La polémica sobre su retribución fue la estrella en la junta general de accionistas
FG: "Todos en el BBVA debemos estar orgullosos de lo que ganamos y de poder llegar a fin de mes"
Recuerda que ha sido el único gran banco que no ha necesitado ampliar capital
En un banco que patrocina la Liga de Fútbol, era de esperar esa táctica. La mejor defensa es el ataque. En una junta general de accionistas mucho menos turbulenta de lo que se esperaba (los sindicatos mayoritarios no intervinieron, como estaba previsto, ni tampoco algunos grupos de accionistas críticos que lo habían anunciado, lo que daba a entender un pacto antes de que comenzara el acto, que en el BBVA niegan), el presidente del BBVA, Francisco González, llegó con más apoyo: estaba el 59,31% del capital, prácticamente dos puntos más que el año pasado. Y salió de allí con el orden del día aprobado por abrumadora mayoría: su reelección fue la que consiguió menos apoyo, el 93,47%; la ratificación de Ángel Cano como consejero delegado, el 95,25%; y el plan de incentivos, el 94,53%.
Pero tampoco fue precisamente un paseo para FG, aunque de las 11 intervenciones de accionistas, tres fueron para aplaudir su gestión. Dos parecieron muy estratégicas, ya que uno era accionista del Compass, el banco estadounidense del BBVA, y se mostró en inglés "orgulloso de ser ahora accionista del BBVA". Y el otro, del mexicano Bancomer, que felicitó al banco por sus resultados "pese a la crisis y a la gripe A" y reclamó "una estrategia para consolidar el liderazgo" del BBVA en México. El tercero, un español, cerró el turno de intervenciones y aprovechó para citar al enemigo, al Santander, que tuvo que ampliar el capital, no como el BBVA, "que no lo necesitaba".
Antes, en su discurso, el presidente del BBVA sacaba pecho porque era el segundo gran banco europeo por beneficio por acción entre 2006 y 2009 (4% superior frente a una caída del 75% en el sector), que el retorno total para el accionista (dividendo más cotización) en 2009 era del 54% frente al 29% de los competidores, y que destina al accionista el 30% del resultado ordinario.
El incidente más sonado se produjo fuera de la junta de accionistas en Bilbao. Ocho personas fueron identificadas por la Ertzaintza tras participar en una protesta en la que, vestidos con uniforme de ejecutivos (traje y maletín) se arrojaron pintura roja. Era uno de los actos de la concentración convocada por la Plataforma contra el BBVA bajo el lema "Sin escrúpulos, todo por la pasta".
FG sí tuvo que escuchar críticas, algunas muy duras, de los ocho accionistas restantes. La primera reprochaba al presidente del BBVA el traslado a Madrid y su remuneración. Un director de oficina en Canarias acusaba a sus superiores de "presiones y vejaciones" antes de ser despedido el 4 de febrero, cuando tres años antes fue premio a la mejor sucursal por productividad. Y exigía al presidente del BBVA "que no se haga pasar a otros empleados por ese trance", mientras le recordaba que "el equipo humano es el principal capital de una empresa". Otro accionista le sugería implantar en el banco el contrato de relevo. El sexto en intervenir le acusó de "indiferencia" ante la situación de clientes y accionistas, también criticó su retribución: "Reflexione sobre lo que ocurrió con Mario Conde y luego con Madoff".
El representante de la Plataforma denunció en la junta que el BBVA financiaba empresas de armamento, fabricantes de bombas de racimo, misiles, que almacenan armas nucleares, y exportan armas a países que vulneran los derechos humanos. Actuaciones que indican que el BBVA no cumple con sus propios criterios de responsabilidad social corporativa y de transparencias. Y exigió "informes públicos" sobre financiación a empresas de defensa y sobre los países destinatarios de ese armamento.
