ANÁLISIS
El Pórtico de la fusión
Núñez Feijóo se la juega con la fusión de las cajas
Alberto Núñez Feijóo se ganó, merecidamente, fama de buen gestor tanto en Correos como en el Insalud. Pero ese prestigio de gestor, muy alejado del perfil de otros presidentes autonómicos, especialmente de algunos y algunas de su propio partido, está en entredicho precisamente ahora que el máximo responsable de la Xunta de Galicia cumple un año (accedió al poder el 18 de abril de 2009). Y está en entredicho por dos cuestiones totalmente distintas, pero en el fondo bastante similares. La primera hace referencia a la restauración del Pórtico de la Gloria, en la catedral de Santiago. Que esa obra, que paga una entidad privada (la Fundación Pedro Barrié de la Maza, principal accionista del Banco Pastor) con nada menos que tres millones de euros, no esté terminada precisamente cuando hay Año Santo, pone en duda la eficacia que prometió Núñez Feijóo en su campaña electoral.
Lo más grave es que no esté terminada por un problema de celos burocrático en la Xunta, que su presidente no ha sabido, no ha podido o no se ha atrevido a atajar. Y no tiene nombre que los andamios que los burócratas de la Xunta impidieron que se instalaran en el Pórtico porque la Fundación que paga eligió una empresa italiana se vayan a retirar temporalmente cuando el Papa vaya por allí. En realidad, sí tiene nombre: una solemne chapuza. Porque esa obra debería haber sido terminada antes del Año Santo Compostelano. Y no se terminó por culpa de los burócratas de la Xunta. Y no hay noticia de ceses ni de dimisiones por este asunto, que ya lleva demasiado tiempo coleando ante la indignación de todos los amantes de la independencia del arte. Y estamos hablando de la catedral de Santiago, del principal atractivo turístico de Galicia, junto al orujo, el Ribeiro, el Albariño, el marisco, la empanada y el lacon con grelos.
Alberto Núñez Feijóo, que acertó en forzar la renuncia de Luis Carrera, ex director general de Caixa Ourense, su candidato a ministro de Economía (tras no aceptar la oferta el presidente de la Ceca, Juan Ramón Quintás) por un asunto de paraísos fiscales hábilmente lanzado desde Vigo, en plena campaña electoral, aquí no ha tenido ningún reflejo. O hacía frente a demasiados compromisos.
La otra cuestión que pone en entredicho su fama de buen gestor es la fusión de las cajas gallegas. Si sale adelante, que habrá que ver, va a pasar a la historia como la integración más cara. Y no está nada claro que salgan los números ni antes, ni durante ni después. Primero hizo una ley autonómica para forzar una fusión que nadie quería, aunque una caja menos que la otra. Luego, forzó la normativa para cargarse a los que más se oponían a esa integración. Cuando se produce el inevitable recurso (otra falta de cintura de un presidente autonómico mal asesorado y que no sabe escuchar a los que saben de esto) del Gobierno central ante el Tribunal Constitucional, las tornas cambian. El que era muy viejo para ser presidente, ahora ya no lo es tanto. Y la mano que mece la cuna pierde puntos, porque la otra parte habla claramente de absorción para tapar los problemas de ésta.
Claro que lo mejor es escuchar al líder del PP, Mariano Rajoy, exclamar ante el presidente de la Xunta de Galicia que "me gusta su fusión de cajas, ojalá se logre sin interferencias políticas". Como si imponer una fusión en la que nadie cree no fuera una interferencia política. Como si las cajas fueran libres para elegir su propio destino. Porque si fuera así, Caixanova estaría en una fusión virtual con Cajamurcia, Caja Cantabria, Sa Nostra, Caixa Penedés y CajAstur, entre otras. Y Caixa Galicia, acariciando el sueño de la Champions con Caja Madrid y/o alguna entidad de ahorro valenciana. Aunque hay todavía oportunidades para Rato.