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Publicado el jueves 22 de abril de 2010
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ANÁLISIS

El desmadre eléctrico: a lo loco, cuesta abajo y sin frenos

El lobby fotovoltáico airea un globo sonda con la complacencia de Industria

Alberto Valverde.– El lobby fotovoltáico de este país, formado por una almagama de intereses variopintos de fondos internacionales de capital riesgo, financieros y empresarios oportunistas e importadores de bienes de equipo con negocios personales en China, está que trina. Ante la evidencia de que tiene perdida la batalla a medio y largo plazo, dada la escasa rentabilidad de sus proyectos en un panorama excedentario de producción eléctrica, sus agoreros han puesto en marcha la máquina de la intoxicación y de los rumores. Eso sí, con la complacencia ingenua del Ministerio de Industria, cuyos técnicos energéticos comprueban con pavor que las cifras hace tiempo que no cuadran. Y además con márgenes de error de varias decenas de miles de millones de euros. Para remediarlo, y ante el temor de que las empresas afectadas pongan el grito en el cielo, no se les ha ocurrido otra que cosa que meter miedo, para después poder marcha atrás. El resultado es patético. Es decir, han conseguido cabrear a casi todo el mundo sin que nadie sepa a ciencia cierta, en estos momentos, si realmente están haciendo o están pensando hacer algo para poner coto a lo que ya se conoce como el 'desmadre eléctrico'. 

La cuestión no merecería más de un par de líneas de comentario si la 'santa alianza fotovoltáica', con sus empresas hundiéndose en Bolsa y con los proyectos acumuládose uno a uno en el baúl de los despropósitos, no hubiera tenido un éxito parcial a la hora de confundir al mercado. Al menos, en la jornada de ayer. Inspirado por un rumor matutino en torno a la eventualidad de que el Gobierno español emuiara al bolivariano de Hugo Chávez, dando marcha atrás con retractividad a las primas a las energías renovables, el mal denominado mercado castigó duramente a la Bolsa española -sobre todo a las empresas constructoras y eléctricas que apuestan por las energías renovables- bajo el peregrino argumento de que el Ministerio de Industria estaba estudiando un nuevo sistema de retribución al sistema eléctrico que pondría término a los mecanismos de incentivos para "todas" las energías renovables. Además, continuaba el dislate, la introducción del nuevo sistema se haría con efecto retroactivos. Es decir, descontando a las empresas el dinero ya percibido como estímulo o prima a la producción eléctrica con fuentes renovables.

La falta de entusiasmo a la hora de desmentir tales rumores por parte del Mnisterio de Industria -que se limitó a decir que nada había decidido al respecto- contribuyó a acrecentar las sospechas en ambos sentidos, tanto en los que le convenía creer los intencionados rumores como los que señalaban que se trataba de un globo sonda para "testar" la opinión de las empresas afectadas. Como caldo de cultivo de la displacencia oficial, se escondía el hecho de que en el entorno de los técnicos de Industria no había sentado nada bien que algunos responsables del sector -como Pedro Rivero, de Unesa, y Salvador Gabarró, presidente de la tercera eléctrica del país, Gas Natural Fenosa, coincidieran horas antes en reclamar un cambio en el modelo eléctrico dada la ineficacia del existente. Ambas quejas, muy mesuradas, se basan en un hecho incuestionable: según los últimos datos del regulador eléctrico, la CNE, el déficit tarifario se había elevado a 4.165 millones de euros en el ejercicio de 2009, pese al compromiso legal del Gobierno de reducirlo a menos de 3.000 millones.

Con esos datos oficiales ya definitivos, resulta que la cifra a la que se eleva la diferencia entre lo percibido en concepto de tarifas por el conjunto del sistema eléctrico y sus costes reales (lo que se conoce como déficit tarifario), supera un acumulado de 20.000 millones de euros desde que se inició el proceso; es decir, que las empresas ya han 'activado' (que bonita palabra que recuerda a los años que las empresas hacían lo mismo con la deuda) un apunte contable en sus balances casi equivalente a la cifra (23.000 millones) que el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que necesita de ayuda por parte del Gobierno el conjunto del sistema financiero español. Y todo ello en un momento en que tanto el Gobierno como el sector privado pueden comenzar a tener problemas de financiación -o a pagar precios dferenciales más elevados-  en los mercados internacionales como consecuencia de la crisis griega y de las que vengan.

Resulta obvio que el sistema eléctrico español requiere una nueva redefinición. Con un parque excendentario en generación -y no sólo por el parón producido en la demanda como resultado de la crisis económica- hablar ahora de introducir nuevas energías como las fotovotáicas o las termosolares, cuyos costes por kilowatio instalado y generado supera hasta ocho y diez veces el del la energía alternativa más cara, no sólo es un despropósito, sino también una temeridad. El Gobierno, como ya hacen las empresas, deberían hacer una distinción clara entre lo que son energías renovables rentables y las que no lo son, y probablemente nunca lo serán si no se producen saltos cualitativos en su desarrollo tecnológico. No es lo mismo primar la energía eólica o incluso el consumo de carbón por motivos sociales que dar un cheque en blanco a las energías basadas en el sol y que, de momento, su desarrollo en España sólo beneficia a los importadores y fabricantes chinos de bienes de equipo. Unos bienes de equipo, por cierto, obsoletos y de baja calidad, con un elevado coste de reposición si se rompen, y que han convertido a España en el banco de pruebas de todo el mundo, con el consecuente alborozo de nuestros socios comunitarios. Por no decir, de Barak Obama, que ha dejado a su amigo Zapatero que "invente" a ver que tal resulta...

Pero en esas estamos, y nadie sabe se explica por qué. Unos dicen que se trata del empecinamiento de Zapatero, que de esto sabe tanto como de Política Económica en los días previos a recibir unas cuantas clases por parte de su ex ministro de Administraciones Públicas, hoy pasado a la oposición intelectual con todos sus bártulos. Y otros consideran, con mejor criterio, que aquí, en nuestro país y en plena crisis, hay unos cuantos listillos que han basado el éxito de sus empresas y de sus negocios particulares en la subvención pública a gran escala, con cifras que superan los miles de millones de euros. Empresas que se constituyeron en el final del boom inmobiliario y que miraron, no sabemos si influyendo en la elaboración de la normativa, hacia el BOE como tabla de salvación para sus apalancadas aventunturas. 

El Gobierno debería hacer una distinción, para que la ciudadanía se aclare, entre las diferentes energías renovables, las que tienen visos de ser rentables, como la eólica, y las que de momento deberían estar a la espera de una mejor ocasión. Claro que Industria ya cometió un grave error, en tiempos del anterior secretario de Estado de Energía, abriendo la espita de lo que se conoce como el registro solar y, claro, ahora, como entonces, no sabe cómo dar marcha atrás. De hecho, el número de megawatios autorizados al albur de las primas es ya tan disparatado que necesitaríamos dos o tres boom económicos para, algún día, poder aprovechar toda su potencia. Claro que siempre podemos construir un cable submarino y, con un poco de imaginación tecnológica por parte del CEDETI que permita reducir las pérdidas en el transporte, exportar la energía excendentaria a Estados Unidos. O a Venezuela, que anda muy mal de corriente. Eso, siempre que no se acelere el cambio climático, y nos quedemos sin sol.