Monitor del Seguro
Los abogados de la compañía califican de "inmoral" sus demandas
Pomatta sigue sin entenderse con Mutua Madrileña
2009, un año difícil para la mayoría de las aseguradoras.- Zurich, fuertes inversiones.- El seguro sigue siendo 'ese gran desconocido'
José María Ramírez Pomatta, el anterior presidente de Mutua Madrileña, sigue reclamando a esta aseguradora una pensión de más de 21 millones de euros y como la entidad se ha negado en redondo a ello, recurrió en su momento a los tribunales, que para algo es abogado, aunque con buen criterio ha preferido que sean otros colegas lo que lleven el asunto. La pasada semana tuvo lugar una audiencia previa en el Juzgado de lo Mercantil número 11 de Madrid, en la que los abogados del demandante aducen que la reclamación se ajusta a los estatutos sociales aprobados por la aseguradora antes de su cese, en enero de 2008. No piensan lo mismo los letrados de la aseguradora.
Aducen que lo que no dicen los abogados del demandante es que en ese momento el consejo de la Mutua estaba en un régimen presidencialista, en el que el que se movía "no salía en la foto" y fueron varios los consejeros "despedidos con cajas destempladas" por no estar de acuerdo con esa actitud del presidente o simplemente por "no aplaudir las ocurrencias del jefe". Y a partir de esos ceses fulminantes de consejeros, fue cuando Pomatta acordó el cambio retributivo de los miembros del consejo de la Mutua, que hasta ese momento no cobraban.
Pomatta cambió la fisonomía de la Mutua, modernizó la compañía que, como dicen sus abogados, "pasó de ser regional y monoproducto a ser una empresa de actividad nacional y multiproducto", y además la hizo ganar mucho dinero. Fueron años de "vacas gordas" en la Bolsa y la mayoría de las inversiones -Banco Popular, Banco Santander, Inmobiliaria Colonial, Sacyr, ACS- dieron grandes beneficios atípicos, sobre todo para una aseguradora. Pero sí, no se puede negar que "la flauta sonó".
Lo que cabe preguntarse es dónde estaría ahora la aseguradora si Pomatta hubiera seguido al frente de la misma. Hay que tener en cuenta que fue cesado en enero de 2008, cuando todavía no se había desatado la crisis y que si la compañía hubiera seguido con esa política de inversiones y de gastos desmesurados (compras de compañías a precios de oro, gastos desproporcionados en patrocinios, adquisiciones inmobiliarias en el momento más caro del sector y otros gastos megalómanos, como esa pretendida macrociudad de la salud) habría que ver en qué situación se encontraría ahora mismo la compañía.
La mayoría de los mutualistas y de los actuales dirigentes de la compañía coinciden en señalar que esas ganancias de las que tanto presume Ramírez Pomatta deberían haber repercutido en mayor medida en los clientes de la entidad, ya que no hay que olvidar el carácter mutual de la aseguradora. Por eso, la política de la compañía tras la era Pomatta es la dar un valor añadido a sus mutualistas y centrar en ellos su foco de actuación. Por eso, aseguran en la Mutua Madrileña, lo que pretende cobrar el ex presidente por su gestión resulta completamente desproporcionado y, sobre todo en tiempos de crisis como los actuales, resulta hasta "inmoral".
Ramírez Pomatta accedió a la presidencia de Mutua Madrileña en 2002 y en 2004, bajo su mandato, fue cuando se cambió radicalmente la política tradicional de la entidad y el cargo empezó a ser retribuido. En diciembre de 2007, todos los miembros del consejo, a excepción de Ramírez-Pomatta, renunciaron a los derechos que eventualmente pudieran corresponderles en el futuro de acuerdo con el plan contemplado en los Estatutos. Por eso, para los abogados de la entidad, el ex presidente de la Mutua Madrileña actuó de manera "inmoral, absolutamente de mala fe y de forma contraria al interés de la compañía", para asegurarse una "jubilación dorada tras sólo tres años de ejercicio retribuido del cargo".
El juicio se celebrará esta primavera, y puede ser jugoso, por lo que habrá que todavía esperar para saber a quien le darán la razón los tribunales.
2009, un año difícil para la mayoría de las aseguradoras
Sigue el goteo de resultados de las principales empresa del sector asegurador. En España, Catalana Occidente presentó sus cuentas correspondientes al ejercicio de 2009, y como es una de las dos aseguradoras españolas que cotizan en Bolsa, lo hizo ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores.
El pasado año no fue bueno para la aseguradora que preside José María Serra, cuyos resultados se han visto condicionados por la fuerte caída del seguro de crédito, ramo en el que la entidad española es todo un líder mundial. Pese a ello, el beneficio alcanzado en 2009 superó los 101 millones de euros, lo que supone un descenso ligeramente por encima del 3% sobre el año anterior.
El volumen de negocio, por su parte, cayó más del doble de los resultados y se quedó en 3.232 millones. Durante el pasado año a la aseguradora española le fueron razonablemente bien los ramos tradicionales, como vida, autos o multirriesgos, que registraron un crecimiento del 1,6% hasta los 1.717 millones, mientras que la gran rémora del ejercicio, como queda dicho anteriormente, fueron los seguros de crédito, que se desplomaron más de un 14% hasta los 1.317 millones. Menos mal que en la segunda mitad del año empezaron a funcionar las drásticas medidas tomadas por la compañía para salir de esa situación y empezó a remontar.
