ANÁLISIS
El apoyo de Ordóñez a la banca irrita a los sindicatos
Para el Gobernador del Banco de España la crisis no ha terminado
El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, MAFO para sus amigos, da muestras de disfrutar irritando al personal. Sobre todo a los sindicatos. Ayer de nuevo se sumó a la lista de colegas banqueros centrales europeos que vienen advirtiendo de la necesidad de no bajar la guardia, porque la crisis no ha terminado. La diferencia está en que mientras por ejemplo, en Francia, Cristina Noyer advertía de los mismos riesgos y todos los medios y agentes sociales, apreciaban lo conveniente de la advertencia, aquí Fernández Ordóñez tiene la habilidad de irritar e incluso entorpecer, por su modo de decir, los procesos en marcha para la modernización de las relaciones industriales.
El Gobernador del Banco de Francia ha hecho lo mismo, pedir apoyo para el sector financiero, alertando de sus riesgos pero sin irritar. Noyer ha alertado de los riesgos principales de su banca y de algún otro país europeo. Ha recordado Noyer que los bancos europeos, y muy en especial los franceses y alemanes, mantienen un altísimo riesgo por sus inversiones en deuda soberana. Más de 50.000 millones de euros sólo en Grecia. Tampoco han desaparecido los riesgos de mercado que han obligado al Banco Central Europeo a mantener las facilidades de crédito al sector financiero en condiciones nunca antes pensadas.
Es un toque de realismo, dicho con tino, con el objetivo de poner en funcionamiento unas normas prudenciales más estrictas para vigilar la industria financiera, clave para que funcione el resto de la economía.
Los modos de Ordóñez son muy otros. Diciendo prácticamente lo mismo. Porque lo que son ingentes inversiones en deuda soberana en otros países, en España se traduce en los problemas de mora de los particulares con sus entidades crediticias. Su forma de advertir ayer de que el mayor riesgo que planea sobre las entidades de crédito españolas es el desempleo masivo, por lo que reclamó que la reforma laboral se apruebe pronto y con el mayor consenso posible, volvió a disgustar a una parte importante de los actores de la negociación para la reforma laboral, como son los sindicatos.
Ordóñez parece volver a preocuparse sólo por el futuro del sector financiero. Así se entiende cuando dice que si se mantienen durante un periodo prolongado millones de trabajadores en el paro el sistema bancario podría pasar de haber sido un soporte de la economía durante la crisis a convertirse en un obstáculo para conseguir la recuperación económica. Razón por la que considera que, si la reforma laboral se demora, las entidades de crédito sufrirán más morosidad, menor negocio, mayor endeudamiento público y, en consecuencia, un encarecimiento de la financiación mayorista.
Entre los sindicalistas más implicados en el sector financiero se le sugiere que alerte de las reticencias que se están produciendo por ejemplo en las reformas del sistema financiero en Estados Unidos, que ahí sí está el origen del la crisis actual, y por consiguiente del paro que sufrimos.
Echan en falta que a la hora de hablar de la situación actual no denuncie públicamente, cómo la banca americana ha vuelto a las andadas al ocultar el nivel de riesgo que han asumido durante los últimos cinco trimestres, rebaja de niveles de deuda ficticia, con la que tratan de amañar la realidad de sus cuentas, como han denunciado los más especializados diarios norteamericanos. Que el paro es un riesgo ya lo sabíamos. Pero lo saben sobre todo los parados. Algo tendrá que ver su situación con la inacción en la que se mantuvo como secretario de Estado de Economía con Pedro Solbes, mister no, cuyo recuerdo tanto irrita a Zapatero. ¿Quién recuerda las principales reformas de su época de número dos de Economía? Silencio.