ANÁLISIS
El mercado responde con desconfianza a la presentación de Campa
El seguro de impago de la deuda española alcanza máximos
Pese a las promesas realizadas a los inversores del Reino Unido de rebajar el déficit público al 3 por ciento para el 2013 por el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, y pese al repunte del euro, los mercados siguen desconfiando de la capacidad del Ejecutivo para poner orden en la economía española. Lo evidencia, entre otras señales, la subida del coste de los seguros de crédito. Los analistas piden diferenciar datos que afectan a Europa en general, de lo que sucede en los PIGS. Ocurre con el repunte del euro, que estiman es una señal de que la economía de la Unión puede recuperarse. O del optimismo que empieza a generar la mejor evolución de las finanzas de los grandes países comunitarios. En definitiva que los brotes verdes que han brotado en Europa no tienen porque generalizarse a los países más retrasados en su recuperación, como el caso de, Grecia, Portugal y España.
Los seguros de impago sobre la deuda de España alcanzaron ayer nuevo máximo histórico al llegar a 173.000 dólares al año para cubrir 10 millones de dólares. Es un claro indicador del aumento del riesgo país. Estos seguros se dispararon la semana pasada. Alcanzaron el jueves su entonces máximo histórico en 170 puntos. Durante la jornada de ayer incluso llegaron a bajar hasta los 165, pero al cierre de la sesión volvieron a máximos; en 173 puntos. Desde que la semana pasada el comisario europeo Joaquín Almunia dijera que las economías de Grecia, Portugal y España compartían problemas estructurales por su elevado déficit y su pérdida de competitividad, la prima de riesgo de los tres países se ha disparado. Como lo ha hecho el diferencial de la deuda pública española con la deuda alemana, la de referencia en Europa. Su aumento llega hasta casi los 100 puntos básicos, lo que obliga al Estado a tener que ofrecer casi el 1% más de rentabilidad que Alemania para atraer a los inversores.
El Financial Times ya daba una explicación ayer de por qué se mantiene la desconfianza en la situación de la economía española: por el crecimiento de la deuda. Los casi 77.000 millones de nuevas emisiones que va a tener que realizar el Tesoro para financiar las actuaciones previstas por el ejecutivo, sobre todo para mantener su política social, están muy por encima de los límites que los inversores institucionales creen debe imponer el Ejecutivo para no llevar la deuda a límites indeseados. Sobre todo ahora que se tiene que emitir a un coste hasta un punto porcentual por encima de lo que puede hacerlo el Estado alemán. Mantener la deuda 20 puntos porcentuales de la medida comunitaria no les parece suficiente esfuerzo porque el déficit sigue siendo muy alto y el desempleo exige desembolsos adicionales.
Hasta ahora se había defendido la idea de que resultaría más eficaz tomar iniciativas conjuntas en el ámbito de la Unión Europea para afrontar la crisis. Pero estas medidas, como casi siempre en el ámbito económico, se adoptan de forma unilateral. Falta por saber si el consejo Europeo que se celebrará el próximo jueves en Bruselas a iniciativa del presidente permanente del Consejo, el belga Van Rompuy, va a servir para algo o cada socio seguirá presentando sus proyectos de acuerdo con el nuevo Tratado de Lisboa. Grecia va a complementar los datos de su proyecto de plan de austeridad para sanear las cuentas públicas, como le exige Bruselas. Portugal anticipó la semana pasada, antes de comunicarlo a Bruselas, que va a realizar más recortes al proyecto de presupuesto en vigor. El Ejecutivo anunció la semana pasada el recorte de más de 50.000 millones en los próximos tres años, como la medida más relevante de su proyecto.
Al margen de las medidas comunes que puedan introducirse Zapatero tendrá que clarificar a lo que España se compromete de cara a controlar el déficit a lo que no lo está. En su comparecencia del día 17 tendrá la oportunidad de precisar con que se compromete España de cara a las medidas que le ha pedido Bruselas que aplique para cumplir con el Pacto de Estabilidad.
También haría bien el Ejecutivo en tratar de imponer una línea de máxima transparencia en la presentación de sus proyectos. Las consideraciones de que hay una confabulación internacional contra España y contra Zapatero de los países que quieren desestabilizar el euro, como decía ayer el ministro de Transportes, puede estar bien para consumo privado, pero resulta difícil que no se lo tomen a chirigota quienes vienen ejerciendo la crítica.