Monitor de Latinoamérica
Un país pródigo en recursos, Venezuela sufre frecuentes cortes de electricidad
Las inversiones en energía son el futuro
El continente requerirá cuantiosa financiación para mantener el ritmo de la economía
Latinoamérica necesita de cuantiosas inversiones en el sector energético para atender el ritmo de crecimiento de su economía. La región tiene ante sí grandes retos que resolver en modernizar instalaciones y en dotarse de otras nuevas para evitar cuellos de botella en la producción. Probablemente, los países ganadores de esta crisis sean aquellos que acometan la renovación de sus infraestructuras y sientan las bases de un modelo de crecimiento económico más estable y sostenido que permita ir reduciendo la brecha con los países desarrollados. En algunos países de la región, como Venezuela, Argentina y Ecuador (Cuba aparte), los apagones de electricidad son habituales y en algunos casos pueden prolongarse durante horas, mientras que en otros, como Colombia, Chile Brasil o Perú, el abastecimiento energético no sufre interrupciones, pero podrían darse si no se llevan a cabo nuevas inversiones para satisfacer una demanda creciente, reflejo de sus sólidos ritmos de crecimiento económico.
Al margen de factores atmosféricos como El Niño, que ha golpeado de forma desigual en la región, produciendo largos períodos de sequía en Venezuela o Ecuador, o intensas lluvias en Brasil, la región presenta en su conjunto un déficit de producción preocupante.
El caso de Venezuela, país pródigo en recursos energéticos y con la segunda hidroeléctrica más grande del mundo después de Itaipú con una capacidad de 10 millones de kilovatios/hora, equivalente a 300.000 barriles diarios de petróleo, necesita generar en cinco años 10.000 megawatios para eliminar los apagones, que pueden llegar a ser de ocho horas diarias. Chávez dice que Venezuela es la mayor derrochadora de energía de la región, pero, según expertos, el país en los últimos 11 años sólo ha incrementado la capacidad en 3.20 megawatios, y necesita invertir 18.000 millones de dólares en los próximos cinco años para poder resolver la crisis energética.
Un caso opuesto es el de Colombia, que después del colapso energético de 1993 las autoridades empezaron a trabajar en un parque de generación eléctrica de origen hídrico y térmico. Gracias a esas inversiones, el país hoy tiene una capacidad instalada de 13.800 Mw (el 53% de plantas térmicas y el 47% de hidroeléctricas). Colombia está llevando a cabo un programa de ampliación del parque energético entre los años 2010 y 2018 para desarrollar nueve proyectos, la mayoría de los cuales entrarán en servicio antes de 2015. Las inversiones sumarán más de 6.000 millones de dólares y permitirán incrementar en 3.421 Mw la generación de electricidad.
En Ecuador parece imperar más el estilo venezolano. Se ha criticado al Gobierno por su inhibición en nuevas inversiones en energía hasta que en diciembre hubo de contratar un equipo de emergencia e incrementar el suministro procedente de Perú. Ecuador tendrá que pergeñar un nuevo plan de inversiones tras el fracaso del anterior, aún vigente, que preveía instalar entre 400 y 450 Mw anuales. El nuevo plan que se prolongará hasta 2020 exigirá una inversión de casi 11.000 millones de dólares.
Argentina, la tercera economía de la región, no puede permitirse el aire acondicionado. El 29 de enero pasado el calor alcanzó máximos históricos y el consumo eléctrico por los aparatos de aire acondicionado disparó la demanda, que al no poder ser atendida colapsó el sistema. Las autoridades son presa de su propia política de mantener congeladas las tarifas de las empresas, lo que ha desincentivado las inversiones privadas. El crecimiento de la demanda, de entre el 4% y 5% anual en los últimos años, ha obligado al Estado a realizar inversiones de urgencia, y a repartir subvenciones entre las empresas para compensarlas de alguna manera por la caída de los ingresos.
Con una inflación oficial del 8,2 por ciento, pero que en la realidad podría ser de más del doble, según estimaciones privadas, Buenos Aires podría estar tentado a volver a endurecer el régimen tarifario, tras una tibia flexibilización este año. Si bien las cifras oficiales señalan una potencia instalada en Argentina a fines de diciembre de 2009 de 27.044 megavatios (de la cual un 57% provenía de centrales térmicas, el 36%, de centrales hidroeléctricas y 7%, de las dos centrales nucleares), se estima que sólo unos 23.000 megavatios se encuentran disponibles en forma constante y constituyen la capacidad efectiva de generación eléctrica.
Chile, que ya conoció períodos de restricción energética en el pasado, pondrá en servicio este año varios proyectos, en su mayor parte centrales de ciclo combinado, e hidroeléctricas, pendientes de los informes de impacto ambiental, con que atender las urgentes necesidades del mercado.
Perú, el país de mayor crecimiento económico de la región en los últimos años, no tiene motivos para estar agobiado: su capacidad instalada de 6.000 megawatios es suficiente para atender la demanda doméstica, pero los expertos prevén que para 2015 el país necesitará 2.000 megawatios más. Además, tendrá que hacer esfuerzos adicionales en infraestructuras, sobre todo en áreas del norte y el sur del país, escasamente equipadas.
México está inmerso en una transición de su modelo energético. Las autoridades han eliminado el monopolio en generación que ostentaba la Comisión Federal de Electricidad, la mayor eléctrica del país, para convertirla en compradora única del mercado, permitiendo la entrada de otros cometidotes como las españolas Iberdrola y Gas Natural, y la californiana Sempra Energy Solutions.
Por último, Brasil, el país que concentra los proyectos energéticos más grandes de la región, con una capacidad instalada de 107.240 Mw que supera al conjunto de América del Sur, se está beneficiando de las abundantes precipitaciones que han superado la media histórica, en contraste con las largas sequías de Venezuela y Ecuador. El 70 % de la producción eléctrica brasileña es de origen hídrico. Brasil ha anunciado un plan de infraestructuras en los próximos tres años de 150.000 millones de dólares, parte de los cuales se destinarán a proyectos de energía para alcanzar el objetivo de incrementar la producción en unos 37.395 Mw.