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Publicado el viernes 26 de marzo de 2010
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UN BANCO EN EL RETIRO

La crisis en 59 segundos

"Los muros del déficit y una deuda más son malos compañeros del saneamiento"

CronoPor Luis Alcaide.– Europa -el ministro alemán de Finanzas con una metáfora futbolística- ilustra sobre las exigencias de un sistema de mercado competitivo. Seguidor del Bayern Munich no le pediría nunca al Olimpique de Lyon que no juegue tan bien para que su equipo tenga más posibilidades. Lo malo es que si no hay dos equipos no hay partido y todos salen perdiendo. TV1 y 59 segundos para resolver la crisis. Naturalmente, la nuestra, la española. Corrección imprescindible para jugar en la zona euro y contribuir a que se celebren todos los partidos. Entre los contertulios, el Sr. Pimentel, ex ministro de Trabajo, un hombre valiente, sosegado, penetrante, como los grandes poetas de esta tierra,"sintiendo lo que se dice y sin decir lo que se siente". El dedo en la llaga sobre los excesos de una época por ahora irrepetible, necesitada de una corrección inmediata, y sin embargo desatendida. En efecto, las consecuencias del fracaso se siguen desgranando pero más como anécdotas que como autenticas alarmas.

La alcaldesa de Jerez de la Frontera se lamenta amargamente porque los ingresos de su municipio no cubren los costes de la plantilla de personal. Lamento en busca de ayudas para resolver esa tropelía; lamento totalmente desprovisto de cualquier tipo de autocrítica. Su única exigencia es reclamar al Estado, a la Comunidad Autónoma, que no se desentiendan de una institución pública tan próxima al ciudadano como es SU ayuntamiento.

El caso de Jerez no es único, es el mismo que el de la capital del reino. La única diferencia es que el alcalde Gallardón no sufre depresión financiera gracias a que ha endeudado a sus ciudadanos en 7.000 millones de euros por ahora y que ha encontrado dinero de confiados inversores. Entre Jerez y Madrid toda la trama municipal se cuartea. El monopolio de las recalificaciones urbanísticas que había deslumbrado financieramente a los ayuntamientos y ofrecido un dinerazo sin límites para todos, se ha secado. A diferencia de aquel faraón de la Biblia aconsejado por un judío interpretador de sueños, aquí no se ha hecho acopio en los graneros municipales. No hay trigo disponible para acudir en socorro de los ciudadanos, incluidos los empleados municipales.

¿Por dónde empezar el reajuste municipal, si es que se empieza? ¿los asistentes sociales y agentes de movilidad, por ejemplo o concejales, altos cargos y asesores cuidadosamente seleccionados a dedo?  ¿Qué tipo de infraestructuras serán mantenidas: ambulatorios, polideportivos, quizá los más grandes de Europa, o unas aceras, también las más grandes de Europa, que permitirán recuperar el juego de  la pelota en el corazón de la ciudad?

El Sr. Pimentel es un hombre serio y cultivado. De algún modo o de otro lleva en su memoria colectiva aquellas  tremendas líneas de la carta que en 1604 dirigió Quevedo a Lipsius, el gran humanista flamenco: " En su país consumimos a nuestros soldados y a nuestro dinero, en el nuestro nos consumimos a nosotros mismos". Quizá ahora no sea ese el caso. Los contertulios señores Garrigués, Gómez Navarro, Piqué, más en el trasiego de los grandes acontecimientos que de los pequeños detalles, tranquilizan al auditorio. La sociedad española, su economía, la propia estructura del Estado -sanidad, transportes, libertades, exportaciones de mercancías y servicios turísticos y bancarios...  -son hoy día tanto o más robustos que el poder político, disponen de instrumentos para retroceder ante el muro de la crisis, tomar carrerilla e iniciar el salto.

Pero, ¿y si esa determinación es atacada por el virus del desánimo o si al intentar el salto, con el terreno bien medido, el muro sube unos centímetros? Esperarán otra ocasión y si tampoco se presenta es muy posible que entonces el desánimo paralice los músculos para reanudar la carrera del consumo o la inversión. Los muros de un déficit presupuestario y el encarecimiento de la deuda publica son malos compañeros del saneamiento de esta sociedad.

El parque del Retiro se muestra acogedor. Regreso pasando junto a la verja del Botánico, han florecido las blancas magnolias, los jacintos y los narcisos y al cruzar el Paseo del Prado me tropiezo con el  edificio del Consejo Económico y Social. El CES -como el Sr. Pimentel en voz muy baja y con un lenguaje muy prudente también- anda descorazonado cuando comenta, como tiene obligación, la Ley de Sostenibilidad y Crecimiento.