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Publicado el viernes 5 de marzo de 2010
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Monitor de EE.UU.

La administración ha concedidogarantías por 8.300 millones de dólares

Los proyectos nucleares no encuentran financiación en EEUU

La apuesta de Barak Obama por la energía nuclear tropieza con los últimos estertores de la crisis financiera

Proyectos nuclearesManuel Lionza.– Una cosa es predicar y otra, dar trigo. Las renovadas apuestas de la Administración Obama por la energía nuclear parecen tropezar con una dificultad inesperada: la financiación. Los reactores de última generación -más pequeños, eficientes y seguros- resultan tan caros que las entidades financieras -norteamericanas o extranjeras- no quieren arriesgarse a menos que haya mayores ayudas oficiales. De momento, el Gobierno estadounidense autorizó el pasado mes de enero avalar créditos con garantía federal por valor de 8.300 millones de dólares para la construcción de dos centrales que cuestan 14.000 millones. Pero la cantidad parece insuficiente. La renuencia de los bancos a meterse en proyectos nucleares porque son muy intensivos en capital y su puesta en funcionamiento lleva años, está obligando a las empresas energéticas a buscar otras fuentes de financiación como, por ejemplo, los consumidores.

En algunos estados, las compañías eléctricas han llegado a un acuerdo con las autoridades para que los consumidores contribuyan a financiar desde ya varias centrales en proyecto, una medida que haría ahorrar unos 2.000 millones por cada reactor y que supone una novedad, pues hasta ahora el aumento tarifario se solía aplicar desde la entrada en funcionamiento de las centrales.

El debate está dividido entre quienes defienden que sean las eléctricas las que se busquen la financiación sin tener que pedir dinero por anticipado a los consumidores, y quienes, como el sector eléctrico, alegan que los bancos están poniendo demasiadas dificultades para embarcarse en la aventura nuclear. En el sector financiero se tiene todavía muy presente que hace unos 40 años algunas empresas eléctricas quebraron por su riesgo excesivo en proyectos nucleares.

Hoy, en que una central puede costar más que la entera capitalización de una de ellas, la prevención es común en bancos y energéticas. Por ello, éstas han acudido a las administraciones para que cambien la legislación y puedan ahorrar costes y generar un envidiable cash flow libre cobrando anticipadamente a los futuros clientes parte de los gastos de la futura central; si no lo hicieran así, ya han hecho saber que sería imposible abordar la construcción de gran parte de las centrales de última generación proyectadas.

Algunos grandes clientes se han sumado a las críticas contra los cambios legislativos introducidos en algunos estados porque el incremento de las tarifas encarece su producción dañando la competitividad y la cuenta de resultados. Se están dando casos de empresas afectadas que están sumando sus fuerzas a las de organizaciones ecologistas para hacer campaña contra el encarecimiento de las tarifas.

Si la ola de críticas va en aumento, algunos analistas prevén dificultades para la política pro-nuclear de Obama y los 18.500 millones de dólares en avales federales, aprobados por el Congreso en 2005.

Para las eléctricas, el cobro anticipado permite un menor coste de energía producida para todos al reducir los gastos financieros a largo plazo, lo que redundaría en beneficio de los usuarios; mientras que éstos contraatacan con que las empresas están ingresando un dinero extra a cuenta de una central que incluso podría no llegar a construirse, hipótesis que no habría que descartar si la polémica sigue creciendo, en cuyo caso la administración federal podría verse en la tesitura de dar más facilidades. En estados como el de Florida, se ha dado el caso de tener aprobadas compensaciones en costes por varios centenares de millones de dólares para la construcción de una central cuyos gestores carecen de la licencia del regulador.

"Si un proyecto no es atractivo para la inversión privada no vale nada, y no deberíamos tirar el dinero de los contribuyentes u obligar a los consumidores a pagar por algo en que ni los accionistas ni los bancos quieren arriesgar su propio dinero", opina el responsable de una organización de defensa de los consumidores.