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Publicado el lunes 19 de abril de 2010
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Monitor de la Construcción

La crisis apenas repercute en los contratos externos de las empresas

La actividad exterior se mantiene

En 30 años, la facturación ha pasado de dos millones a 10.000 millones de euros

Ferrovial ampliará el aeropuerto de Heathrow Ignacio Mulas.– En 1974, la actividad exterior en construcción de las pocas empresas españolas que se habían atrevido a empezar a competir fuera de España alcanzó una facturación de apenas el equivalente a dos millones de euros. Veinte años después, en 1994, ya había bastantes más empresas en liza y la facturación superó por primera vez el equivalente al millón de euros. A finales del pasado ejercicio, esta facturación de exportación española en construcción superó los diez mil millones de euros y representó el equivalente  al 6,8% de la producción nacional en construcción, que fue de 163.660 millones de euros. Y lo que es más significativo, si en 1974 la cartera existente ya contratada estaba en el equivalente a 35 millones de euros, a finales de 1009 estaba en 15.439 millones, contratación que desde 1996 ha sido, año tras año, superior a la facturación. La actividad exterior de las constructoras españolas ha dejado de ser hace tiempo una actividad residual para convertirse en un elemento fundamental del negocio y una aportación esencial a sus resultados anuales.

Hasta principios de los años noventa la actividad exterior en construcción se caracterizó por un elevado grado de volatilidad y por un acusado carácter anticíclico frente a las arritmias que golpeaban de modo constante el mercado interior. En congruencia con este planteamiento defensivo de las pocas empresas que se atrevían a competir fuera con enormes dificultades frente a las entonces muy poderosas empresas francesas, americanas, brasileñas o alemanas, las ofertas españolas presentadas a proyectos en el exterior incluían solo la construcción y, a lo sumo, la conservación.  Desde entonces las empresas exportadoras españolas ha culminado un enorme esfuerzo comercial dirigido no solo a los mercados emergentes y a Latinoamérica, sino a los países los más desarrollados, que ha propiciado una singular penetración en los mismos, ha alcanzado un éxito sin precedentes en el mercado de las concesiones y ha permitido la actual diversificación hacia nuevos productos y actividades.

Hoy la exportación es una de las señas de identidad de las grandes constructoras españolas. El grado de excelencia alcanzado en su gestión ha permitido que en los últimos diez años hayan liderado alternativamente y de manera continuada los dos primeros puestos mundiales (ACS y Ferrovial) por proyectos concesionales gestionados en el mundo, y que el resto de grandes empresas -incluyendo alguna de las no cotizadas- se sitúen entre las diez primeras del mundo. Los proyectos en joint venture, las concesiones y los contratos "llave en mano" son cada vez más frecuentes en la cartera exterior de estas empresas. Se ha cambiado de "construir, cobrar y volverse" a la permanencia en los países donde se contrata.

Esta vocación de ganar peso en el exterior culminó hace ya años en un proceso dirigido a dotarse de los recursos suficientes y el tamaño adecuado por medio de fusiones y adquisiciones que, si en el primer caso parece muy consolidado -aunque no hay que descartar en el futuro nuevas fusiones-, en el segundo se mantiene activo, ya que en los últimos años muchas de las grande constructoras españolas han venido adquiriendo empresas de muy distinta nacionalidad para asegurar aún más su permanencia y éxito en muchos de los países donde operan o donde han detectado nuevas oportunidades de negocio. 

Con estos mimbres, la pujanza de la exportación en construcción española ha conseguido sortear en gran medida la crisis mundial que ha afectado singularmente a los grandes proyectos de inversión en infraestructuras. La facturación alcanzada en este segmento ha alcanzado en 2009 los 11.176 millones de euros, apenas un -0,5% menos que lo facturado el año anterior. Esta facturación se ha multiplicado por más de cuatro veces y media sobre lo alcanzado hace diez años. La contratación en el exterior se ha situado en los 15.439 millones de euros, que si bien se reduce en un -19,6% sobre lo contratado el año anterior, permite mantener un aceptable nivel de actividad, en línea con los singulares aumentos de la misma acumulados en la última década. En cualquier caso continúa siendo superior en el año a la facturación, lo cual asegura un nivel importante de actividad para al menos los dos próximos ejercicios.

La distribución de la contratación ha cambiado sustancialmente desde los años noventa. Entonces Latinoamérica era el destino preferido para las empresas españolas y, en general, los países emergentes en los que el riesgo de impago de los trabajos realizados estaba más o menos asegurado por organismos financieros internacionales dedicados a ayuda al desarrollo. Ya en la segunda mitad de los noventa y en la primera década de este siglo nuestras empresas han competido con éxito en todo el mundo consiguiendo contratos en dura liza en Canadá, Estados Unidos, Panamá, India o Extremo Oriente, incluso en Australia. Y desde hace unos años, a partir de las sucesivas ampliaciones de la UE, han irrumpido con fuerza en Europa, aprovechando con mucha efectividad su acumulada experiencia en sacar adelante en tiempo y forma proyectos financiados por los fondos de ayuda comunitaria a los nuevos países integrados en la Comunidad, convirtiendo esta área geográfica en un "coto de caza" preferente. 

En 2009 la actividad internacional ha continuado centrándose en su mayor parte en Europa donde se concentró más de la mitad el total (56%) y sobre todo en los países de la UE que representaron el 54% del total. En el continente americano se concentró el 33% del total (América central y del Sur el 17% y América del Norte y Canadá el 16%). El restante 13% se repartió entre África, Oriente Medio, Asia y Oceanía. Y la distribución de la facturación en 2009 también se ha concentrado en Europa con el 65% del total (el 62% en países de la UE) y en América del Norte y del Sur con el 24%.

Detrás de estos éxitos están empresas del tamaño adecuado y una suficiente capacidad de trasmitir confianza para alcanzar la financiación necesaria; no hay que olvidar que estos proyectos se realizan siempre con un importante recurso a deuda financiera que obliga a asumir apalancamientos importantes. Pero sobre todo hay equipos humanos de singular capacidad y experiencia, tanto en el ámbito de proyectos y técnicas constructivas como en el jurídico, en el de nuevas tecnologías aplicables y en el de sistemas de financiación a largo plazo. Todo ello tiene, además, un efecto muy importante para la buena salud de la economía nacional ya que constituye una aportación relevante a la corrección del desequilibrio crónico de nuestra balanza exterior.