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Publicado el lunes 19 de abril de 2010
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Japón ha duplicado su peso en deuda pública española en esta década

El Tesoro acude a Asia para tranquilizar al 20% de todos sus inversores extranjeros

China necesita imperiosamente diversificar unas posiciones demasiado centradas en el dólar

Soledad NuñezMiguel Ángel Valero.– Oficialmente, es una visita más, rutinaria, que el Tesoro realiza periódicamente para estrechar lazos con los inversores actuales y potenciales en deuda pública española. Pero el viaje de una delegación del Ministerio de Economía y Hacienda encabezada por la directora general del Tesoro, Soledad Núñez, a Japón, China, Hong Hong y Taiwán, con encuentros previstos con inversores institucionales de estos países, se produce en plena crisis de Grecia, con las especulaciones sobre el plan de rescate, y tras el éxito de los road show realizados en Londres (con la vicepresidenta económica del Gobierno, Elena Salgado, y el secretario de Estado de Economía, Juan Manuel Campa), París, Nueva York y Boston (Campa, en solitario) para frenar el impacto de esa situación en la deuda pública española.

Francia se mantiene como el principal comprador de deuda pública española, pero su posición de primacía se ve cada día más amenazada por el dinero asiático. China tiene ya el 10% de la deuda española en manos extranjeras. Y Japón, el 9%, lo que supone que prácticamente ha duplicado su peso en esta década, aunque en 2008 llegaba al 11%. En total, Asia supone, en febrero, el 20% del dinero extranjero invertido en deuda pública española, frente al escaso 2% que representaba cuando comenzó el siglo XXI y el 12% que tenía en 2008.

El equipo de Soledad Núñez busca, por un lado, tranquilizar a los inversores asiáticos sobre la situación real de la economía española y su capacidad de hacer frente a sus compromisos de pago de la deuda. En definitiva, marcar distancias con Grecia, que acudió a China en busca de ayuda, y que recibió una negativa por respuesta. En este sentido, no ayudan unas palabras del vicepresidente del Banco Central de China, Zhu Min, sobre que Grecia es sólo la punta del iceberg. Algunos medios de comunicación chinos parecen seguir la línea de los británicos y aseguran que "la mayor preocupación de la Eurozona es, obviamente, España".

Pero el otro gran objetivo de ese viaje a Asia, oficialmente uno más, es captar nuevos inversores. El Tesoro español cuenta con la ventaja de la necesidad que tiene China de diversificar todo lo posible sus inversiones internacionales, ya que están peligrosamente concentradas en el dólar. De sus reservas de 2,4 billones de dólares, China tiene 800.000 millones, la tercera parte, en bonos del Tesoro norteamericano. El superávit comercial y exterior de China está generando un nivel de ahorro difícilmente gestionable, un exceso de reservas que busca lugares seguros para invertirlo.

Una vía de diversificación es la inversión en deuda pública española, nominada en euros, todavía en mejor posición que el dólar pese al impacto de la crisis griega. Para atraer el dinero asiático hacia la deuda pública española, Soledad Núñez y su equipo acuden a Extremo Oriente pertrechados de argumentos en forma de datos. Por ejemplo, que el inversor extranjero no tiene miedo a España. En febrero, los no residentes poseían 215.946 millones de euros en títulos del Estado, lo que representa el 48% del volumen total. En 2003, ese porcentaje era el 36,3%.

Y los inversores asiáticos, especialmente los chinos, han pasado de tener cerca del 10% de la deuda española en 2008 a casi el 20% en febrero, situándose sólo por detrás de Francia, que en el mismo período ha pasado del 22% a superar el 25%. En el año 2000 China apenas tenía el 0,04% de la deuda pública española. En 2008 ya era el 5%. Y ahora se ha duplicado.

Tiene sentido ese incremento. En Asia los principales inversores son los fondos soberanos y los bancos centrales. Éstos no suelen ser especuladores sino que invierten a largo plazo y hasta el vencimiento, y son menos proclives a movimientos histéricos y a dejarse llevar por los rumores que el dinero caliente o el que sólo opera en el muy corto plazo.

Además, los bancos centrales han aumentado su presencia en deuda pública española. En 1999 era el 2,4% de toda la inversión procedente de no residentes. En 2008 ya alcanzaba el 24%. Y en febrero (último dato oficial disponible) ascendía al 33,66%. También las familias y, especialmente, las empresas confían en la deuda pública nacional y han aumentado sus posiciones hasta el 27,5%, con lo que supone de incremento de la diversificación de inversores, reduciendo la concentración en los institucionales.

Más argumentos: las agencias internacionales de calificación Moody's y Fitch mantienen el rating de la deuda pública española a largo plazo en máximos (AAA), aunque Standard & Poor's lo haya bajado un escalón, a AA+. El Tesoro subraya que ninguna de las tres agencias ha cambiado la calificación sobre la deuda pública española desde la última revisión efectuada por S&P el 19 de enero de 2009, y que Moody's calificó a la economía española como "resistente" (la mejor categoría entre las economías calificadas como Aaa) y reafirmó esta opinión en febrero. Por su parte, Fitch también consideró en febrero que la economía española seguía ofreciendo garantías para que su deuda soberana reciba la máxima calificación.

Esto explica que, pese a las turbulencias financieras con epicentro en Grecia, el Tesoro español haya conseguido reducir sus costes de financiación. La última emisión de bonos a tres años, por 2.900 millones de euros, se colocó sin problemas pese a pagar un precio inferior (tipo de interés marginal del 20,3%) al de la subasta anterior, realizada en febrero (2.517 millones) y que sí notó el impacto griego: el tipo fue del 2,662%, frente al 2,15% de diciembre. Pero es que la demanda ascendió a 5.211 millones de euros, nada menso que 1,8 veces la oferta.

Por último, pero no por ello menos importante, el Tesoro público asegura que "no existen factores de riesgo que puedan afectar a la capacidad del Estado para hacer frente a sus compromisos como garante soberano", pese a que afrontará este año vencimientos de deuda por valor de 95.000 millones de euros, lo que supone el 23% del total. "No hay acontecimiento reciente alguno relevante que afecte negativamente a la solvencia del garante, a los efectos de valorar la capacidad de pago de sus obligaciones", añade el informe de la Dirección General del Tesoro y Política Financiera.

De estos 100.000 millones, alrededor de 80.000 millones son vencimientos de letras del Tesoro   Por otro lado, el Tesoro prevé que los vencimientos se reduzcan prácticamente a la mitad en 2011 respecto a este año y ronden los 50.000 millones. De este importe, unos 5.000 millones de euros corresponderán al vencimiento de letras, con lo que el grueso recaerá en los bonos y obligaciones. Ambas categorías de deuda volverán a acaparar la práctica totalidad de estas liquidaciones en 2012, año en el que las cifras serán levemente inferiores, y en el que no se producirá ningún vencimiento de letras.