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Publicado el lunes 22 de marzo de 2010
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UN BANCO EN EL RETIRO

 

Israelíes y palestinos en España: un coloquio sobre fronteras

CESPor Luis Alcaide.– El Consejo Económico y Social ha celebrado un coloquio estos días entre israelíes y palestinos con la participación del presidente del CES de Palestina y del presidente del CES de Israel. Objetivos: la búsqueda de "herramientas para la paz y el desarrollo". Este encuentro es el cuarto que se ha celebrado en los últimos 18 meses. Ahora, España, en su semestre presidencial de la UE, promueve esta nueva iniciativa dentro del proyecto "Tresmed 3". La vecindad mediterránea es un reclamo irrenunciable para cualquier reto transfronterizo; un estímulo para acabar con la intolerancia del fanatismo que se esconde detrás de cualquier frontera; un reto para sacudir la apatía ética instalada en la región.

Atención, advierte sin embargo Marcos Peña, presidente del CES español. No se trata de priorizar a la sociedad civil frente a la sociedad política. Este tipo de reclamos piadosos no proporciona ninguna pista para salir de la encrucijada. En efecto, confirman los representantes palestinos, unas veces los gobiernos han ido por delante -acuerdo de Oslo- y la ciudadanía los ha echado a pique; otras veces los acuerdos alcanzados que llenaban de esperanzas a los ciudadanos no eran cumplimentados por la autoridad política. En cualquier caso, la falta de cumplimiento reforzaba la desconfianza mutua.

El coloquio coincide casi cronológicamente con la humillación infringida al vicepresidente Joseph Biden. En el debate del coloquio, el exministro de Asuntos Exteriores de Israel, Shlomo Ben Ami, también ex embajador en España y maestro de la lengua castellana, afirmaba con gran convicción que el primer ministro Nhetanyahu no estuvo informado de esa provocación para construir 1.600 nuevos asentamientos en el sector este de Jerusalén. El ex ministro se deslizó, incluso hacia la complacencia preguntando al auditorio si conocían el significado territorial de los asentamientos. Solo un 3% de Cisjordania, pero esa Cisjordania en el momento de la partición representaba el 45% del territorio entre el Jordán y el Mediterráneo. Ahora solo ocupa el 22%.

Desde los acuerdos de Oslo a la construcción del muro disuasor de intifadas y otras agresiones, el procesó de paz se ha convertido en una coartada formidable par el régimen totalitario de Irán. Del mismo modo que Palestina ha gozado, de nuevo Ben Ami, de un apoyo internacional excesivamente entusiasta, el fracaso de la paz ha dado aire a los ayatolás iraníes. El reconocimiento palestino inflamó sus expectativas y el fracaso de las conversaciones está sirviendo para reforzar la intransigencia iraní como en su día fue una buena coartada para los baaiztas de Damasco y Bagdad.

La construcción del muro, la represión brutal contra Gaza -una franja superpoblada, falta de agua, con sus fronteras bloqueadas, constituye una reacción desproporcionada incluso aunque los fanáticos guerrilleros palestinos hubiesen echado mano de escudos humanos. Ante la opinión pública internacional Israel perdió aquella batalla. El esforzado y complejo entramado diplomático internacional, todas las mediaciones resultan impotentes ante las provocaciones de los cohetes y la respuesta de los bombarderos israelíes.

No hay solución política, sería una de las conclusiones del coloquio. El unilateralismo es el único refugio. La fórmula para envolver la resignación con la esperanza de que las dos comunidades vecinas consigan una mejora en sus relaciones económicas y se suavicen las confrontaciones gracias al reconocimiento de la vecindad.

Las dos partes, israelíes y palestinos, disponen de dirigentes responsables, con dosis suficientes de secularidad para reconocer que el fracaso político es preferible al vacío. ¿Pero más actividad económica, menos sufrimientos en las tierras y ciudades palestinas y menos temores israelíes ante una normalización de la vida cotidiana serán suficientes para ir rellenando ese vacío?

Los representantes palestinos al coloquio exponían sus dificultades para consolidar un desarrollo cuando faltan infraestructuras que garanticen el suministro de aguas o la interconexión entre Gaza y Cisjordania. Los representantes israelíes reclaman nuevos esfuerzos internacionales, una Conferencia de Paz, en la que se construyan e impongan nuevos puentes entre las dos comunidades.

Regreso a mi banco del Retiro con un provocador artículo, del semanario Time, sobre un nuevo mapa en el que desaparecerían las fronteras en esa región del Oriente Medio donde Israel, Palestina, Siria, Jordania e Irak están radicalmente separados. Menos fronteras y más, muchas más infraestructuras que faciliten la movilidad de los habitantes y el transporte de los productos, desde el petróleo de Mosul, hasta los trabajadores palestinos. ¿Los CES europeos y del Oriente Medio harían suya esa provocadora propuesta cartográfica?