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Publicado el lunes 15 de febrero de 2010
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Monitor de la Construcción

Nuevas leyes, acuerdos para la seguridad y el nuevo convenio ayudan

Desciende la actividad, desciende la siniestrabilidad

El sector está haciendo un enorme esfuerzo para reducir los accidentes pese a la crisis

ConstruccíonIgnacio Mulas.– La siniestralidad laboral en la actividad constructora está descendiendo en términos reales. Esto es una buena noticia para un sector que está sufriendo como pocos los efectos de la crisis y que, contra lo que a veces se pudiera entender por algunas opiniones poco fundadas, está haciendo un enorme esfuerzo para rebajar la accidentalidad por medio de compromisos e iniciativas entre todas las partes implicadas. Las novedades legislativas referentes a formación y prevención; los acuerdos sobre prácticas preventivas y sobre la exigencia de acreditar de formación mínima en seguridad; las prescripciones contenidas en el vigente Convenio del sector sobre la obligación de disponer de servicios de prevención -propios o, cuando se trata de empresas de pocos recursos, ajenos-; la cada vez mayor concienciación de los propios trabajadores en el uso de las medidas preventivas, y la prioridad en la lucha contra los accidentes más frecuentes fruto de un mayor rigor en el análisis de sus auténticas causas, están demostrando su utilidad en una eficaz lucha contra esta inaceptable tragedia humana, social y económica.

Los datos del Ministerio de Trabajo sobre el número de accidentes con baja en jornada de trabajo muestran, en el período anual octubre 2008 a septiembre 2009 y respecto al mismo periodo inmediatamente anterior, que en este sector el número de accidentes ha descendido nada menos que un 41,1%. Esto en sí mismo no es noticia; que los accidentes en el sector hayan disminuido en términos absolutos es una consecuencia lógica del singular descenso de la actividad. Pero esa caída de la producción no es el único motivo de tan singular recorte.

En primer lugar porque el descenso de accidentes observado en este sector es mucho más intenso que el del conjunto de actividades productivas (que lo hace en un 27,1% en el mismo período) y que la población afiliada (que lo hace en un 22,4%). Y en segundo lugar porque se han reducido significativamente los valores del índice de incidencia que habitualmente se utilizan para medir este descenso en términos reales, y que son independientes de la evolución de las magnitudes absolutas que afectan al total.

Por tipos de accidentes laborales en la construcción, la reducción de su número durante el período considerado se extiende a todos ellos. Los accidentes leves lo hacen en un 41,1%, mismo porcentaje que refleja el descenso en los accidentes totales. Los accidentes graves descienden aún un poco más, el 41,6% frente a un descenso general del 30,5%. El descenso en los accidentes mortales es un poco menor pero también muy significativo, el 31,5%, también superior a la reducción observada en el total de actividades, en el que el número de accidentes mortales se redujo un 23,2%. Por número y tipo de accidentes, la construcción ocupa el tercer lugar, tanto en el total como en el número de accidentes leves, tras servicios e industria, y el segundo lugar en los accidentes graves y mortales, tras el sector servicios.

En términos de índice de incidencia respecto a la población laboral afiliada, la bajada anotada en el período es del 24%, la segunda mayor caída de todos los sectores productivos, detrás de industria, por delante de servicios y un poco más intensa que la media del conjunto nacional, que se sitúa en el 23,7%. En el sector, el índice de incidencia en los accidentes leves desciende asimismo un 24%, el de los accidentes graves un 24,7% y el de los accidentes graves un 11,7%. También hay otro dato esperanzador; la afiliación sectorial a la Seguridad Social cayó en el período más de un punto menos que la reducción del índice de incidencia de la siniestralidad en la construcción.

Hasta 1.999 este índice de incidencia de los accidentes con baja en jornada de trabajo en la construcción tuvo una dura tendencia creciente. En los años 2000 y 2001 comenzó un leve descenso que se aceleró hasta la fecha, observándose en los años comprendidos entre el 2002 y el 2009 las mayores reducciones de dichos índices de incidencia. Sin embargo este índice es, en la construcción, mucho más elevado que en el resto de actividades productivas. En 2009 aún con la singular reducción alcanzada en los últimos años, todavía se eleva a más del doble de la media nacional.

No todos están de acuerdo en que estos datos sean totalmente fiables. Y algo de razón tienen, no contra su fiabilidad pero sí en que no reflejan la totalidad de la actividad y de la siniestralidad de la construcción.

Las estadísticas reflejan los avances o retrocesos en este ámbito en relación con los trabajadores afiliados a la Seguridad Social pero no incluyen parte de los accidentes que se producen en el ámbito de la economía sumergida, los que ocurren en tajos con trabajadores contratados fuera de la legalidad, con medidas preventivas insuficientes o inexistentes y cuyos trabajadores carecen de la mínima formación en prevención de riesgos laborales, lo cual tiene una mayor incidencia en los accidentes leves o in itínere.

Ahí está uno de los grandes retos en el ámbito de la lucha contra la siniestralidad para las administraciones públicas, los agentes sociales y los propios trabajadores: expulsar del sector a quienes trafican con la falta de la mínima prevención y seguridad exigibles y son causa directa de mucha de la accidentalidad que se produce en esta actividad.

El otro gran reto es redoblar los esfuerzos en alcanzar mayor nivel preventivo. Para ello hay dos instrumentos; exigir un cumplimiento riguroso de las normativas vigentes por parte de todos los intervinientes en los tajos y redoblar los esfuerzos en dotar a los trabajadores de la formación mínima en prevención de riesgos. En esta línea se sitúa la exigencia -que será obligatoria desde principios de 2012- de que todos los trabajadores deban acreditar, para ser contratados, haber cursado esta formación en prevención a través de la Tarjeta Profesional de la Construcción.

Por ello casi un 52%  de los más de 70.000 trabajadores del sector que la Fundación Laboral de la Construcción -instrumento paritario del sector para la formación y la prevención- formó en 2009, cursó acciones relacionadas con la prevención de riesgos laborales cuando el año anterior este porcentaje no superó el 42%. Este interés se evidencia también en que las dos acciones formativas que registraron una mayor demanda fueron los cursos de "Formación inicial en Prevención de Riesgos Laborales" y "Nivel básico de prevención en construcción"  con el 28% y el 7% del total de alumnos formados respectivamente.