma puede contraer aún más la concesión de crédito y por ello puede que las nuevas exigencias de capital y solvencia se implementen de forma paulatina para no lastrar la débil recuperación económica, aunque una cosa parece clara: el efecto sobre entidades estructuralmente débiles se dejará sentir de forma más o menos intensa. Es una decisión política y en todo ello está en juego el dinero de los impositores.

Obama ha vuelto a lanzar un serio aviso a la banca norteamericana que durante muchos años inyectó descontroladamente financiación a economía mediante préstamos arriesgados y posiciones especulativas, sin tener la obligación de arriesgar su propio capital en ese juego. Eso es lo que se trata de evitar en el futuro y no deja de ser un aviso a navegantes que han estado presentes en la elección de Faine al frente de la CECA.

Y en este complicado proceso y volviendo al plano doméstico, dos políticos han quedado en posición desairada: los secretarios de economía del PSOE y PP, Octavio Granado y Cristóbal Montoro, quienes habían negociado un nombre que nunca podía salir, sobre todo cuando en el proceso de reforma de las cajas hay multimillonarias cantidades de euros para engrasar el proceso y todo salga bien...para Cajamadrid, la Caixa y alguna otra.

Post-it

Acuerdo de Capital de Basilea: El Comité de Basilea, creado por los gobernadores de los bancos centrales de los países del G10 en 1974, aunque no tiene formalmente autoridad supervisora en el ámbito supranacional, elabora recomendaciones y directrices que las autoridades de supervisión llevan a la práctica en su ámbito nacional. Las normas que trata de consensuar el Comité giran en torno a la fijación de unos requerimientos de capital mínimo a las entidades financieras, a determinar la adecuación de su capital a los riesgos asumidos y la revisión por el supervisor de dicho proceso y medidas prudenciales de los supervisores y a la transparencia en la información facilitada al mercado para que éste pueda ejercer su función de disciplina.

En la actualidad, el Comité de Basilea está revisando el marco del último acuerdo -Basilea II- como una reacción a la crisis financiera actual y con objeto de adecuar los procesos y comportamientos del sistema a la realidad, e impedir que se vuelva a repetir una situación como la que se generó hace algo más de dos años. En síntesis, lo que se pretende es alinear el cálculo de los requerimientos de capital de los bancos con las mejores y más avanzadas prácticas de gestión de los riesgos y de esta forma contribuir a una mayor estabilidad del sistema financiero internacional.

Tendencias es una publicación on line de análisis socioeconómico de periodicidad semanal y de carácter restringido que edita Carlos Díaz Güell.