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Publicado el jueves 7 de enero de 2010
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TENDENCIAS

Díaz Ferrán, Air Comet, Aerolíneas, Zapatero y el G-20  

AIR COMETTendencias.– El inmenso escándalo de la quiebra de Air Comet con el presidente de la CEOE como protagonista, no puede pasar sin consecuencia alguna para los artistas estelares y olvidando los orígenes de este gran lío que tuvo su origen, una vez más, en ese peligroso maridaje entre empresa y política. Las consecuencias se hacen ahora especialmente visibles. Díaz Ferrán no es nuevo en estas lides y a pesar de ello o quizás por ello, ha sido reelegido presidente de la cada vez más quejumbrosa patronal española en un ejemplo de que a la empresa española le sobra política y le falta liderazgo y saber hacer.  

Hace algo más de un año Díaz Ferrán, a quienes algunos perversos denominaban hasta hace poco Díaz Ferraz, se consideraba un empresario protegido por el gobierno y que podía beneficiarse de los favores de quien maneja el Boletín Oficial del Estado. Y fue así hasta que el jefe del BOE cambio de rumbo, coincidiendo con el momento en que el empresario más necesitaba de su ayuda.

Todo empezó cuando el futuro de Aerolíneas Argentinas y la reunión del G-20 y el hay que estar en Washington "como sea", cruzaron sus caminos en la cumbre iberoamericana de 2008. El 28 de octubre de ese año, los Reyes ofrecieron en la residencia del embajador de España en Lima la tradicional recepción de devolución, una cortesía que impone el protocolo para devolver a su anfitrión -en este caso, el presidente de Perú- la hospitalidad con que fueron acogidos en su visita oficial al país. En los jardines de la magnífica residencia que disfruta nuestro embajador en Lima, la entonces secretaria de Estado para Iberoamérica, Trinidad Jiménez, habló de lo divino y de lo humano y no eludió ni una sola pregunta referida a la relaciones de España con los países iberoamericanos.  

Una de las cuestiones latentes entonces era el conflicto con Argentina a propósito de Aerolíneas Argentinas, propiedad del grupo Marsans. La víspera de aquella conversación, el Tribunal de Tasación argentino acababa de hacer público un informe demoledor sobre la situación patrimonial de la compañía aérea, que calificaba de "ruinosa". La conclusión es que Aerolíneas estaba en "quiebra virtud", su flota era una "chatarra" y que cada pasajero que subía a uno de sus aviones le suponía a la compañía unas pérdidas de 100 dólares. La conclusión final era lacónico: "el precio de Aerolíneas es cero". Ese mismo día, el grupo Marsans anunció en Madrid que rechazaba la tasación y pedía que se realizara una tercera, independiente (la encargada por Marsans, realizada por Credit Suisse, valoraba Aerolíneas entre 330 y 546 millones de dólares).

A Jiménez se le preguntó si los responsables de Marsans -el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, y su socio, Gonzalo Pascual- habían pedido al Gobierno que intermediara ante Cristina Fernández de Kirchner para evitar la nacionalización de la compañía, un empeño que la presidenta argentina había rebautizado, no sin sorna, como reargentinización. La respuesta de Jiménez no fue ambigua ni diplomática; tampoco favorable. "Claro que hemos recibido llamadas de Marsans. Nos llaman muchos empresarios todos los días y también nos han llamado los dueños de Marsans para que intermediemos ante el Gobierno de Kirchner. Pero no queremos comulgar con ruedas de molino; no nos da la gana. Nuestra obligación es defender a los empresarios españoles, pero no parece que el Grupo Marsans haya hecho una gestión en Aerolíneas lo que se dice ejemplar. Ni siquiera medio buena. Y ahora nos llaman para que defendamos que la compañía siga siendo de su propiedad...". 

Al día siguiente de la recepción en la residencia del embajador, el Rey, acompañado por Trinidad Jiménez, viajaba desde Lima a El Salvador para asistir a la Cumbre Iberoamericana. El presidente del Gobierno lo hacía desde Madrid, con el firme objetivo de recabar apoyos para acudir a la reunión del G-20 en Washington, la obsesión presidencial del momento. La primera intención de Rodríguez Zapatero era reunirse con los presidentes de los países iberoamericanos pertenecientes al G-20 -Brasil, México y Argentina- para recabar sus apoyos de cara a la dichosa cumbre de Washington.  

El más explícito fue el dado por el presidente mexicano, Felipe Calderón. Después, el de Lula da Silva, que era también presidente rotatorio del G-20. Y la más esquiva fue Cristina Fernández de Kirchner. Finalmente, la delegación española arrancó a la presidenta argentina un encuentro bilateral con Zapatero en el que el presidente español pasó de puntillas por los dos contenciosos bilaterales entonces abiertos: la nacionalización de los fondos de pensiones y el interés del Gobierno Kirchner de expulsar al Grupo Marsans de la propiedad de Aerolíneas.

El presidente español, obsesionado con recolectar apoyos para su billete a Washington, aparcó los dos temas y optó por la diplomacia: "Son asuntos bilaterales que deben resolverse desde el diálogo y el entendimiento mutuo", fue todo lo que, según informó Moncloa, se trató sobre Aerolíneas en ese encuentro bilateral Zapatero-Kirchner. La sentencia contra Díaz Ferrán había sido firmada.

Un mes después de aquellos comentarios de Trinidad Jiménez y del encuentro de Zapatero con Fernández de Kirchner, la Justicia argentina intervino la compañía de bandera y su filial Austral para "garantizar el normal funcionamiento y la capitalización de la compañía". Pero la intrahistoria de esa noticia no se coció en Buenos Aires, sino en Lima y en San Salvador.  

La respuesta oficial del Gobierno español a la intervención de Aerolíneas fue tan raquítica como "confiar en poder alcanzar una solución negociada" y ahí empezó a desencadenarse todo el problema que hoy se ha convertido en un drama. Zapatero tenía la prioridad de que España participara en la cumbre del G-20, en marzo de 2009, y fue entonces cuando los dueños de Marsans supieron que poco debían esperar del Gobierno de Zapatero. Las piezas del dominó empezaban a derrumbarse

A partir de entonces, todo cambió y a partir de ahora no cabe otra posibilidad que buscar otro presidente de la CEOE que ofrezca otra imagen y transmita otro grado de confianza y credibilidad de lo que debería ser el empresario español. Ya no valen posiciones unánimes, tan tribales como ridículas, de los empresarios presentes en la cúpula de la organización. Las quinielas han empezado a funcionar.

Tendencias es una publicación on line de análisis socioeconómico de periodicidad semanal y de carácter restringido que edita Carlos Díaz Güell.