La representante del sindicato gallego CIG criticó el trato discriminatorio a las mujeres, la pérdida de poder adquisitivo de los empleados "que contrasta con el plan de retribución de los directivos", el abuso de subcontratas en América Latina y que se haya reducido la jornada de limpieza de las oficinas. Además de reclamar un Plan de Igualdad, denunció el abuso en la prolongación de la jornada laboral, incluso colocando actos promocionales los fines de semana en los que se "sugiere" a los empleados su asistencia. La sindicalista, habitual en las juntas del BBVA, recordó a FG que "el personal satisfecho rinde más" y que lo peor era retribuir el esfuerzo de forma desigual.
Un empleado del BBVA fue el único que citó al anterior consejero delegado: "La marcha de Goirigolzarri ha sido nefasta". El BBVA tiene la ratio de eficiencia por empleado mejor del mundo, "pero no se le reconoce" al trabajador. "Cuando usted llegó al BBVA el centro de decisión estaba aquí, en Bilbao. Ahora está en Madrid", dijo. Y aportó un dato revelador: antes de FG había en el BBVA un centenar de directivos, ahora, 2.200. "Las sucursales tienen muy pocos empleados, lo que supone maltratar al cliente", insistió. "Reconsidere las formas de hacer las cosas", terminó, en la intervención más aplaudida de la junta.
El representante del sindicato CGT también aludió a los 2.200 directivos de FG, criticó que "hemos perdido cuota de mercado", una subcontratación "contraproducente", el "grave problema de la falta de plantilla", los malos sistemas de incentivación y que falten empleados en la red de sucursales. Propuso "generar empleo que garantice un servicio de calidad a los clientes", traslados y ascensos "con transparencia" y le recordó al presidente del BBVA el compromiso pendiente de más aportación al fondo de pensiones para los empleados con menos sueldo.
En sus respuestas, FG aprovechó para subrayar que el BBVA no ha hecho ampliación de capital. Insiste en que no habrá mudanza de sede a Madrid. Y pasó al ataque. "Nos pagan no por estar en Madrid o en Bilbao, Nueva York o en Los Ángeles. Nos pagan por estar en todo el mundo y aprovechar las oportunidades". Lo de Bilbao "es un discurso emocional que no tiene nada que ver con una empresa moderna", "hay que pensar en global, no en Bilbao o en Madrid", "ésa no es la forma de gestionar una entidad y si queremos hacerlo desde un punto de vista emocional o de intereses personales, convertiríamos el banco en una fundación o en una ONG".
Las quejas del director de sucursal de Canarias y de otros empleados y accionistas las definió como "un tema emocional", y dejó claro que "no cometeremos arbitrariedades por mucho que vengan a las juntas generales de accionistas a tratar de presionarnos".
Las críticas a su retribución (FG ganó 5,32 millones de euros en 2009 entre el sueldo fijo y el variable, y además cuando abandone su cargo tendrá derecho a una pensión de 79,77 millones, cantidad que un accionista consideró "obscena", y otro le recordó que "el dinero que usted se lleva sale del bolsillo de todos los accionistas") son "injustas". Más argumentos: "Dada la actual coyuntura económica, todos en este banco, empezando por mí, tenemos que estar orgullosos de lo que estamos ganando, cada uno a su nivel nos debemos congratular de trabajar en esta casa, poder llegar a final de mes y saber que vas a cobrar tu nómina". Y para llegar a ello reconoció que en ocasiones hay que llevar a cabo actuaciones drásticas, si bien "nos pagan también por tomar decisiones difíciles".
Al representante de la Plataforma le recordó que se ha cancelado un crédito a una empresa fabricante de armas, y le espetó: "No es cierto que financiemos ventas de armas a países que vulneran los derechos humanos". Aunque admitió que van a revisar todas las operaciones denunciadas. Y a los sindicatos les explicó que "representan unos intereses, nosotros a todos, y debemos velar por los intereses de todos", "no es verdad que el empleado haya perdido poder adquisitivo", y que "nos pagan por tomar decisiones, y algunas tienen que ser drásticas, podríamos no hacer nada y al final arruinar al banco y a todos ustedes, pero eso no sucederá mientras el consejo de administración, el presidente y el consejero delegado del BBVA sean los que son".