Casi la mitad de las cajas y el 25% de los bancos registraron pérdidas en el tramo final de 2009
Bancos y cajas temen un primer trimestre para este año tan malo o peor que el último del 2009
La guerra del pasivo por la necesidad de liquidez acelerará el deterioro de los márgenes
"Nos damos con un canto en los dientes si repetimos los resultados de 2009 en 2010". La contundente frase del presidente de BBK, Mario Fernández, en la asamblea general de la entidad refleja la posición del sector financiero ante la evolución del negocio y de las cuentas a lo largo del presente ejercicio. Y la preocupación tras un cuarto trimestre de 2009 en el que prácticamente la mitad de las cajas (22 de 45) y una cuarta parte de los bancos (nueve) registraron pérdidas. Detrás de éstas se encuentran las mayores provisiones para hacer frente a la morosidad, que son justificadas por Mario Fernández: "La prudencia es una obligación ineludible del consejo de administración" para hacer frente a un 2010 que será "uno de los ejercicios más complicados de los últimos años". En el caso de BBK, repetir resultados y mantener el nivel de solvencia implicará "importantes esfuerzos" en reducción de costes, crecimiento del negocio por encima de la media del mercado, aumentar en tamaño y "una renovación profunda" de las bases de negocio de la caja.
El presidente del Banco Pastor, José María Arias, utilizó en su discurso ante la junta general de accionistas de la entidad un tono muy similar al de su colega de la BBK: "Ésta es mi cuarta crisis y les diré que 2010 será su peor año. Es, en cierto modo, paradójico, puesto que, por un lado parece que vamos a vislumbrar el final del túnel, con crecimientos del PIB en la segunda mitad, pero, por otra, será el año más difícil, dadas las tensiones que se están experimentando a nivel sectorial y que se traducen en un 2010 donde la morosidad seguirá creciendo, aunque marcando tendencias más ralentizadas. Veremos, también, menores crecimientos del negocio y resultados de las entidades financieras".
Los datos de todo 2009 no parecen avalar ese pesimismo o realismo de cara al comportamiento del sector financiero en el presente ejercicio. En el conjunto del ejercicio precedente, sólo dos cajas de 45 registraron pérdidas. Eso sí, con un volumen de 1.004, 1 millones de euros, que no es precisamente una cifra anecdótica. Cajasur, en un complicadísimo proceso de absorción con Unicaja, aporta 596,1 millones. Y Caja Castilla La Mancha (CCM), la primera entidad de ahorro intervenida por el Banco de España y en trance de integrarse en CajAstur a través del Banco Liberta, 408 millones. Por el lado de los bancos, siete mancharon de rojo sus cuentas de 2009: las pérdidas más relevantes corresponden al Banco de Servicios Financieros Mapfre-Caja Madrid, dedicada a la financiación del consumo, con 99,96 millones, y Citibank, con 81,46 millones, también fruto del mal comportamiento de esta actividad en el pasado ejercicio.
Pero los datos son mucho más pesimistas o realistas si se analiza el cuarto trimestre, aún considerando que, con el cierre del ejercicio, las entidades revisan su balance y realizan saneamientos sobre su cartera, aplicando las recomendaciones de los auditores y sobre todo del Banco de España. Por ello, las pérdidas que muchas de estas entidades computan en el cuarto trimestre no han sido generadas en ese periodo y no son consecuencia del negocio, sino fruto del deterioro del activo que se viene arrastrando. El caso paradigmático ha sido el BBVA, que en el último trimestre de 2009 apenas registró un beneficio de 31 millones de euros por las dotaciones cautelares, y oficialmente voluntarias, por el deterioro de los créditos ligados al sector inmobiliario y de los inmuebles en España y en Estados Unidos.
Casi la mitad de las cajas de ahorros españolas (22 de 45) y una cuarta parte de los grupos bancarios (nueve) registraron pérdidas en el último trimestre de 2009 como consecuencia de la crisis y de las fuertes dotaciones que realizaron para hacer frente a posibles insolvencias. En el caso de las cajas, esos números rojos superan los 1.500 millones, con CajaSur, con 598 millones; CCM, con 290 millones; y Caja Madrid, con 273 millones (lo que refleja el esfuerzo de saneamiento realizado por Miguel Blesa para dejar la mejor herencia posible al actual presidente, Rodrigo Rato), como las entidades con más pérdidas en el tramo final del ejercicio precedente. En el de los bancos, apenas 200 millones, con el Pastor (19,1 millones) y el Guipuzcoano, con 2,5 millones, como los que tienen números rojos más elevados.
Con esos datos del último trimestre y considerando que el considerable incremento en el esfuerzo en dotaciones y saneamientos va a continuar, las previsiones internas de los bancos y cajas no parecen precisamente optimistas. Motivos tienen para no serlo: el negocio va a mantener un comportamiento plano, muy similar al de 2009, donde el crédito de los bancos creció apenas el 3,4%; los ingresos por comisiones van a continuar reduciendo su aportación a la cuenta de resultados; y los tipos de interés se mantendrán muy bajos al menos hasta la parte final del ejercicio en curso, ya que el Banco Central Europeo (BCE) se inclina por no tocarlos para no perjudicar el proceso de recuperación de la economía y hasta que no se aclare el impacto de la retirada progresiva de las inyecciones de liquidez (lo que en la jerga se conoce como "barra libre" para el dinero).
Precisamente esas mayores necesidades de liquidez para hacer frente al escalonado cierre del grifo del BCE centran la mayor de las preocupaciones para el sector financiero. En 2009, el balance de los bancos creció el 4,1% por el incremento de la cartera de títulos de deuda, financiándose con el crecimiento de depósitos de clientes y con el aumento de la posición tesorera neta con otras instituciones financieras. De esta forma, el depósito financia el 72% del crédito, cuatro puntos más que en 2008, en el caso de los bancos.
La necesidad de liquidez de bancos y cajas, teniendo en cuenta no sólo que va desapareciendo la barra libre del BCE sino sobre todo que la incertidumbre sobre la situación real de la banca que opera en España no facilita la apelación a unos mercados de financiación interbancaria hiperdesconfiados desde la crisis financiera global que estalló en el verano de 2007, está detrás de la guerra del pasivo desatada en estos primeros pasos del ejercicio en curso. Una guerra feroz por la captación o, al menos, por el mantenimiento de los recursos de clientes que va a contribuir a un nuevo y mayor deterioro de los márgenes. Y por tanto a incrementar el riesgo de que las cuentas de resultados de al menos el primer trimestre se manchen de rojo como sucedió en el tramo final de 2009.