UN BANCO EN EL RETIRO
El Instituto Ramiro de Maeztu se regocija con Ibermúsica
Un homenaje a Alfonso Aijón, ilustre alumno del Ramiro de Maeztu, por su contribución excelsa a la difusión de la música clásica en España -Ibermúsica es obra suya, rabiosamente propia-, me ha permitido mirar a través de una estratégica ventana en el interior del instituto. Pulcritud, devoción por la música: niños de 10 o 12 años emocionados ante el sonido del piano y el violín. Manuel Carrasco, compositor español, quizá el primero entre los mejores, correspondía al homenaje con un popurrí "Del Barroco al Flamenco". Carrasco (piano), Ara Malikan (violín), Antonio Lizana (saxo), y Adriano Ozores (guitarra) arrebataron a chicos y chicas, a jovencísimos intérpretes de flauta, clarinete, piano, violín, a toda la coral y algunos bastantes mas que allí fuimos congregados junto a profesores y familiares.
Emoción incontenida. El auditorio puesto en pie. ¡Bravos! Desde una zarda original de Carrasco hasta un homenaje a la música popular de García-Lorca pasando por otro homenaje al homenajeado Alfonso Aijon, de titulo "Cantabria", donde entre el mar y la montaña tiene su escondrijo, hasta un final de improvisadas y vibrantes bulerías. Alborozo sin límites como juvenil resplandor a una inculturización musical en la que se ve el trabajo duro y selectivo del profesorado del Ramiro. Actitudes musicales despertadas, que aplaudiría con entusiasmo el propio Ramiro de Maeztu, confirmaban el carácter esencial de la segunda enseñanza, ESO y Bachillerato (Manuel Mindán "Historia del Instituto...").
El "Ramiro", continuación del Instituto Escuela, fue un reto con el que limpiar aquel oprobio que significó -corría el año de 1923- el rechazo de la Liga de la Naciones al reconocimiento del Bachillerato Español para ingresar en las universidades europeas. Eran aquellos también tiempos de globalización de amplias miras culturales previos a los estragos de los nacionalismos y totalitarismos que oscurecieron Europa, pero nuestro bachillerato era, al parecer una antigualla. Unos planes de estudio irracionales impropios para cualquier desarrollo intelectual.
El concierto de Navidad terminó con un recital de villancicos en inglés, euskera, gallego (un accidente nos privó del catalán) y castellano de aquí y también de la otra orilla. El coro inicialmente programado para participar en un concurso en el ayuntamiento de la Villa declinó su asistencia. No le permitían ningún villancico en inglés (¿no propugnan nuestras autoridades el bilingüismo; se trata de otro desencuentro autonomía municipio. Si o no. Sigo insistiendo en la propuesta de un buen amigo que suscribe: área metropolitana sin fronteras autonómicas y municipales, mas cabeza y menos despilfarro?). El coro maravilloso. Ahora es Aijón puesto en pie quien aplaude y me dice por lo bajo: "esto no lo conseguimos entonces".
Entonces... cuando Alfonso Aijón y otros 69 condiscípulos terminamos el curso en 1949-50, sólo uno no aprobó el temido Examen de Estado. Un récord frente a colegios privados, religiosos o seglares. Más de uno de aquellos 70 se matriculó en universidades europeas o norteamericanas, pero también más de uno, Aijon entre ellos, acabaron exiliándose de una España obstinadamente contraria a las libertades políticas y culturales.
Regreso a mi banco del retiro. Me suenan en los oídos inquietantes comentarios y quejas de quienes rechazan llevar a sus pupilos a los institutos públicos. Indisciplina, confusión étnica, bajo nivel de enseñanza. Un sin fin de inconvenientes que anulan la educación de ese pupilo hispánico. Resuena entonces más fuerte la música recién escuchada, un lenguaje libre y universal bien contrario a las adormideras de los excesos ínternáuticos, al consumo de sustancias o al pijerío de las ropitas. ¿Es acaso el Ramiro un caso rabiosamente singular o una muestra más de la dedicación de los profesionales a la hora de anclar emocional y socialmente alumnos residentes en España en la compleja y fascinante red de la cultura?