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Publicado el viernes 19 de febrero de 2010
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UN BANCO EN EL RETIRO

De la chacha a la empleada del hogar

Por fin superamos en algo a Alemania: en el servicio doméstico

empleada del hogarPor Luis Alcaide.– El servicio doméstico es una actividad económica en la que España figura a la cabeza de Europa. La crisis ha influido más negativamente entre los inmigrantes irregulares ocupados en esa actividad que entre aquellos dados de alta en la Seguridad Social. Un estudio sobre el servicio doméstico en España realizado por el Observatorio de Relaciones Laborales del Consejo Económico y Social traza una serie de comparaciones y análisis estadísticos a la vez que cuestiona algunos lugares comunes sobre el trabajo encubierto o no declarado en los hogares españoles.

Alemania, con unos 80 millones de habitantes y 38 millones de ocupados, en el primer trimestre de 2009 sólo contaba con 208.000 empleados domésticos, un 0.5 % de su población ocupada. Prácticamente todo son mujeres, unas 195.000 que equivale al 1.1% de las mujeres ocupadas. En ese mismo trimestre, España, con una población ocupada de 19 millones, empleaba 711.600 en servicios domésticos. Es decir, el 3.7% de los ocupados. También el número de mujeres es más elevado, 653.500, un 7.9 % del contingente de ocupadas.

Las comparaciones con otros países significativos siguen mostrando esas diferencias. En Francia, el empleo doméstico, 523.300 personas, representa el 2.3% de los ocupados con un predominio de las mujeres, 500.000, equivalente al 4.1% de las ocupadas. En Italia, los servicios de hogar representan el 1.9 % de la población ocupada y el 4.3 % entre las mujeres. Ningún otro país de la UE emplea en el servicio doméstico un porcentaje igual o superior al 1% de los ocupados. En consecuencia existe una diferencia muy sustancial como subraya el CES que, sin embargo, no incluye datos de Grecia y Portugal.

La peculiaridad española responde a la fuerte inmigración y a la incorporación reciente  de las españolas al mercado de trabajo, incorporación que abría una brecha en una sociedad familiar muy solidaria con los hijos y con los mayores dependientes. Estos vínculos familiares y ciertos prejuicios para "abandonar a padres o abuelos en el asilo", aun cuando ya existen residencias confortables, han debido tener una influencia no fácil de cuantificar.

Hábitos y lazos familiares por otro lado, resultado de una sociedad agraria que tardó bastante más que las europeas en convertirse en una sociedad industrial. Una población agraria muy abundante que respondía a los incrementos de productividad debidos a la mecanización del campo enviando a sus jóvenes campesinas a las ciudades. Las antiguas criadas se convierten en chachas y luego en chicas de servir junto a las asistentas.

En el Reino Unido, por ejemplo, el servicio doméstico en la época de gran prosperidad victoriana no tuvo una difusión tan extendida como en España. Prácticamente se limitó a las mansiones señoriales de la aristocracia y la alta burguesía pero las clases medias de funcionarios y comerciantes no estuvieron en condiciones de competir con los salarios de oficios, talleres y fábricas. Esta herencia iba a marcar a la sociedad inglesa. Recuerdo de mis estancias en Inglaterra la sorpresa que me producía la preferencia de las familias para disponer de mas de un automóvil frente a su frugalidad alimenticia o parsimonia en al limpieza del hogar.

Desde el final de la Guerra Mundial la proliferación de los electrodomésticos tuvo un efecto determinante en al demanda del servicio domestico en Europa. España no fue ajena a estas innovaciones tecnológicas pero los hábitos de la población mantuvieron la estructura de los presupuestos familiares. Sin embargo, entre 1987 y 1997 el empleo en España retrocedió siguiendo la misma tendencia que en Europa. En efecto, entre esas fechas se produjo un descenso de ocupados del orden de un 25 % tendencia que se rompe e incluso se invierte en los diez años siguientes con incrementos del 114 %.

Es la época de la gran afluencia de inmigrantes femeninos unos 2 millones frente a los 150 mil del decenio anterior. Época de crecimiento económico e incorporación masiva de la mujer al mercado de trabajo junto a mayores exigencias de conciliación con las actividades del hogar. Conciliación por otra parte difícil por la escasez de empleos a tiempo parcial y la resistencia de las empresas a ajustar los horarios de trabajo. Jornadas interrumpidas y prolongadas se consolidan.

La llegada de la crisis ha tenido una repercusión negativa entre los inmigrantes de ambos géneros pero el descenso en la rama doméstica ha sido todavía mayor que en el resto de las actividades económicas. En efecto, la EPA confirma este descenso mientras que los registros de afiliación a la Seguridad Social demuestran que el número de cotizantes en la rama del empleo doméstico se ha mantenido estable. El descenso de los trabajadores del hogar que registran la encuesta de la EPA contrasta con la evolución de los cotizantes. La pérdida del empleo ha tenido lugar preferentemente entre las trabajadoras irregulares.

También la crisis parece que esta empujando a una mayor participación en esta rama de actividad a mujeres españolas de mayor edad que aceptan el trabajo doméstico fuera del hogar propio. En cualquier caso y a finales de 2009 las mujeres españolas representaban el 42.7 % del total de empleadas domésticas mientras que en 2005 llegaban al 50.4 %. Mujeres por otro lado cuyo nivel de estudios es muy inferior al de las empleadas domésticas extranjeras.

Regreso hacía mi banco del Retiro. Arrecia la lluvia mientras me pregunto cual será el futuro de este colectivo de servicio doméstico en una sociedad española abanderada por el progresismo social demócrata de Leyre Pajín y el conservadurismo descarado de Mª Dolores de Cospedal. Evolución demográfica que protagonizará una población joven poco entusiasmada por el cuidado de la prole y agobiada por la crisis.