Catalana Occidente, que espera mejorar los resultados y mantener el negocio a lo largo del actual ejercicio, mantendrá el dividendo del pasado año, al que dedicará 61 millones.
Zurich, fuertes inversiones
A quien le han ido mejor las cosas en nuestro país es al grupo Zurich, al que se le notan las fuertes inversiones que ha realizado en participar en aseguradoras de entidades financieras, peor también se le nota que, amparándose en que es un grupo extranjero, las cuentas que presenta dejan bastante que desear.
Según la propia entidad, el volumen de primas creció un 17% hasta los 5.410 millones. En vida, que es el fuerte de su negocio, la filial española de la aseguradora suiza alcanzó un volumen de primas de 4.114 millones, un 26% más que en 2008, lo que le confiere una cuota de mercado del 14,6%, 2,4 puntos más que el año anterior. Al cierre del ejercicio, el volumen de ahorro gestionado se situó en 13.542 millones, un 16% más que el año anterior.
En cuanto al negocio de seguros generales, Zurich registró unos ingresos de 1.296 millones, y alcanzó un beneficio operativo antes de impuestos en de 134 millones.
Fuera de nuestras fronteras, a quien le estáq costando lo indecible levantar cabeza es a la aseguradora estadounidense American International Group (AIG), que en 2009 registró unas pérdidas de netas atribuibles de 10.949 millones de dólares (8.029 millones de euros), casi un 89% menos en comparación los 99.289 millones de dólares (72.796 millones de euros) que perdió en 2008. Pese a esta notabilísima mejoría, la aseguradora no descarta volver a necesitar el apoyo del gobierno de su país, que de momento ya esw el propietario del 80% del capital de la compañía.
Lo mejor, con todo, es que la en otro tiempo todopoderosa AIG ha reducido en 25.000 millones de dólares (18.321 millones de euros) la deuda con la Reserva Federal de Nueva York a cambio de la adquisición por parte del banco central de Nueva York de participaciones preferentes American International.
Quien también recibió ayudas de su Gobierno y también ha mejorado mucho este año ha sido la holandesa Aegon, que obtuvo un beneficio de 204 millones en el pasado año, frente a unas pérdidas de 1.082 de un año antes.
La aseguradora holandesa también ha empezado a devolver parte del capital prestado. De momento ya ha entregado 1.000 millones que suponen una tercera parte del total.
El seguro sigue siendo 'ese gran desconocido'
Pese a los avances de los últimos años, el sector asegurador sigue siendo ese gran desconocido, sobre todo para los propios usuarios, como se ha puesto de manifiesto en el reciente accidente de un diputado del PP, que conduciendo el coche de un amigo chocó contra otro vehículo. Una patrulla de Policía Municipal le sometió a un control de alcoholemia y dio una tasa levemente superior a los 0,50 miligramos de alcohol, algo más del doble de lo permitido.
Siete de cada diez conductores desconoce que, de verse implicado en un accidente como el anteriormente descrito, es el conductor el que tiene que hacerse cargo de los daños causados al otro vehículo, ya que la empresa aseguradora no está obligada a pagarlo, como pone de manifiesto un estudio de Automovilistas Europeos Asociados (AEA).
Según la actual legislación, la empresa aseguradora puede reclamar -y en la mayoría de los casos lo está haciendo- al conductor o al propietario del vehículo causante del accidente la devolución de la indemnización que haya pagado en caso de que fuera debido a la "conducta dolosa de cualquiera de ellos o a la conducción bajo la influencia de bebidas alcohólicas o de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas".
Lo normal es que la compañía indemnice inicialmente a la víctima pero que inmediatamente después lo reclame al conductor causante o al dueño del vehículo en caso de que el conductor fuera insolvente.
Pero es más, el 86% de los conductores ignora que en caso de prestar el coche, el propietario respondería de los daños causados por el conductor si éste supera la tasa de alcoholemia aunque el vehículo esté asegurado a todo riesgo.
Pero no sólo es en el seguro del automóvil dónde los propios asegurados ignoran derechos y obligaciones, también en otros ramos, como se ha puesto de manifiesto con los recientes temporales que han asolado a toda España. Ante las dudas surgidas de si alguien va a pagar los daños causados, la OCU ha salido a la palestra -algo que muy bien debía haber hecho el propio sector asegurador- para recordar que existe un organismo o dependiente del Ministerio de Economía, que es el Consorcio de Compensación de Seguros (CCS), que es el encargado de cubrir lo riesgos extraordinarios o catastróficos, entre ellos algunos de los provocados por los temporales.
Pero, además, para que el Consorcio se haga cargo de los daños, la primera e imprescindible condición es que los bienes afectados estuvieran asegurados y, lógicamente, al corriente de pago. Por ejemplo, en el caso de los vehículos, éstos deben estar asegurados con alguna cobertura por daños propios, que no es suficiente el de daños a terceros.