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Publicado el martes 2 de marzo de 2010
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Botín supera a FG, también en Bolsa

Ängel Guzmán.– Se veía venir. Una acción del Santander vale en Bolsa más que una del BBVA: 9,66 euros frente a 9,58 euros. Apenas ocho centésimas de diferencia, pero una distancia psicológicamente relevante. Es una nueva victoria de Emilio Botín sobre FG, que cuando asumió la presidencia del Santander éste era el quinto banco del ránking sobre un total de siete. Ahora, tras merendarse a todos los que estaban por encima salvo el Bilbao (Central; Banesto, Hispano), no sólo es el primer banco de España, sino también de la zona euro, con sólidas posiciones en Brasil, Reino Unido y financiación de consumo en Europa continental.

Entre medias, Francisco González, que no ha mamado la banca desde la cuna como su rival sino que procede de la inversión bursátil aprendida al golpe de barandilla especulativa, absorbió con ayuda política y discutibles artes al BBV, del que muchos directivos han terminado en la órbita de Botín: Alfredo Sáenz, Francisco Luzón, entre muchos otros.

La "victoria" de Botín sobre FG es, sobre todo, significativa porque al magen de la capitalización -el Santander hace tiempo que duplicó la del BBVA-, la entidad cántabra tiene muchas más acciones en circulación (8.228 millones), que las emitidas por el banco ex bilbaino (3.748 millones). A mayor número de acciones en cotización, lo lógico es que se necesite menos valor por acción para alcanzar la misma o incluso mayor capitalización, que es lo que realmente refleja el valor que el mercado concede a una entidad o empresa. Pero también capitalización hace años que el Santander duplicó al BBVA, lo que para el ex broker FG ha sido todo un calvario que sus sufridos empleados han soportado con estoicismo mal disimulado. 

El mercado ratifica de una manera evidente las grandes diferencias existentes entre el BBVA y el Santander (duplica también en beneficios a su primer competidor nacional). "La mayor confianza del inversor por la entidad cántabra y por su capacidad de generar beneficio es más que evidente", decía ayer el portal Invertia, nada sospechoso de ocultar intereses espúreos.

"Santander lo vuelve a hacer mejor. Da igual que la acción valga más, aunque quizá psicológicamente podría tener efecto", añadía un analista de banca citado por el portal. "BBVA ha sido muy penalizado, quizá injustificadamente, por las provisiones que realizó en diciembre. Hay desconfianza por BBVA. También Brasil tiene mejor outlook que México, todo influye".

En realidad, lo que la Bolsa está haciendo es certificar la victoria de un modelo de banca comercial muy agresiva, en el que todos saben lo que tienen que hacer (elevar los ingresos, reducir los costes, ganar dinero) sobre otro que no termina de ser entendido ni por su propia organización, lo que ha llevado a continuos cambios en el organigrama. El modelo de Botín versus el de FG. Ahí están los balances, las cuentas de resultados, pero también las diferentes posiciones. La mejor inversión del BBVA es México, y resulta ser mérito de directivos que pertenecían al equipo de Pedro Luis Uriarte, a quien FG descabeza gracias al hábil manejo del escándalo de las cuentas opacas (que judicialmente se ha quedado en nada).

Cuando Botín vendió el Banco de Venezuela, demostró que iba al menos dos pasos por delante del BBVA, ahora entrampado en un país del que no puede salir fácilmente. Botín apostó por Banespa, un banco brasileño que el BBVA se negó a comprar mucho más barato. Mientras el BBVA tonteaba con un acuerdo con el Lloyds TSB, Botín sorprendía a todos comprando Abbey. En Estados Unidos, FG va pasito a pasito, y el Santander ya gana dinero con el Sovereign.

La estrategia del Santander está clara: sólida posición en España (con dos marcas que compiten entre sí), compras agresivas en el extranjero que se rentabilizan con rapidez, como se ha demostrado en el Reino Unido y en Estados Unidos, y especialización en lo que sabe hacer bien y en determinados países. La del BBVA, mucho más conservadora a la hora de asumir riesgos, no cotiza tanto.

Lo extraño es que hayan tenido que pasar diez años para que la Bolsa se haya dado cuenta de que Botín es un banquero, y FG, un presidente de un banco.