SIN RETENCIÓN EN ORIGEN
Zapatero, please, echa a tus asesores de imagen...
Campa lo niega, Quintás y Martín también, pero Blanco persiste en la teoría de la conspiración
Hace menos de una semana, probablemente la víspera del día que el parquet madrileño se vio inundado de órdenes de venta (más bien de toma de posiciones bajistas), que llevaron al IBEX 35 a perder más de un 10% en tres jornadas, un amigo con conexiones en Moncloa me contaba que Zapatero llevaba un largo tiempo en una especie de trance en el que, a la manera de algún precusor suyo en la presidencia, veía enemigos por todas las partes. No era el resultado obviamente de los preparativos de su viaje de reflexión a Washington para hacer de telonero de Hilary Clinton en el famoso (y polémico) Desayuno de la Oración. No, era más bien el convencimiento de que algún tipo de contubernio se estaba montando a escala planetaria entre analistas, inversores, banqueros, líderes comunitarios, directores de periódicos, periodistas y medios extranjeros para, todos ellos al unísono con Mariano Rajoy et al, echarle del Goberno de España a la primera oportunidad.
Quién mete esas ideas en la cabeza del ilustre profesor leonés no está escrito todavía, pero no hay que ser muy espabilado para hacer algunas suposiciones. De hacer caso a la teoría de Juan Luis Cebrián (¿estará también el consejero delegado en la movida contra Zapatero?), serían los dos Migueles (Contreras y el maridísimo Barroso) los culpables del aislamiento del actual presidente, que prefiere mamar sólo en aquellas ubres que le resultan agradables al cuerpo, no a la racionalidad. Pero ese clan de asesores aficionados, según la descripción de los hombres de Prisa, no justifica tanto desvarío seguido. Tienen que ser muchos otros más.
En la CEOE, la opinión imperante es que Zapatero hace tiempo que se ha convertido en el secretario de Cándido Méndez, que es realmente el que gobierna en este país. Pero como ya se sabe que la patronal no está para muchos trotes (y menos, vuelos) preferimos pensar que el problema del líder socialista no procede de su flagante sumisión a la UGT (ni siquiera a CC.OO.) sino que debe proceder de otros registros.
La teoría general es que es Pepiño Blanco el que aligera las tensiones nocturnas del viajero penitente. De hecho, mientras Zapatero imploraba en Washington por los desamparados (lo que no está nada mal si se hace ante las bases del partido pero es arriesgado hacerlo en la capital del Imperio mientras se te hunde la Bolsa y se dispara el diferencial de la deuda en los mercados), el admirado (por las constructoras) ministro de Transporte rumiaba su gran teoría sobre la conspiración planetaria, formada por vete a tú a saber que desconocido conglomerado de intereses inconfensables. A tenor de las formas que utilizaba Pepiño ante las cámaras de televisión, yo soy de los que se apunta a la teoría de que el gallego ha tomado clases de oratoria en la misma escuela de negocios que Pedro J. Ramírez, una vez que ya se ha graduado y doctorado cum laude en la Unversidad a Distancia. Por cierto, ¿qué le pasa al desaparecido director de El Mundo? ¿Estará aleccionado por Berlusconi para que Zapatero fuerce a Alierta a comprar Telecom Italia?
Sean los migueles, el tándem Méndez-sindicatos, el inefable Pepiño o Rita la Cantaora, lo que está claro es que el Gobierno Zapatero ha comenzado a desbarrar y lo está haciendo a la manera clásica. Es decir, echando la culpa a los demás de la propia indolencia. El líder socialista, con la Pajín, el Blanco y el silencio cómplice de la Salgado, debe ser el único en este país que quiere creerse que lo de que España necesita reformas es una cuestión de carcas y empresarios con puro y sombrero de copa. No le vale, siquiera, que se lo digan desde el mercado, la UE (el socialista Almunia, incluso), el FMI, la OCDE, el Banco de España, la AEB, la CECA, su secretario de Economía y hasta los analistas y creadores de opinión más respetados, como el peligroso economista de derechas Krugman, "que firma tonterías en un periódico de judios".
Lo datos de la propia Bolsa española y los cosechados en otros centros financieros internacionales han aclarado que la conspiración denunciada por Blanco y Pajín fue tan sólo un movimiento puntual consecuencia de cuestiones técnicas derivadas del propio funcionamiento del mercado. No existe conspiración contra el euro y, tampoco contra España ni Grecia ni el resto de los PIGS europeos. Lo demuestra el hecho de que la UE haya salido en defensa del país helénico, como obliga los propios compromisos de la Unión Monetaria.
Lo que sí existe es indolencia a la hora de admitir que estamos ante la peor crisis de la reciente historia de España, a la que nadie responde con audacia e inteligencia y que lo mismo da ya quien tuvo la culpa o quien nos metió en ella. De lo que se trata es de adoptar medidas concretas, valientes y correctoras, que impidan además que se reparta hoy lo que quizá no podamos pagar mañana si es que, de seguir así, nos vamos todos por el inodoro.
Por favor, Jordi Sevilla vuelve a la Moncloa y lleváte contigo a Rojo, don Ángel. Y dedica dos tardes más a enseñar economía en palacio. Pero de paso le dices al alumno aventajado que eche primero a sus asesores de imagen, sean quienes sean.