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Publicado el jueves 4 de febrero de 2010
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ANÁLISIS

Revolución en el PSOE por la reforma de la pensiones 

Bruselas, a través de Almunia, advierte de la gravedad de la situación

J. Hervás.– Zapatero no ha acertado en esta ocasión con las formas. La propuesta de la reforma del sistema de pensiones, que los organismos internacionales vienen recomendando a España con tanta insistencia como la propia reforma del conjunto del sistema laboral, ha desencadenado un profundo debate interno en el Partido Socialista, desconocido durante la época Zapatero. Dado su alcance no se descarta que entre las consecuencias más inmediatas esté la pérdida espectacular de votos en los próximo comicios electorales, el primero de ellos las autonómicas catalanas. La propuesta del sociólogo guerrista, José Felix Tezanos, de formar un gobierno de concentración PSOE-PP es la muestra más evidente de lo mucho que han cambiado los ánimos en el interior del Partido. 

Por su parte, los populares empiezan a pensar que no es imposible volver a La Moncloa en las próximas elecciones. Sobre todo tras leer detenidamente los últimos ajustes de las encuestas que les entregan sus sociólogos, pese a haber desconfiado siempre de su líder, Mariano Rajoy,.

Las reformas planteadas no son fruto de la casualidad. El Gobierno, y muy en especial su presidente, Rodríguez Zapatero, han recibido advertencias muy importantes en la reunión de Davos. Pero sobre todo están presionados por la Comisión Europea. Joaquín Almunia empersonar está tratando de convencer al presidente que abandone su optimismo y buenismo sin sentido. Sus últimas comparecencias como comisario de asuntos económicos y monetarios antes de que el próximo día 8 cambie de cartera van en este sentido. Es una de las razones por las que el Ejecutivo está tratando de introducir algo más de vitalidad a las reformas. Aunque los patinazos son de vergüenza.

La urgencia viene impuesta por una serie de razones. Los últimos informes, como el que UNESPA encargó que coordinara Rodrigo Rato con participación de políticos y sindicalistas del máximo espectro político y social posible. Las cuentan empiezan a no salir mucho antes de lo previsto. Con escenarios de crecimiento creíbles, se vislumbra que empiezan a faltar recursos mucho antes de lo previsto.

Las modificaciones que se han dado a conocer como punto de partida no son nada descabelladas. Por ejemplo subir a 25 años para fijar la media de la pensión está vigente en países con tanta sensibilidad social en este ámbito como en Francia, donde la administración da por sentado que se tienen que discutir las ventajosas condiciones de las que disfrutan al día de hoy los funcionarios, cuyo sistema les permite calcular la pensión sólo sobre los seis últimos meses.

La reforma de las pensiones, del mercado laboral y muy probablemente la lucha contra el déficit van a sacar a relucir los viejos demonios de muchos y buenos socialistas que se niegan a perder los derechos sociales adquiridos. Pero introducir racionalidad en el sistema, que en sus condiciones actuales margina a muchos y corre el riesgo de marginar a todos, no es ir en contra de los derechos de nadie.

La mayoría de los españoles, muy en especial los que declaran votar al PSOE, confiesan estar en contra de la ampliación de la edad de jubilación y de la ampliación de los años de cotización. Las reformas en estas condiciones se hacen complicadas, Recuerdan a los meses previos a la decisión de llevar a cabo la primera huelga contra el Gobierno de Felipe González.

La práctica totalidad de los países europeos tienen sobre la mesa una propuesta de reforma. Quienes no lo tienen lo tendrán que hacerlo cuando vayan a presentar sus programas económicos plurianuales al Ejecutivo comunitario. En la mesa de Bruselas la generalidad de los informes advierte que la inviabilidad del sistema empieza en una decena de años.