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Publicado el martes 9 de febrero de 2010
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La resultante de la fusión crea un grupo con más de 180 empresas

La nueva Caja España gana poder en Iberdrola y en Ebro Puleva

Como en Galicia, la integración genera el hólding más importante de Castilla y León

Caja EspañaMiguel Ángel Valero.– Sin los problemas que está sufriendo la Xunta de Galicia para forzar la creación de una caja de ahorros única en esta autonomía y que le daría el poder de ser el mayor empresario de la región, la Junta de Comunidades de Castilla y León se garantiza, gracias a la fusión entre Caja España y Caja Duero, un control sobre unas 180 empresas. Aunque el número real tendrá que descender porque la nueva Caja España reducirá el número de sociedades inmobiliarias en las que están ahora presentes las dos entidades de ahorro. También, porque se resolverá el actual problema de duplicidad de sociedades de bancaseguros: Caja España está con Aviva y Caja Duero, con Mapfre.

Pero no hay duda de que, pese a la depuración de inversiones en sociedades que se producirá tras la integración efectiva de las dos cajas, el grupo resultante va a ser el mayor hólding empresarial de Castilla y León. "Probablemente", se curaba en salud el director general de Caja España, Ignacio Lagartos, nada más firmarse (bajo la atenta mirada del Banco de España y del Gobierno autonómico) el salomónico acuerdo de reparto de sedes entre Salamanca y León que eliminó el gran obstáculo a la fusión.

El grupo empresarial que ahora resulta de la suma de Caja Duero y de Caja España (coinciden en una decena de compañías) cuenta con 180 sociedades, con una inversión aproximada de 1.800 millones de euros (1.000 millones de la entidad salmantina y 800 millones de la leonesa). Una fuerza que supera a CXG, la corporación industrial y financiera de Caixa Galicia, al grupo de empresas de UnicajaSur, al de Caixa Catalunya o al de la Kutxa. Y se coloca al nivel del grupo empresarial de Caixanova o al de la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Eso sí, tiene que mirar a lo lejos a las grandes: La Caixa, BBK, Caja Madrid y Bancaja.

Con la fusión entre Caja España y Caja Duero, Castilla y León gana poder de decisión, y también capacidad de influencia, en empresas de primera línea como Iberdrola o Ebro Puleva. Lo que demuestra cómo muchas decisiones de inversión en empresas de las cajas de ahorros no se toman en sus despachos, sino en los del Gobierno autonómico de turno. También cobra peso Salamanca, que en la dura pugna de las sedes se ha llevado la de las participaciones empresariales. Curiosamente, las dos entidades habían desplazado buena parte de la gestión de sus inversiones en empresas hacia Madrid, ya que participan en proyectos de interés suprarregional y en grandes empresas con un peso internacional creciente cuyas sedes están en la capital de España.

La nueva Caja España tendrá presencia en sectores como el de servicios, el inmobiliario, el capital riesgo, los seguros, la industria, las telecomunicaciones, el agroalimentario, el energético, el aeronáutico, los servicios sociosanitarios y los hoteleros. Además de en Iberdrola y en Ebro Puleva, la entidad de ahorro más grande de Castilla y León aumentará su poder accionarial en sociedades de menor peso como Seguranza, Isdabe e Iberaval. Caja España también estará presente en Lingotes, Inzamac, Fomento de Construcciones y Contratas, Gas Natural Castilla y León, Aries Complex, Blindados Grupo Norte, Iberdrola Renovables y Uralita, entre otras empresas.

Pero posiblemente uno de los mayores efectos de la fusión entre Caja España y Caja Duero es que la nueva entidad de ahorro tendrá la mayoría absoluta en Madrigal. Esta sociedad fue creada por las cajas de Castilla y León para tratar de de escapar a la intención integradora de su Gobierno autonómico, entonces presidido por Juan José Lucas, y ahora presidenciable para la nueva Caja España, aunque sin descartar a Fernando Bécker, ex presidente del Instituto de Crédito Oficial y consejero de Economía con Lucas en la autonomía. También para instrumentar mejor los marrones que las cajas debían asumir en pro de los intereses de Castilla y León.

Cuando en 2004 surgió Madrigal, presentada oficialmente como la herramienta creada por todas las cajas de ahorros de Castilla y León para invertir en proyectos de interés regional, las seis entidades de ahorro (además de Caja España y de Caja Duero, Caja Burgos, en trámites de incorporarse al Grupo Banca Cívica; CajaCírculo, Caja Ávila y Caja Segovia) decidieron que la aportación de cada una de ellos debía ser proporcional a su peso en la Federación de Cajas de Castilla y León. Lógicamente, Caja España y Caja Duero eran las que tenían la voz cantante en la sociedad de capital riesgo, en la que también es accionista la Junta de Comunidades de Castilla y León.

Esa posición de dominio, que servía también de contrapeso entre las dos (Caja España tiene el 34% de madrigal, y Caja Duero, el 30%), se hace ahora abrumadora con la fusión. La nueva Caja España, con el 64% del capital, tiene una mayoría más que suficiente para imponer sus decisiones en Madrigal. Una sociedad de capital riesgo que mantiene destacadas posiciones en empresas como Ahora, con la posible suma de ambas, este peso les da, con diferencia, la mayoría absoluta objetiva a la hora de la toma de decisiones. Madrigal es destacado accionista del Grupo Aciturri, propiedad del empresario mirandés Ginés Clemente y dedicado al sector aeronáutico (es uno de los tres únicos proveedores nacionales de primer nivel del Airbus); del alimentario Grupo Siro, de TecnoAranda, de Altair, de ALA Ingeniería y Obras, y de las bodegas Arco. También controla el 40% del grupo de distribución El Árbol.

Precisamente esa posición abrumadora de la nueva Caja España en Madrigal suscita suspicacias entre el resto de las cajas accionistas. De hecho, al presidente de turno (el puesto rota cada año entre los presidentes de las cajas) de Madrigal, Agustín González, de Caja Ávila, le ha faltado tiempo para recordar que la sociedad de capital riesgo funciona con mayorías cualificadas, que ahora resultarán insuficientes. Y que hay que buscar una fórmula para que el control que pueda ejercer la nueva Caja España no sea tan abrumador como su participación accionarial. Una vía es continuar con las decisiones tomadas por consenso, como hasta ahora, aunque ese sistema hace muy lento el proceso de inversiones en empresas.