ANÁLISIS
Demasiadas preguntas sin respuesta en la junta del BBVA
FG no explicó por qué alarga su mandato y su sueldo ni por qué echó a 'Goiri' ni la reducción del dividendo
La junta general de accionistas del BBVA del pasado sábado en Bilbao duró algo más de tres horas. El discurso de Francisco González tenía apenas 10 folios. La misma extensión que el del nuevo consejero delegado, Ángel Cano. Intervinieron 11 accionistas, que fueron los que animaron una junta más bien sosa, donde el espectáculo estaba fuera, con los activistas disfrazados de ejecutivos del banco manchados de sangre. Y sólo a raíz de las intervenciones críticas de estos accionistas (ocho de once) FG se dignó en contestar a algunas de las preguntas que todo el mundo, dentro y fuera del BBVA, esperaba que resolviera en su discurso.
No todas. Porque hubo preguntas sin respuestas. ¿Por qué el beneficio del BBVA ha caído el 16% en 2009?, ¿y el dividendo en efectivo, el 18%? O cuestiones más estratégicas: ¿por qué FG se ha autoalargado su mandato tres años, con opción a hacerlo hasta cinco? Y no será porque no se lo preguntaron. Teresa Richard, una de las accionistas más beligerantes en su intervención, reprochó que prolongue su presidencia hasta los 70 años "mientras prejubila a los 50, ¡increíble! "
También quedaron en el aire dos cuestiones entrelazadas: ¿por qué ha prescindido de José Ignacio Goirigolzarri?, ¿por qué ha elegido a Ángel Cano sucesor de éste? FG no citó en momento alguno a Goirigolzarri, ni mencionó tampoco el nombramiento de Ángel Cano. Tampoco explicó su retribución, ni su plan de pensiones, y eso que varios accionistas sacaron la cuestión, y uno de ellos, Francisco Arrese, de ELA, calificó el asunto de "obscenidad" y comparó la nómina de FG (5,3 millones de euros) con la del presidente del BCE, Jean Claude Trichet (360.000 euros) y su jubilación (79,7 millones de euros) con la media de un empleado del BBVA (12.000 euros).
La única pregunta que realmente contestó fue la que le planteó la primera accionista en intervenir. Efectivamente, el BBVA ha puesto a la venta la sede de Gran Vía en Bilbao. Algo que toda la ciudad sabe desde hace meses, porque nadie hasta ahora quiere comprar un edificio con amianto entre sus vigas y porque el precio exigido es elevado. "¡Qué vamos a hacer! No la vamos a regalar", respondió FG con cierta acritud.
Silencio ante los datos de accionistas-empleados y ante la lacerante comparación del banco antes de la llegada de FG y diez años después: 30.000 empleados y 100 directivos frente a 26.000 trabajadores y 2.200 ejecutivos ahora. Posiblemente, la crítica más aplaudida por los asistentes al acto en el Palacio de Euskalduna.
Un FG a la defensiva en su discurso, muy macro y poco prolijo en explicar qué ha pasado en el banco y cuáles son sus planes para éste y para los siguientes ejercicios. Y que sólo enseñó las uñas cuando las intervenciones de los accionistas se cebaron con su salario. Tachó de "emocionales" muchas críticas a su gestión, que iban mucho más allá de lo de la sede en Bilbao.
Por no haber, no hubo ningún mensaje al competidor, y eso que un complaciente accionista se lo puso a huevo con lo de que el BBVA no necesitaba ampliar capital, como sí hizo el Santander.
El banco no quiso sacar pecho del incremento de la asistencia del capital, del 57,1% al 59,31%. Quizás porque FG perdió claramente apoyos entre los accionistas: en 2005 fue reelegido con el 99% de los votos, y el sábado se tuvo que conformar con el 93,5%.
Y el nuevo consejero delegado, Ángel Cano, pasó por la junta sin pena ni gloria, con un discurso sin fuerza, sin el detalle de citar a su antecesor, autocomplaciente, y sin ideas que merezca la pena reseñar. Muy en la línea de su jefe, que al menos quiso dar un titular con eso de que "queremos ser el mejor banco universal del siglo XXI".
Sí hubo mejoras en la cantidad (la calidad es más opinable) información facilitada a los accionistas. El informe anual tiene 329 exhaustivas páginas, con una tipografía que no invita precisamente a su lectura. Y el informe financiero, 177, con un alarde de maquetación un tanto retro. Más un USB con la misma documentación, en castellano y en inglés. Podía haber seguido el ejemplo de Banesto y ahorrar toneladas de papel gracias a los pen drive. Pero cada uno tiene que dejar su huella en la junta que le corresponde.