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Publicado el sábado 27 de marzo de 2010
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ANÁLISIS

La crisis griega evidencia la pérdida de peso de España

Alemania se reserva el derecho de veto

José Hervás.– La decisión de los 16 países de la zona euro de ayudar a Grecia con el objetivo de que el anuncio desanime a los especuladores a seguir actuando contra Grecia y contra el euro tras meses de incertidumbres y llamadas angustiosas del país heleno, evidencia que la posición española en el ámbito internacional ha sufrido un duro contratiempo. Francia y Alemania, y sólo ellos, han forzado a los Dieciséis a conseguir un compromiso que proporciona al ejecutivo griego un respiro, al menos momentáneo para seguir adelante con su durísimo plan de ajuste, el tercero en poco más de tres meses. A Merkel le garantiza poder salvar la cara frente a sus electores. La aplicación del acuerdo por unanimidad de los Dieciséis concede a Alemania el derecho a veto si las condiciones no le gustaran.  

Ayer los socios más reacios a que interviniera el Fondo Monetario Internacional acabaron aceptando su participación sustancial aunque el grueso de la ayuda lo pondría, llegado el caso, la Unión Europea, con Alemania a la cabeza. En la concreción del acuerdo no existió la mínima participación de la presidencia semestral de la Unión que le corresponde hasta el próximo día 30 de junio a España. El desconocimiento de las condiciones del mismo hasta el momento del anuncio del mismo por parte del Elíseo fue total.  

El compromiso finalizado ayer en un encuentro bilateral en Bruselas entre el presidente Nicolas Sarkozy y la canciller, Angela Merkel, que venían preparando en los últimos días sus dos más estrechos colaboradores, prevé que los europeos activarán, si llega el caso, un mecanismo propio en favor de Grecia que consistirá en préstamos bilaterales de los miembros de la Eurozona y en sustanciales créditos del FMI. Eso sí, para que no quede duda de su europeísmo, se hará previos informes de la Comisión y del Banco Central Europeo.

Con todo, el apoyo europeo complementa la financiación del FMI, y será considerado última ratio, es decir, solo se acudirá a él si la financiación del mercado resultara insuficiente para evitar la quiebra del Estado griego. Sin duda que la decisión tomada ayer es muy importante no sólo para Grecia y para la Eurozona en términos generales. También lo es para España y para la estabilidad monetaria internacional.

Desde Bruselas la explicación parece lógica y tratan de quitar importancia a quien haya sido el padre del acuerdo y quien resulte vencedor de la puga por el liderazgo de la Unión. Según Van Rompuy, presidente estable de la Unión, lo que hicieron ayer fue concretar lo que se ha dado en llamar el elemento de solidaridad con Grecia que ya preveía la declaración aprobada el pasado 11 de febrero, donde la presidencia española tampoco jugó papel alguno.

Así la declaración oficial es que como el Gobierno griego ha cumplido con su parte de responsabilidad, al aprobar las medidas adicionales de ajuste que le habían pedido sus socios comunitarios de reducir cuatro puntos porcentuales su déficit público, estos le dan su apoyo a través de un mecanismo mixto.

Este comprende, por un lado, préstamos del Fondo Monetario Internacional y, por otro, préstamos bilaterales de los estados de la Eurozona. La mayoría de los fondos serán aportados por los europeos, con Alemania a la cabeza. El acuerdo implícito supone que cada uno participaría de acuerdo a su peso económico dentro de la zona euro.

El desembolso serña decidido por unanimidad de los miembros del Eurogrupo, tras una evaluación de la situación por parte de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo, lo que se entiende como el otorgamiento de un derecho de veto a Alemania en caso de que no estuviera de acuerdo con la solución.

Esta fórmula mixta de ayudas del FMI y de la Eurozona era , según el presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, la única forma de lograr un consenso. Para tratar de quitar yerro al asunto,  el presidente de la Comisión, como también lo hiciera Joaquín Almunia, comentan que no le resulta nada extraña la apelación al FMI, porque todos los países son miembros del FMI y las instituciones europeas trabajan mano a mano con el Fondo en múltiples circunstancias dentro de la propia Unión Europea. Pero Trichet, con la independencia que le da verse a meses de la jubilación sentenció ayer que de cara a la proyección mundial de la Unión, la decisión de ayer era muy, muy negativa. No digamos para la proyección española.

El resultado del consejo que se esperaba con inquietud debe marcar tanto el futuro como el funcionamiento de la zona euro. En ese futuro está claro hoy, en día, que hay dos países clave. Ninguno de ellos se llama España