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Publicado el miércoles 31 de marzo de 2010
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Más de 1.600 bajas en personal y cierre de 280 oficinas, sin sinergias aparentes

Caixa Galicia y Caixanova se adentran en la fusión más cara de la historia

Será necesario inyectar 2.000 millones 'nuevos' y acelerar la venta de activos de ambas entidades

Caixa Nova y Caixa GaliciaMiguel Ángel Valero.– Después de años proclamando a los cuatro vientos que una fusión entre las dos cajas gallegas no era conveniente porque no tenía lógica financiera y que lo importante era la expansión nacional e internacional, el lunes pasado el director general de Caixa Galicia, José Luis Méndez, y el presidente de Caixanova, Julio Fernández Gayoso, firmaron un documento ante la Xunta de Galicia en la que se comprometen a trabajar por una integración "viable y posible". Y en los adjetivos está el problema de una integración en la que muchos, tanto en Caixa Galicia como en Caixanova, no creen. Por su elevado coste en ajuste de plantilla: el informe encargado a la consultora KPMG por la Xunta de Galicia hablaba de 1.300 bajas. En cierre de oficinas: 280. Y por la ausencia de sinergias, al tratarse de una fusión intrarregional. Hasta el Banco de España mira con recelo la operación, porque prefiere fusiones entre entidades de diferentes autonomías. Una vía que la Xunta ha abortado, pese al interés manifiesto del PP nacional por implicar a las cajas gallegas en movimientos con Caja Madrid y con entidades de la Comunidad Valenciana.

El escaso entusiasmo por la fusión se percibe tanto en A Coruña, sede de Caixa Galicia, como sobre todo en Vigo, donde está Caixanova. Esta entidad siempre defendió su integración en una fusión virtual con entidades como Caja Cantabria, CajaMurcia o CajAstur. Directivos de las dos entidades recuerdan lo que pasó en la integración entre el Banco de Bilbao y el de Vizcaya, dos entidades ferozmente competidoras y con estilos de gestión muy diferentes. A estos problemas se une la ancestral rivalidad entre Vigo y A Coruña, entre la Galicia del sur y la del norte.

Pero es que los números no le salen a nadie. El informe de KPMG que sirvió de coartada a Núñez Feijóo para tratar de imponer la fusión habla de una apelación al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob) de 1.190 millones de euros. Cálculos internos realizados por directivos de Caixanova elevan la inyección de dinero a los 2.000 millones y subrayan que el coste del Frob (7,75% de interés el primer año, más un incremento anual del 0,15%) será "inasumible" para la nueva entidad, por lo que sugiere que intervenga también el Fondo de Garantía de Depósitos de las Cajas, como ya sucede con Unicaja y Cajasur.

Otro dato interno: la nueva caja deberá reducir su balance en al menos 12.000 millones de euros para poder ser viable. También preocupa dentro y fuera (Banco de España) la concentración de la nueva entidad en riesgos empresariales y, sobre todo, en el relacionado con el ladrillo, ya que en Galicia la situación del sector inmobiliario se agrava con la existencia de una burbuja específica de esta comunidad.

La cifra que se maneja dentro de Caixanova no debe ser tan disparatada, porque las dos entidades han acelerado la venta de participaciones y de otros activos para ayudar a que el coste de la fusión más cara de la historia del sector se reduzca. Dentro de estos movimientos, se entienden las especulaciones sobre la puesta en venta de una red de 300 oficinas, la mayoría fuera de Galicia, una vez se materialice la fusión. Si esa operación se materializa, tanto Caixa Galicia como Caixanoba desandarán de golpe todo el camino recorrido en la expansión nacional.

Caixanova ha acelerado la venta de la joya de su corona industrial: su participación mayoritaria en la operadora gallega de telecomunicaciones R, ahora en el 66,2% tras comprar la parte que tenía Unión Fenosa. Una operación que lleva circulando por el mercado desde hace varios meses y que ahora, con las nuevas circunstancias, recibe un gran impulso. La intención de Caixanova es vender al menos el 51%. Primero se ofreció ese paquete a otros accionistas de R, como Inversiones Gallegas del Cable (donde están empresarios gallegos como Roberto Tojeiro, de Gadisa, o Jesús Alonso, de Jealsa). Ante la falta de interés de éstos, hay un grupo holandés dispuesto.

