ANÁLISIS
Un año para la reflexión
La intervención de CCM inició la concentración
Hace ahora un año Caja Castilla La Mancha (CCM) se hacía merecedora del dudoso honor de ser la primera entidad de ahorro intervenida por el Banco de España. Hasta entonces, las cajas resolvían sus problemas internamente: las que tenían problemas se echaban en manos de las más solventes, sin necesidad de que desde fuera se impusieran soluciones. En CCM, fracasó, por diversos motivos (entre ellos, la incertidumbre sobre la situación real de la entidad presidida por Juan Pedro Hernández Moltó, sobre sus participaciones empresariales y sobre sus compromisos inmobiliarios), la solución interna: Ibercaja, Caja Madrid, Unicaja, declinaron hacerse cargo de la entidad. Y el Banco de España tuvo que intervenir.
Ironías que tiene la historia. El presidente de CCM fue, cuando era portavoz de Economía en el Congreso de los Diputados, el que certificó, con su celebérrimo "míreme a los ojos", la defunción de uno de los que, no obstante su dramático final de carrera profesional, mejores gobernadores del Banco de España, el ya fallecido Mariano Rubio.
Ha pasado un año. Y se puede hacer una lectura negativa. CCM todavía no está en manos de CajAstur; se ha tenido que utilizar un banco para instrumentar la operación, en una demostración de la insuficiencia del modelo de cajas. Un año después de la intervención, el mapa del sistema financiero español, y específicamente, el de las cajas de ahorros, está lejos de aclararse. Las comunidades autónomas (evidentemente, no todas, siempre hay una excepción a la regla) se han convertido en el gran cáncer para el proceso de concentración de las cajas. Las trabas a las fusiones interregionales demuestran la concepción de las cajas como juguetes financieros del Gobierno autonómico de turno.
El paradigma de eso es la Xunta de Galicia y su presidente, Alberto Núñez Feijóo, en dura pugna con la Comunidad de Madrid y el bochornoso espectáculo que ha dado Esperanza Aguirre en el acoso y derribo a Miguel Blesa en Caja Madrid. Las propias cajas no se aclaran y el relevo de Juan Ramón Quintás al frente de la Ceca se ha convertido en espejo de esa división entre los que quieren seguir con el modelo tradicional y los que, sin perder la obra social y otros elementos del código genético de estas entidades de ahorro, prefieren una cierta revolución.
Se pueden poner más ejemplos negativos que no invitan precisamente a celebrar con alegría el aniversario de la intervención de CCM. Pero hechos como la primera fusión interregional, Cajasol más Caja Guadalajara, sin necesidad de utilizar un banco y manteniendo el compromiso territorial de cada una de las entidades, no hubiera sido posible sin ese acontecimiento. Hay autonomías que desde el principio optaron por la no injerencia en sus cajas: Canarias fue un ejemplo, en vez de imponer una fusión bastante ilógica entre ellas, dejó que cada una buscara su camino en fusiones virtuales interregionales, Grupo Banca Cívica Caja Canarias y La Insular en el grupo que promueven también la aragonesa CAI y Caja Rioja. Castilla y León, que lidiaba con Galicia y con Madrid por ser la más intervencionista, se ha dejado convencer por la lógica de los números y de una fusión virtual de todas sus entidades por orden del Gobierno autonómico se ha pasado a una integración real, aunque muy problemática, entre Caja España y Caja Duero y a otra de facto, con Caja Burgos, Caja Ávila y Caja Segovia en Banca Cívica.
Ya dice la sabiduría que no hay verdad ni mentira, que todo depende del cristal con el que se mira. Pero ha pasado un año y el sistema financiero español ya no es igual que entonces. Y eso, con sus luces, sus sombras y sus claroscuros, siempre es un motivo de celebración. Siempre que sirva para la reflexión.