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Publicado el domingo 21 de febrero de 2010
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UN BANCO EN EL RETIRO

China y el origen de la crisis española

El déficit comercial con el país asiático supera el acumulado con el resto de la UE

Noria de TokioPor Luís Alcaide.– En el debate parlamentario sobre el estado de la crisis española y como afrontarla, el gobierno anuncia la creación de una comisión entre cuyos objetivos figura una política industrial, la mejora de la competitividad y la creación de empleo. Este aburrido ciudadano acababa de ojear las estadísticas sobre el comercio exterior de España. Inquietud ante algunas cifras que me llevan a consultar con un joven amigo metido en los fregados del comercio internacional. Mi pregunta: ¿por qué en el intercambio de mercancías entre España y China se registra un déficit superior al de España con la UE y también con la zona euro? Mi amigo me lo confirma. En efecto, incluso en el periodo enero-noviembre 2009, el déficit con China -13.611 millones de euros- supera a los 11.089 millones con la Unión y 9.258 millones con la zona euro. Continúa: más llamativo que el déficit es la desproporción entre ventas y compras lo que llamamos cobertura entre exportación e importación. Con la Unión Europea, el porcentaje es del 90 % y con China, apenas un 13.5 %. Es decir, apostillo que en los intercambios con la Unión por cada 100 euros de compra vendemos 90 y sólo 13.5 euros con China.

Observa además que con el otro país con el que se registra un déficit casi igual, Alemania, la cobertura es del 59% que de una manera o de otra estaría compensada por los ingresos del turismo alemán, sin olvidar que en los fondos estructurales y comunitarios recibidos de la UE, Alemania ha sido a través de su presupuesto el principal contribuyente neto. ¿Acaso, pregunto, las mercancías chinas son de una necesidad vital para el desarrollo de la industria española? Nada de eso, la maquinaria y los bienes de equipo alemanes si pueden serlo, pero esto no sucede así con las mercancías chinas.

Mi joven amigo formado en las excelencias de la globalización y las ventajas del libre comercio me previene ante cualquier tentación proteccionista. También, yo bebí en esas fuentes y comprobé en carne propia - autarquía franquista y comunismo romano- los males terribles del proteccionismo fundamentalista. Claro que el sentido de la medida obliga a plantearse si un déficit desproporcionado es compatible con las ventajas mutuas del libre comercio.

Bueno,  con Alemania, me responde, las transacciones se liquidan en una moneda común mientras que el yuan chino está manipulado a través de los mecanismos de control de cambio que manejan sin pudor las autoridades chinas. En definitiva, reflexiono, una política mercantilista de arruinar al vecino. En efecto, sigue mi interlocutor, el excedente comercial chino preocupa cada vez mas hasta el punto que sus relaciones con el gobierno USA se enfrentan a un serio contencioso sobre subir de aranceles y derechos antidumping, en suma retorsiones en el umbral de las relaciones comerciales. También sigue, en América Latina después del júbilo inicial entre los grandes productores de alimentos, Brasil y Argentina, están apareciendo serias fricciones, incluido el mal humor mejicano por la sospechosa competencia china en el mercado de los Estados Unidos.

Intervengo, también he leído que los países africanos se cuestionan sobre las excelencias y ventajas de las multinacionales chinas en las explotación de los recursos del subsuelo africano. Quizá veremos pronto a algún Lennin subsahariano lamentarse del imperialismo chino o algún progresista latinoamericano replantear las tesis de la CEPAL ante la presencia invasora de China en el subcontinente.

Quizá he ido demasiado lejos. Mi amigo se excusa con un almuerzo en un restaurante chino. Reflexionaré, me dice. Reflexiona también sobre el derecho de establecimiento sobre su significado y aplicaciones porque me da la impresión de que hay muy poca simetría a la hora de aplicarlo en España o en China. Mira a ver cuantos empleados no chinos trabajan en ese restaurante.

Regreso al fin de la mañana por el Retiro camino de mi casa. Me pregunto si no me estoy convirtiendo en un cavernícola insolidario con los millones de chinos que salen de la pobreza gracias a su esfuerzo. ¿Será eso o mi rechazo a una política mercantilista de un país que no duda en condenar a un disidente político Liu Xiaobo, a once años, o mas bien mi impaciencia ante la pasividad del gobierno y de la administración española al rehuir el enfrentamiento con las ferocidades del comercio internacional?