ANÁLISIS
Caja España o una fusión con fórceps
La operación se hará, pero la integración va a ser muy problemática.
Lo que empieza mal es muy complicado que termine bien. Primero fue la Junta de Castilla y León al tratar de imponer una fusión (virtual, pero fusión) de todas sus cajas. Los directores generales de las entidades frenaron el despropósito. Luego, en vez de enmendarse, el Gobierno autonómico volvió a intentar forzar una fusión a tres, de la que se descolgó Caja Burgos en cuanto vio la letra pequeña del acuerdo. Quedaron Caja Duero y Caja España, que van con tanto ánimo a la fusión que han tenido que llover amenazas para que ésta se firmara in extremis tras unas maratonianas negociaciones en el Palacio de Tordesillas.
Hoy, el consejo de administración de Caja España votará, en una convocatoria extraordinaria, la fusión con Caja Duero. Y lo va a hacer favorablemente. ¡Qué remedio le queda! Pero las diferencias entre la caja con sede en León y la que está en Salamanca, apenas dos meses después del difícil acuerdo alcanzado a principios de año en Tordesillas, y sobre todo los recelos permanentes entre las dos organizaciones (recuerdan los turbulentos meses que se vivieron en el Bilbao y en el Vizcaya tras la repentina muerte de Pedro Toledo, y que finalizaron en el laudo de Mariano Rubio), vaticinan una integración muy complicada.
Las presiones de la Junta de Castilla y León y las amenazas del Banco de España no han hecho sino reforzar las reticencias de Caja Duero a una fusión que, no obstante, todos consideran ineludible e imprescindible para garantizar la viabilidad de ambas entidades. Ninguna de las dos puede seguir su andadura en solitario, y la autoridad monetaria ha vuelto a advertir este fin de semana que no le temblará la mano a la hora de intervenir si fracasa la fusión.
Pero hay despropósitos permanentes. Tras meses de tratar de impedir que Caja Burgos entrara en el Grupo Banca Cívica, el Gobierno autonómico presiona con la amenaza de llevar a Caja España a esta fusión de facto en la que se han embarcado también Caja Ávila y Caja Segovia. A las que probablemente el cuerpo les pedía una alianza con Caja Madrid. Caja Duero quedaría descolgada del proceso, y pendiente de la decisión del Banco de España sobre su problemático futuro en solitario. Vamos, una invitación a la intervención.
El último capítulo de esa guerra sucia en la que se ha convertido la fusión entre Caja Duero y Caja España es que, según el consejo de la primera,
es "imprescindible" que "el proyecto que se someta a la aprobación de los órganos de gobierno de ambas cajas incluya la designación del director general de la nueva entidad y los miembros del equipo directivo de primer nivel". En Caja España se agarran como una lapa a los acuerdos de Tordesillas.
El caso es que la fusión se hará, ¿cómo ir en contra del Banco de España con la que está cayendo? Aunque ahí está Caixa Girona, que se ha descolgado de Unnim pese a la Generalitat y al supervisor. Pero el problema de verdad va a ser cómo se hace la integración entre dos socios que no se entienden.