Caja única gallega
La esperanza es lo último que se pierde
Cuatro rondas negociadoras no muestran avances
El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, proclamó ayer que la fusión entre las dos cajas gallegas (Caixa Galicia y Caixanova) es "posible y factible", ya que los negociadores de las dos entidades le han transmitido que hay "avances" en las conversaciones. Admite que "lo normal" al inicio de una negociación es que haya "dos posturas", y que el objetivo del diálogo abierto es lograr que "ambas converjan en una", que sería la quinta caja de ahorros de España, que defienda "los intereses generales" de los gallegos.
Mañana por la tarde se celebrará la quinta ronda negociadora, con dos visiones muy diferentes sobre la marcha de las conversaciones y, desde luego, muy lejos del optimismo del presidente de la Xunta de Galicia. Para Caixanova, "no hay avances ni cesiones" por su parte, y la clave de si la operación saldrá adelante está en si la fusión es "solvente" y si Caixa Galicia acepta una operación liderada desde Vigo. Caixa Galicia, en cambio, advierte "algún progreso" en el terreno del reparto del reparto de poder y sigue insistiendo en que la fusión debe ser "paritaria".
"Una cosa es hablar y otra avanzar", admiten en ambas partes tras cuatro reuniones en Santiago, porque "no hay nada significativo", y "mucho menos acuerdos cerrados". Así, desde Caixanova niegan un acuerdo para que la caja única de Galicia tenga su sede fiscal en Santiago y la operativa compartida entre Vigo y A Coruña. También rechazan que se haya rebajado el coste previsto de la fusión a 1.162 millones de euros (KPMG habló de 1.190 millones, Caixa Galicia, de 1.300 millones, y Caixanova, de más de 2.000 millones). Esos 1.162 millones equivalen al 2% de los activos ponderados por riesgo, el tope fijado por la Unión Europea.
Tampoco hay acuerdo en las sucursales que habría que cerrar (KPMG calculó 280). Según algunas informaciones, serían 200, pero al mismo tiempo se habla de un intento de venta al Santander de 300 oficinas (con negocio y plantilla) fuera de Galicia). Ni en que se reduzca el coste humano de la fusión a algo más de un millar de empleados a través de prejubilaciones y bajas incentivadas.
Y el cálculo de 1.200 millones de plusvalías por la venta de participaciones para reducir la factura no despierta unanimidad precisamente. De momento, Caixanova ha blindado su participación del 30% en el grupo de telecomunicaciones R. El fondo CVC ha comprado el 35% de R por 236 millones a los accionistas minoritarios. Una operación que para Alberto Núñez Feijóo "non é unha boa nova para Galicia", lo que no necesita traducción, y además pone en duda que una caja más grande proteja mejor los intereses de las empresas de la autonomía.
Hay dudas sobre si la entidad resultante de la fusión sería más solvente que Caixanova y Caixa Galicia por separado. Entonces, ¿qué sentido tendría la integración?
Tampoco hay acercamiento de posturas en el reparto del poder. Caixanova habla de 19 consejeros suyos y 6 seis de caixa Galicia, la presidencia y la dirección general, con un período transitorio de cinco años, más la modificación de la Ley gallega de Cajas. Caixa Galicia propone una copresidencia y una dirección general adjunta.
Pues menos mal que hay "avances". Claro que la esperanza es lo último que se pierde.