En el Banco Pastor parecen descontar una venta de la participación del 5% que está en manos de Caixanova, ya que aseguran que hay inversores dispuestos a hacerse cargo de esas acciones. Otras participaciones financieras se sumen ahora en la incertidumbre. Es el caso del Banco Gallego, en el que está presente Caixanova con el 49,8%, y el Banco Etchevarría, la entidad decana en la banca española (funciona desde 1717), en el que Caixa Galicia tiene el 44,7%.

Lo mismo sucede con los seguros: Caixanova tiene una sociedad a medias con Caser, y Caixa Galicia otra con la británica Aviva. Aquí el problema es que la nueva entidad tendrá que pagar una fuerte indemnización a la compañía de seguros que se quede fuera del acuerdo de bancaseguros.

La fusión puede plantear problemas en el sector de las energías renovables. Las dos cajas se presentan al nuevo concurso eólico impulsado por la Xunta de Galicia. Caixanova controla Eólica Galenova, la empresa que fue la que más potencia recibió (10%) en la adjudicación del concurso realizado por el Gobierno autonómico anterior, el del bipartito. Enervento, también de Caixanova, no consiguió ningún megavatio. Sí Norvento, participada por Caixa Galicia, que logró el 8,2% de la potencia total. La caja que dirige José Luis Méndez cuenta también con Eolia Mistral o Eolia Renovables.

En el sector audiovisual, Caixa Galicia tiene el 22% de Filmanova, y Caixanova, el 7,95% de Filmax Entertainment y el 16,33% de Continental Producciones. En el bodeguero, Caixa Galicia está en Terras Guada (5%), y Caixanova en Vinum Terrae (37,2%), Viñainvest (90,2%) y en las Porto Cálem de Oporto.

Si la fusión de ambas cajas va adelante, la nueva entidad tendrá el 25,1% de Pescanova (20% de Caixa Galicia y 5,1% de Caixanova); el 30,9% de Reganosa (25,9% y 5%, respectivamente); el 22,8% de Itínere (ambas con participaciones del 11,4%) y el 6,8% de Sacyr (3,9% cada una). Será el máximo accionista del grupo pesquero Pescanova, de la regasificadora Reganosa y de la operadora de telecomunicaciones R Cable (si no se vende antes de la firma de la fusión) y el tercero más importante de la concesionaria de autopistas Itínere.

Una opción que se baraja a medio plazo es agrupar todas las participaciones en una corporación como Criteria (Caixa Galicia cuenta con CXG, pero no están allí todas sus inversiones empresariales) y sacarla a Bolsa o abrirla a accionistas privados para obtener financiación.

La nueva caja resultante tendrá una cartera empresarial que sobrepasa las 230 sociedades (131 de Caixa Galicia, 110 de Caixanova, con participaciones comunes en una quincena de ellas), con presencia en sectores como la energía, los seguros, el inmobiliario, la alimentación, el textil, la banca, las telecomunicaciones, las infraestructuras, entre otros. Y no se trata sólo de conseguir plusvalías que reduzcan el elevado coste de la integración.

Porque está en juego el compromiso con Galicia: la inversiones en empresas, que suman más de 5.000 millones, generan más de 34.000 puestos de trabajo (21.000, las de Caixanova; 13.000, las de Caixa Galicia) y en muchos casos la presencia de la caja es esencial para la supervivencia de las sociedades. Una venta o una salida de la nueva caja se puede volver en contra del presidente de la Xunta de Galicia y principal promotor (por no escribir casi el único) de esa fusión. Caixanova ha invertido en el tejido empresarial de Galicia más de 1.200 millones durante los últimos cinco años y cuenta con 72 sociedades en esta comunidad autonóma. Caixa Galicia, por su parte, posee 63 empresas gallegas participadas, cuya cifra total de negoció alcanzó los 1.800 millones.